Cita en Burela con la cultura eficiente

Opinión


Aprendí que la eficiencia supone: máximo rendimiento, al menor coste posible, con

gran número de usuarios satisfechos. Esta académica definición se traduce al román paladino nada más contemplar lo que acontece en Burela, gracias a José Díaz y Alfredo Llano, ambos mis amigos, mis cómplices, mis compañeros en la utopía de comprometerse para construir una sociedad: libre, justa, en la que quepamos todos, sin violencia y con la curiosidad de buscar nuestras raíces como pueblo orgulloso.

Me sucede en este jueves tórrido agosteño que estimula la melanina de las pieles blancas o nuestro moreno natural mariñano.

Un pianista doctor por la Facultad de Geografía e Historia de una Universidad del Mediterráneo, presenta un trabajo sorprendentemente hermoso. De las 1.096 campanas que desde las Catedrales Ibéricas tañen con sus sonidos calles, plazas, monumentos civiles y barrios urbanitas, ha elegido 855 que se corresponden con 91 basílicas -recordemos que tales pertenecen al pueblo y la Iglesia sólo es administradora para el patrimonio de la humanidad- Este estudio doctoral nos hace recordar que estamos ante instrumentos musicales a base de cinco notas, con las que nos despertamos, paseamos, soñamos, lloramos...

Amarte

Tras lo que antecede me voy al puerto de Burela. Esta vez la causa no será la flota bonitera. En el paredón que protege el muelle de atraque de las vicisitudes de la mar Cantábrica, diez artistas seleccionados previamente, emprenderán la aventura consistente en pintar murales para darle vida a la piedra.

Me recuerda lo que hizo mi amigo el gran artista vasco Agustín Ibarrola en el muelle de Llanes dejando para siempre lo que se conoce como «Cubos de la memoria». Sin duda será un espectáculo entre la mar y el viento, y otra manera de plasmar el alma de nuestra Galicia. Ruth Matilda Andersón lo hizo con la mirada a través de su cámara para fotografiar y estos artistas plásticos lo harán con la pintura. Nosotros lo contemplaremos, hoy, mañana, siempre...

 

Amarte Burela 2017 es otra iniciativa más donde el coste económico resulta mucho más productivo que traer a uno de esos monstruos del espectáculo musical donde mucho más importante que los artistas del pentagrama son los técnicos en esos efectos especiales alienantes, como los teléfonos móviles y similares, que han conseguido apresar la voluntad de nuestros jóvenes a unas redes sociales de infernales contenidos y rústico lenguaje. Por cierto, hace unos días -¡pobre de mí!- intentaba encontrar en un anticuario de Ribadeo prensa antigua o epistolarios...

Está visto que yo soy restos de un mundo que se quedó dormido junto a la mar escuchando las campanas de Santa María de Lieiro.

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