A Mariña condena los atentados y se solidariza con las víctimas

Mariñanos, turistas, policías, sindicalistas y políticos salen a la calle contra la barbarie

i. díaz j. michelena
viveiro / la voz

A Mariña se sumó ayer al clamor que condena el doble atentado yihadista, primero en Las Ramblas de Barcelona y después en Cambrils, y se solidariza con las víctimas de esa barbarie. Mariñanos, turistas, empresarios, policías, sindicalistas y políticos expresaron ayer su repulsa contra unos actos terroristas que han conmocionado al mundo.

Se sucedieron las concentraciones en silencio ante prácticamente todas las casas consistoriales, como, por ejemplo, las de Ribadeo, Barreiros, Foz, Burela, Cervo, Lourenzá o Viveiro, actos simbólicos en los que se guardó silencio. En señal de duelo por las víctimas de los atentados, en el Concello de Barreiros las banderas ondean a media asta. Mediante una comunicación oficial en lengua gallega y en catalán, Ana Martínez, alcaldesa en funciones de Ribadeo, transmitió las condolencias de todos los ribadenses a la regidora catalana Ada Colau y a «todo o pobo de Barcelona».

Entre otros actos solidarios que han trascendido, el que se celebró ante la Comisaría de Policía Nacional de Viveiro.

CIG, UGT, CC.OO, CSIF y APC, los sindicatos representados en el comité de empresa de Alcoa en San Cibrao, también transmitieron públicamente su condena «contundente e unánime o brutal atentado», así como su «apoio incondicional e solidariedade, tanto ás vítimas coma as súas familias». Por lo que expresan los vecinos en la calle, esos sentimientos los comparte toda A Mariña.

«Librei de milagre; ía saír facer a compra, pero quedei na casa»

Josefina Eiroá, alfocense que reside en Vía Laietana, muy cerca de las Ramblas: «Librei de milagro; ía saír facer a compra pero non me apetecía e quedeime na casa». Ese día, ante los avisos de nuevos atentados, no salió. Respondió las llamadas de familiares y amigos.

«La ciudad está apagada, no se ve gente, muchos negocios ni abrieron...»

Judit Balsa, viveirense de 22 años, estaba en el gimnasio donde trabaja: «Está lejos, pero nos llegaron vídeos rápido. Los ojos se me ponían llorosos por la impresión, es a siete paradas de metro». Ahora, quiere volver a la normalidad: «La ciudad está apagada, no se ve gente en las calles, muchos negocios ni abrieron...».

«No sabíamos muy bien qué pasaba, todo era muy caótico»

Marco Polo, natural de Xove, se encontraba en el bar donde trabaja: «Estábamos atendiendo a la clientela cuando nos alertaron de la situación. Al principio no sabíamos bien qué pasaba, todo era muy caótico». Al salir del trabajo, a las 21.30 horas, la ciudad estaba desierta y copada por patrullas policiales.

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