El niño que se llevó Lluciá de Ribadeo fue el famoso empresario Ángel Casal

De madre ribadense, nació en Ferrol, y el impostor indiano también lo dejó tirado, con lo que tuvo que espabilarse


Cuando Antoni Lluciá -el nombre real del impostor indiano Tomás Portolés- escapó de Ribadeo en 1916, dejó deudas y estafas y se llevó el corazón de Adelaida Caner Sánchez y a un rapaz de 14 años al que contratara en la villa para ser su «ayuda de cámara»...

Paraje Manso -en El genial impostor, publicado en La Comarca y en su libro Ribadensario- lo contó así: «rumboso y propinero, generoso sin arrogancias, El Rey del Cacao tomó a un muchacho de 14 años como Ayuda de Cámara _para no causar molestias al personal del hotel donde se hospedaba, decía_ y acabó por cogerle tal afecto que lo llevó con él a correr mundo».

Y el cronista que arriba firma -en La Voz del pasado 9 de octubre de 2016- cerraba su relato sobre la huida del niño con el apuesto estafador con estos interrogantes: «¿Qué habrá sido de ese niño?, ¿en qué se ocupó cuando lo detuvieron?, ¿tenía familia?, ¿cómo se llamaba?, ¿regresó alguna vez?, ¿se supo más de él?... Esas y otras preguntas flotan en el aire desde aquel día de 1916 en que ligó su vida a la del falso indiano. La respuesta está en el viento… O no».

Entonces, algo sabía. Pero no tenía la base para contarlo que hoy tiene. El rapaz se llamaba Angel Casal Casado y, tras ser concejal republicano en el Ayuntamiento de Sevilla de 1932 a 1936 y sufrir cárcel tras la guerra, fue el más importante empresario español del sector de bolsos, maletas, marroquinería y similares, conocido como El Rey de los Bolsos…

Había nacido en El Ferrol en 1901. Su padre, marino, trabajaba en el Arsenal y su madre era ribadense. Al jubilarase el padre en 1915, la familia se trasladó a vivir a Ribadeo donde tenían casa por herencia familiar.

Al poco de llegar, el joven Casal conoció a Lluciá, que se presentaba como «un potentado de Venezuela» rebautizado por los ribadenses como El Rey del Cacao. El propio Casal, ya anciano, lo recuerda así en una entrevista del diario ABC el 26 de septiembre de 1981:

«Me lo presentó un amigo de la familia. Para mí era un mirlo blanco porque, a cambio de cuidarle una motocicleta, me prometió llevarme a América, que era el sueño de todo gallego: hacer las Américas. En Ribadeo había una familia catalana. Una madre con sus cuatro hijas. Una de ellas se casó con el Rey del Cacao. Ellos fueron los que me ayudaron en mi primera etapa en Barcelona. Pero luego del casamiento, desaparecieron de mi vida y ¡adiós mi viaje a América y adiós mi Harley Davidson!...».

En realidad, el que lo llevó a Barcelona como «Ayuda de Cámara» fue Lluciá. Luego se les unió Adelaida, la hija de la catalana que el impostor había enamorado en Ribadeo antes de casarse con ella, viajar a San Sebastián y dejarla compuesta y sin blanca tras fugarse a Francia con sus joyas y su dinero… Al joven Casal también lo dejó tirado y no le quedó más remedio que espabilarse…

martinfvizoso@gmail.com

Un genio de la publicidad que en el franquismo mantuvo contactos con Giral y otros líderes de la República

Angel Casal perteneció a la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) y siempre fue fiel a la República. Mantuvo entrevistas y contactos con Giral, el presidente en el exilio, y con Manuel Jiménez, ex Ministro de Agricultura.

En 1946 colaboró en la fundación de la Alianza Republicana en Valencia y en 1950 organizó la reunión de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas en Sevilla. Jiménez se presentó en ella -según ABC_- así: «Vengo invitado por el amigo Casal y porque, como jefe de la minoría parlamentaria de la CEDA, yo había provocado una votación para saber si eramos monárquicos o republicanos y resultó que somos republicanos…».

Convivió bien con el franquismo y apoyó al Rey Juan Carlos a quién envió una participación de lotería con la dedicatoria «La Rey-pública no lo haría mejor».

Porque esa fue otra insólita faceta del famoso empresario: él mismo elaboraba los anuncios de sus negocios, llenos de retranca gallega y gracia sevillana, que hicieron furor. Fueron un hito en el marketing de postguerra analizado en 2004 en el libro Casal, el Rey de los Bolsos, 30 años de publicidad de los profesores Juan Rey, Rodríguez Centeno y Jorge F. Gómez.

Sus anuncios hacían ingeniosas alusiones a la actualidad, como el emitido en 1968 en Radio Sevilla basado en el La, la, la con el que Massiel ganó Eurovisión: «Yo canto a la mañana/ y no canto al ayer./ Canto a la clientela/ pues la quiero mecer./ Canto a las chicas-chicas/ que tienen que crecer/ porque canto a los bolsos/ que tengo que vender./ Hay cantos de sirena…/ del sereno también,/ si vendemos cantando/ eso es saber vender/ La-lalala-lalalá…».

«Rey de los bolsos» y más sevillano que la Giralda

El niño Casal era vivaracho y dicharachero y se colocó como como viajante en una empresa extranjera de abanicos y paraguas que tenía sucursal en Barcelona. Vendía por el este español y fue así como llegó a Andalucía. Con motivo de la Expo Iberoamericana de 1929, y al calor de su efímera prosperidad, fue contratado como encargado en el prestigioso comercio sevillano Casa Rubio.

Por esos días, conoció en el Centro Gallego a Consuelo Arias, hija de un gallego inspector de Hacienda, con la que se casó y tuvo seis hijos. Son ellos los que, con algún nieto, regentan su cadena de comercios que aún vende sus productos por España.

En 1930, con la ayuda de un cuñado, compró Abanicos Victoria, en la céntrica calle Sierpes. En 1932 lo rebautizó como Creaciones Casal y lo especializó en bolsos, maletas, marroquinería, artículos de viaje y similares. De 1932 a 1936 fue concejal en el Ayuntamiento de Sevilla y, al concluir la guerra, estuvo encarcelado durante breve tiempo.

Pronto quedó libre y, sin abjurar de su republicanismo confeso, hizo buenas migas con el nuevo regimen. A partir de 1940, compró nuevas tiendas: Bolsos Casal, en la calle Tetuán; El reino de los bolsos, en Sierpes; El Palacio de los bolsos, en Jovellanos; El Alcázar de los bolsos, en Sierpes 6; y El Salón de la Piel y los Plásticos, en la calle Rioja, así como una oficina de compras en Madrid.

Sus negocios fueron auténticos emblemas de Sevilla, alcanzaron mucho prestigio y por ellos pasaron las más destacadas personalidades que visitaron la ciudad, desde miembros de la realeza europa hasta toreros, artistas, futbolistas, empresarios o autoridades del Regimen.

Angel Casal encontró su hábitat perfecto en Sevilla donde fue todo un personaje, aficionado a los toros, bailarín de la Feria de Abril, cantaor en bares y tabernas de Triana… Hasta su muerte, en 1983, visitó cada año Galicia, Ferrol, Ribadeo… El escritor Antonio Burgos dijo de él que «era único y sevillanísimo este gallego, republicano y de derechas».

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