Nuestras mujeres emigrantes, olvidadas, invisibles y luchadoras

Ellas fueron las «viudas de vivos e de mortos», que cantó en su día la propia Rosalía de Castro

Cifran en 60.000 el número de mujeres gallegas que emigraron a Cuba, sobretodo de Lugo y Ourense.
Cifran en 60.000 el número de mujeres gallegas que emigraron a Cuba, sobretodo de Lugo y Ourense.

VIVEIRO / LA VOZ

Las mujeres son las grandes olvidadas de la emigración gallega. Primero fueron las que cantó Rosalía, las que esperaron por los esposos e hijos que se iban mientras ellas se hacían cargo de la casa y aguantaban de ella para que no se desbaratase el mundo construido. Despues, acompañaron lealmente la aventura migratoria de sus maridos. Y, finalmente, fueron protagonistas activas de la emigración cuando marcharon solas y, a veces, con hijos.

No fundaron instituciones ni ejercieron, en general, una gran vida social. No dejaron sonoros nombres para la historia. Pero la memoria individual y colectiva de los emigrantes saben de su labor anónima, incansable, imprescindible. De su trabajo invisible de luchadoras tenaces que, desde un segundo plano, realizaron un aporte fundamental a la economía doméstica.

En la primera gran oleada migratoria, entre 1880 y 1930, se fueron a América medio millón de gallegos. Al principio, las mujeres suponían apenas un 20% del total pues los países de acogida buscaban, sobre todo, mano de obra masculina. Pero a partir de la crisis mundial del año 1929, el porcentaje subió hasta el 40 ó 45%. A modo orientativo, baste decir que en los registros oficiales de los puertos gallegos figuran un total de 601 embarques de mujeres entre los meses de marzo, abril y mayo de 1915.

En esos años, Cuba era, por su auge económico, el destino preferido. Su población rondaba los 3 millones de habitantes y entre 1902 y 1925 un millón de españoles residieron allí. Un estudio del profesor cubano Julio César González Pagés cifra en 60.000 el número de mujeres gallegas acogidas por el país caribeño.

Al igual que sucedió en otros países, al llegar, sus principales ocupaciones fueron el servicio doméstico, como costureras, atendiendo porterías, en fábricas, comercios o almacenes, en panaderías, hoteles o en el campo. Incluso las que se quedaron en casa realizaban trabajos para afuera, lavando o planchando ropa o limpiando edificios.

Pero en Cuba, sobre todo, no todo para ellas significó coser y cantar? Vivieron largos años sin protección alguna, recibieron chanzas y burlas, y muchas fueron vilmente explotadas por tíos, conocidos o intermediarios de inmigrantes en el negocio de la prostitución.

De los expedientes históricos de penales cubanos creados para las mujeres a partir de 1909, el estudio de González Pagés recoge que, de más de 2.034 sentencias entre nacionales y extranjeras, la amplia mayoría corresponde a mujeres gallegas de entre 25 y 40 años sin empleo fijo y sin estudios, solteras y procedentes de las provincias de Lugo y Ourense.

Ellas, nuestras mujeres emigrantes, fueron sin duda las grandes olvidadas, invisibles entonces y ahora, pero nadie podrá negar: las grandes luchadoras.

«Viudas de vivos e de mortos»: ya lo cantó nuestra poeta grande, Rosalía.

crónica de mariñáns por martín fernández

Hijas de Galicia, la sociedad protectora que presidió Antonio Bouso, de Riotorto

Para defender, apoyar y asistir en Cuba a las mujeres gallegas que estaban en situación de desamparo y, a veces, de marginalidad, el colectivo emigrante constituyó en 1917 la sociedad Hijas de Galicia. Fue la mayor asociación del mundo de mujeres emigrantes. Hoy ya no existe como tal pero que continúa su modélico hospital aunque incautado por el regimen de Fidel Castro. Allí sigue, como un monumento puesto en pie a la solidaridad que ejercieron los gallegos por el mundo...

Muchas de ellas habían llegado solas o con niños pequeños. Analfabetas en muchos casos y sin recursos, trabajaban como sirvientas, en lo que podían o caían en la prostitución. Eran un especie de oveja negra de la emigración. Y hasta el poderoso y elitista Centro Gallego _en el periodo 1916-1919_ quiso ocultar su existencia y ahogar a la sociedad que naciera en 1912 con el nombre de Solidaridad Pontevedresa para acogerlas y que, cinco años despues, pasó a llamarse Hijas de Galicia.

Esta entidad, que llegó a contar con 58.000 mujeres asociadas, construyó en 1924 en el barrio de Luyanó el hospital Concepción Arenal. Era un edificio de 8 plantas con cinco salones quirúrgicos y diez salas de hospitalización de distintas especialidades. En él trabajaban 39 médicos. Atendían a diario a 206 asociadas y menores y entregaba medicamentos gratis. Para reposo de enfermos y lugar de ocio y recreo social, construyó tambien un balneario en la playa de Miramar. En los periodos 1942-1944 y 1946-1949, Hijas de Galicia tuvo como presidente a Antonio Bouso, un emigrante de Riotorto. Estaba casado con Manuela Alonso. El matrimonio emigrara a Cuba a principios del siglo XX y en 1909 tuvo un hijo, Antonio Bouso Alonso, que fue jefe de compras del sanatorio La Benéfica del Centro Gallego.

La dura historia de la presidenta de Hijas de Lorenzana

Una de las gallegas que nació en 1928 en el hospital de Hijas de Galicia fue Josefina Rodríguez Rodríguez, actual presidenta de la sociedad Hijos de Lorenzana en Cuba. Su vida resume la emigración y muestra el carácter tenaz y luchador de las mujeres gallegas. Su madre, María Rodríguez, fallecida en 1997, había emigrado a la isla con 21 años, sola. En Lourenzá había dejado a otra hija, Hilaria, nacida en 1922, a cargo de un tío pues su padre nunca quiso reconocerla.

Josefina y su madre trabajaron duro y consiguieron montar en su propia casa una pequeña lavandería con la que sobrevivieron. Hilaria, en Lourenzá, no hacía más que trabajar. Desde los 10 años fue sirvienta, se ocupó en una panadería y, con la mayoría de edad, marchó sola a Madrid para desempeñar tambien tareas domésticas en condiciones de , como ella recuerda...

En Madrid tuvo un novio con el que se iba a casar pero la Guerra Civil desbarató sus planes y nunca volvió a verlo. A su madre tampoco la había vuelto a ver desde muy niña y contactó con ella por carta. Supo así que tenía otra hermana, a la que no conocía, y decidió emigrar. El 4 de diciembre de 1949, en el vapor Magallanes, llegó a La Habana.

Y ese día _dice_ cambió su vida. Siguió como doméstica pero con buen trato y buenas condiciones. Primero con la familia de José Miragallas, propietario de la joyería La Ideal, y luego con la familia Sampedro, pariente de la saga cubana de los Gómez Mena.

Desde su llegada, la madre y sus dos hijas _una gallega, otra cubana_ siempre vivieron juntas. Participaron tan activamente en la vida societaria que hoy Josefina preside Hijos de Lorenzana en Cuba. A Hilaria ya la habían inscrito en esta sociedad y en Hijas de Galicia antes de que llegase... Y las tres fueron habituales usuarias del hospital Concepción Arenal y de su balneario en la playa de Miramar, en el barrio de Marianao.

Su vida resume la lucha de miles y miles de mujeres emigradas a América.

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