Un día inolvidable que acabó comiendo de pie con los reyes

DANIEL GAYOSO SANTALLA / LA VOZ

A MARIÑA

d.g.

Felipe VI y doña Letizia se mostraron muy asequibles, se prestaron a fotos y firmaron autógrafos

23 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

«No me voy a lavar la mano en una semana», comentaba un adolescente en Villanueva de Oscos, tras saludar a los reyes. Felipe VI y doña Letizia cumplieron en los Oscos el guion esperado, de una jornada distendida con la que se puso el punto final a la ceremonia de entrega de los premios de la Fundación Princesa de Asturias. Felipe VI y doña Letizia mostraron su cara más familiar y asequible, deteniéndose, con miradas y gestos cómplices (la reina estrechó en sus brazos a un niño) con los vecinos que se agolpaban en los tres pueblos.

Su visita y el premio otorgado ayer adquiere una especial dimensión en los Oscos, porque contribuye a romper su aislamiento, a promocionarlo como destino turístico rural. Porque los Oscos mostraron su mejor cara a los monarcas, en un día, eso sí, en el que el tiempo no acompañó y en el que hubo que echar mano de paraguas. Felipe VI conoció, según sus propias palabras, «esta comarca hermosa que habéis sabido proteger y conservar».

La primera parada fue en San Martín, donde los reyes saludaron a los vecinos y a los niños del centro rural agrupado, que les mostraron sus dibujos. Conocieron el imponente frontal del palacio de Los Guzmanes, departieron con vecinos que les enseñaron la mallega del trigo y del centeno y el viejo oficio del teitador. También visitaron el interior del cabildo de la parroquia de San Martín. La segunda parada fue Villanueva, donde saludaron a los vecinos y visitaron las ruinas del monasterio y su iglesia románica.

El último punto de la visita de los reyes fue Santalla. Recorrieron en pocos minutos la calle principal deteniéndose en un telar y en la fragua de un ferreiro austríaco. La reina se paró en varias ocasiones para saludar a los niños. Una niña con una diadema de princesa llamó la atención de doña Letizia, dedicándole unos segundos más que al resto. Tras los discursos oficiales, los reyes visitaron la iglesia de Santalla, vieron la alfombra floral elaborada por los lugareños y recorrieron el mercado artesanal.

Mientras tanto, los 650 vecinos que tenían invitación para acceder al polideportivo para comer tenían que estar ya pasando los arcos de seguridad. En total fueron cerca de mil invitados que degustaron tosta de pitu de caleya, lacón cocido, quesos de los Oscos, bollos preñados, empanada de bonito con pisto, tortilla de patata, brochetas de pulpo, salteado de setas con castañas y ternera asturiana. De poste, pudieron degustar requesón con avellanas y miel y el postre típico de la zona, las maravillas.