«En Francia o Italia traían mi cromo para firmar»

Cumplió el sueño de su infancia de llegar a profesionales, donde militó dos años en el Xacobeo


LUGO / LA VOZ

Alejandro Paleo tiene el honor de haber sido el primero ciclista de la provincia de Lugo que llegó al campo profesional. Fueron dos años, 2008 y 2009, en el Xacobeo Galicia que dirigía Álvaro Pino. Poder llegar a la élite no fue fácil, con momentos incluso de parones por falta de motivación, pero con el tiempo afirma que pudo cumplir un sueño, a pesar de los sacrificios.

-¿Cuándo comienza en bici?

-De niño, mi padre me sacaba a mí a y mis dos hermanas todos los domingos. Luego, cuando tienes tú círculo de amigos, íbamos en bici y acabamos en el Club Ciclista de Viveiro. Tenía 11 años. Me fui metiendo, otros lo dejaban, y como se me daba bien y me gustaba, continué.

-¿Seguía el ciclismo en la tele?

-No me perdía las vueltas, los duelos de Induráin, Pantani, Chiapucci, Ugrumov…

-El primer salto supongo que fue juveniles y amateur.

-Sí, en juveniles el entrenamiento es exigente, aunque lo compaginé con los estudios. Se me dieron bien varias carreras. En el Circuito Cántabro quedé cuarto, por detrás de Cobo. O en la Vuelta a la Sierra Norte, que ganó De la Fuente, yo quedé cuarto y Contador, séptimo. En esa época me llamó la selección española.

-¿Y el paso a amateur?

-Pues ahí no sé qué pasó, si fallé en planificación, la inexperiencia, entrené demasiado y en la primera carrera ya iba pasado de rosca. Recuerdo que en una Vuelta a Alicante estaba reventado y abandoné. Y ahí dije que lo dejaba. Se me bloqueó la cabeza, me faltó el ánimo. Estaba en clase, y pensar que tenía por delante 5 horas de entrenamiento. Buf. Si viviese en una zona con tradición ciclista quizás seguiría, pero dejé la bici, engordé y me dediqué a salir de marcha, como por despecho. Ahora, con el tiempo quizás si no hubiese parado, podría haber llegado más lejos y no haber cortado mi progresión.

-¿Cuándo decide regresar?

-Estuve dos años sin tocar la bici. Trabajé en Alcoa y comencé a salir con amigos de cicloturista, a hacer la Quebrantahuesos, y poco a poco me vi de nuevo bien, hasta que un día me di cuenta que estaba motivado y dejé el trabajo, me decían que estaba loco, e intenté volver al ciclismo. Con 21 años regreso como amateur. Fui con un equipo para correr en Portugal, y allí en una carrera me caí, con fisura en el cráneo, rotura de húmero, clavícula… 20 días en el hospital. Lo volví a intentar, y el segundo año me fui bien y me coge el Froiz.

-Y ahí llegan los éxitos.

-Sí, gané la Vuelta a A Coruña, corres casi como profesional, entrenábamos en paralelo con los del Xacobeo, con lo que tenía un equipo de referencia. Al final de temporada, un día me llamó Pino y entré en el Xacobeo.

-¿Cómo fue la llegada?

-Había un grupo humano extraordinario. Pasabas con ilusión. Me cuidé demasiado, solo era entrenar y descansar. Luego te das cuenta de que debería haberme relajado un poco, porque si no la mente se bloquea. En una, llegué a hacer 36.000 km.

-¿Cómo fue su primera carrera?

-Fue el Tour de Langkawi, en Malasia. Ya veías un nivel bueno y que se corría de otra manera. En amateur no se para en carrera, en profesionales hay fases más tranquilas, hasta que no se hace la fuga.

-¿Qué pruebas recuerda?

-Nunca fui a una gran vuelta, me quedé como primer reserva en un Giro. Corrí en Francia e Italia. Recuerdo que en estos países se vivía de una forma distinta que en España. Venían chavales con mi foto en cromos para que se la firmases. ¡Éramos ídolos!

-¿Tiene algún recuerdo especial de un compañero?

-Pues sí, en una vuelta que hicimos en Italia, iba entre los 20 primeros, y me acuerdo que pinché la bici y Ezequiel se paró y me dio la suya. Cuando llegué a casa le compré un detalle y se lo mandé. Me dijo que no tenía que comprar nada, que aquello lo hizo porque era un compañero.

-¿Y cómo fue el final?

-Me dijo Pino que no podía renovarme el contrato. Se iba casi la mitad de la plantilla. Pasé un tiempo de reflexión y me inscribí como amateur en el Muralla de Lugo para poder reengancharme en profesionales. Hice un gran año, pero al final de temporada el club no podía seguir en amateur y se acabó mi carrera. Eché un currículo y tuve la suerte de que me cogieron en Vestas.

Es inevitable hablar con Paleo sobre el dopaje, además en una época, la pasada década, en la que se dieron casos positivos sonados o que después se reconocieron. Ahí están los Rasmussen, Contador, Basso, Hamilton, Landis o Armstrong, además de las sospechas que recayeron sobre algunos ciclistas del Xacobeo.

-Vivió en directo el regreso de Lance Armstrong en el 2009.

-Fue en una Vuelta a Castilla y León. Aquello parecía el Tour, lleno de medios. Estaba Contador, Leipheimer. Fue tremendo.

-¿Que opinión tiene de Armstrong?

-Contradictoria. Sigue siendo un ídolo. Todo lo que hizo está muy mal, pero aunque otros hiciesen lo mismo, no ganarían las carreras que el ganó. Gestionó mal muchas cosas y coincidió todo en una época oscura para el ciclismo. Pero también creo que hasta que no se demuestre, no se puede desconfiar de los ciclistas. En mi época ya funcionaba el pasaporte biológico y estar localizado las 24 horas del día. Recuerdo una vez estar concentrado en Peña Trevinca y que me llamaron entrenado para ir a O Barco a pasar un control en una furgoneta, en malas condiciones, tras 5 horas de marcha, a 35 grados. Lo dejé constar todo en las alegaciones. Fue un control chapucero.

-¿Vio el dopaje en el ciclismo?

-No. En el Xacobeo, tanto el doctor Bastida como Pino nos dejaron claro que tolerancia cero, que a la mínima, nos expulsaban. Te metían miedo porque el equipo dependía de tus actos. Ahora, yo no digo que en el pelotón, por detrás, hubiese dopaje.

-¿Qué opinión tiene de Pino?

-Fue un referente y conmigo se portó muy bien. Sin él nunca llegaría ser profesional.

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