Los hermanos Casabella, Dionisio Balseiro y otros prestamistas de Viveiro en Cuba

En 1957, había 36 casas de préstamos de la zona en la isla


A partir de la independencia de Cuba, la actividad crediticia y de préstamos -que antes era propia de emigrantes catalanes- quedó mayoritariamente en manos gallegas. En aquella sociedad alegre, bohemia y confiada, muchos paisanos ofrecían anticipos, a cuenta de bienes empeñados, en sus casas especializadas o en comercios de venta de joyas, antigüedades y muebles.

En 1957, de las principales casas de préstamos de La Habana 36 eran de emigrantes de Viveiro, Terra Chá y As Pontes. Sus dueños compatibilizaban esa ocupación con cargos directivos en las sociedades de emigrantes. Ganaron mucho dinero pero, a la mayoría, Fidel Castro les confiscó sus bienes y retornaron a España o huyeron a Miami y otros países.

Los hermanos Casabella Pernas, Antonio y Alvaro, por ejemplo, gozaron de gran prestigio y fortuna pero se quedaron sin nada a partir de la Ley Nacionalizadora de 1962, según recoge Monge Muley en su obra sobre españoles en Cuba. Eran hijos de Francisco y Josefa, nacieron en Viveiro en 1895 y 1905, respectivamente, y emigraron a Cuba a los 18 años.

En 1926, Antonio se asoció con el gallego Antonio Pardo en el negocio La Numancia y, tras la retirada de éste, creó Casabella y Hermano en la calle Aguila 519. El establecimiento gozaba de gran renombre en el sector de la joyería fina, relojería, brillantes y objetos de arte y ofrecía créditos y adelantos.

Al tiempo que desarrollaban esa actividad, los Casabella fueron directivos de Vivero y su Comarca, el Centro Gallego, la Sociedad de Beneficiencia Naturales de Galicia y la Unión Comercial de Casas de Préstamos de Cuba.

Cuatro edificios y un solar

Los dos se nacionalizaron y casaron en la isla. Alvaro lo hizo con la cubana de padre asturiano Silvia García Picaza. Hizo fortuna. Tenía cuatro edificios de apartamentos y un solar en Miramar dónde pensaba construir un chalet. La llegada de Castro lo cambió todo y todo lo perdió. Tuvo dos hijas, Silvia y María Teresa quién, a sus 70 años, hoy es catedrática jubilada en Barcelona y reclama el patrimonio incautado.

Trayectoria similar fue la de Dionisio Balseiro Rubal (Valcarría, Viveiro, 1904), hijo de Ramón e Isabel. Arribó a Cuba en 1920 y en 1948 se casó con la cubana Luisa González Fernández.

Primero trabajó en una bodega y luego en diversas casas de préstamos y venta de joyas como La Equidad, La Confianza y La Esmeralda. En 1926 pasó a La Favorita y más tarde a La Villalbesa y La Internacional. En 1935 regresó a La Favorita como gerente y socio con su hermano José. Tras la muerte de éste en 1936 quedó como único dueño de un negocio que regentó hasta el fin de sus días.

Balseiro fue directivo de Vivero y su Comarca y de El Progreso de Lanzós, socio de Naturales de Galicia y del Centro Gallego y vocal de la poderosa Unión de Prestamistas de Cuba.

O Pote, del éxito al fracaso, de la cima al suicidio

A comienzos del siglo XX, los bancos eran cosa de catalanes -«los judíos españoles» fueron llamados- con el Banco Gelats, el J. Marimón o el Banco Español de la Isla de Cuba, según José Antonio Vidal.

Los gallegos entraron en el sector a partir de 1910 con Victoriano Barco, de Bastabales (Brión); Angel Barros (A Coruña), presidente del Banco Nacional de Cuba y del Centro Gallego; y, sobre todo, con José López, O Pote, un ourensán casi analfabeto que llegó a ser el hombre más rico de Cuba. Su historia ejemplifica, como ninguna, el éxito, el fracaso y la aventura de la emigración.

Nació en Maside en 1862 y emigró en 1880. Trabajó como dependiente y lo apodaron O Pote por su gran afición al caldo. En 1890 se casó con una rica viuda, Ana Luisa Serrano, heredera de La Moderna Poesía, la mejor librería de La Habana que él convirtió en un referente que le dio gran fama. Abrió un taller de impresión y fabricó sellos de correos.

Era intuitivo y apoyó la causa independentista. Se hizo amigo del general mambí José Miguel Gómez y le financió en 1907 la campaña electoral que lo llevaría a la Presidencia de Cuba. Entonces, logró contratos para imprimir billetes de la Lotería Nacional y para construir un puente de hierro sobre el río Almendares, aún hoy operativo.

Un capital de 194 millones

Ya rico, en 1912 se hizo con el Banco Nacional de Cuba que tenía 87 sucursales y era el de los españoles. Con él, pasó a disponer de un capital de 194 millones de dólares y 121 sucursales. Luego compró dos centrales azucareras en Matanzas y una fábrica de cemento. Y construyó el barrio de Miramar y su propio edificio, el primer rascacielos de Cuba.

Pero llegó 1920 y la quiebra bancaria llevó a suspender pagos al Banco Nacional. Y eso arruinó a miles de gallegos que le confiaran sus ahorros. Intentó remontar, indemnizar a algunos depositarios y conservar algún negocio. Pero el 17 de marzo de 1921 no resistió más y se ahorcó en la ducha de su casa, en el Vedado.

Había subido a la noria pobre y casi analfabeto, alcanzó la cima y se bajó de ella desnudo, arruinado, desconsolado… Ese fue su triste y solitario final.

Casas de empeño de José Rigueira, Puentes Ramos y otros emigrantes asociados a Vivero y su Comarca

Las principales casas de empeños de La Habana estaban en La Habana Vieja y Centro Habana, en las calles Neptuno, Belascoain, Animas, Consulado, San Rafael, San Miguel y Corrales. Muchos de sus propietarios eran de Viveiro y de Muras, aunque muchos de éstos asociados a Vivero y su Comarca.

De ahí era José Puentes Ramos, hijo de Pedro y Elvira, que emigró en 1922 y se nacionalizó cubano en 1939. Ocho años antes había comprado la joyería La Perla, fundada en 1880 por un familiar suyo, José Generoso Puentes, directivo de Vivero y su Comarca.

Puentes Ramos compró la joyería en sociedad con otro murés, Emilio Vázquez Cortiñas, y la rebautizó Puentes y Vázquez S.R.C. Tambien él fue directivo de Vivero en Cuba, del Centro Gallego, de la Beneficiencia y de la Asociación de Comerciantes de Muebles de La Habana.

Tambien era murés José Riguera Baamonde, hijo de Isidoro y Consuelo, nacido en 1899. Se casó en 1928 con Antonia Fernández Colosía, de Viveiro, y tuvo un hijo, José Antonio. Murió en Madrid en 1967. Desde su inicial empleo en la joyería La Perla siempre estuvo vinculado al gremio.

En 1923 se estableció por su cuenta y fundó La Casa Riguera, al frente de la que estuvo 30 años. Compaginó su profesión con la de prestamista y fue directivo del Centro Gallego, de Naturales de Galicia, de Unión Murense y de la Unión Comercial de Casas de Préstamos y Compraventa de Cuba.

De Muras eran también José Vidal Carballal (1907), comerciante de joyas y miembro del Centro Gallego y de Unión Murense. Y Tomás Penabad Gato, nacido en 1902, hijo de Manuel y Vicenta, que emigró en 1920 y fue directivo del Centro Gallego.

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