La batalla con 14 muertos en O Barqueiro fue el inicio de dos historias de amor

Amores singulares y de leyenda en Burela, Foz o Mondoñedo

El submarino «U-966» recibiendo una carga de profundidad.
El submarino «U-966» recibiendo una carga de profundidad.

El 10 de noviembre de 1943, en la Punta Maeda de la rí­a de O Barqueiro, pasada la Estaca de Bares, ya cerca de la playa de Esteiro, concluyó una cruenta batalla aéreo-naval de la 2ª Guerra Mundial que dejó 14 muertos. Y comenzaron, en cambio, al menos dos hermosas y apasionadas historias de amor. Ese día, el submarino alemán U-966 sufrió un ataque de varios aviones aliados que le provocaron el hundimiento. Tres tripulantes quedaron en la nave, cinco murieron en el mar y 42 sobrevivieron, rescatados por embarcaciones a remo de los vecinos.

El último avión en atacar el sumergible, un Liberator del escuadrón checoslovaco, fue, a su vez, alcanzado por las metralletas de tres Fockers alemanes que acudieron al SOS lanzado por la nave germana. El avión checo cayó al mar, tres millas más allá, y sus seis tripulantes, abrasados y deshechos, fueron rescatados por la motora San Francisco.

Los cinco marinos nazis y los seis pilotos del aviación aliado, todos ví­ctimas de ese combate, tras ser velados en el almacén de la Cofradía de Pescadores, fueron enterrados en el cementerio de O Barqueiro y llevados a hombros por los mismos marineros que los sacaran del mar. Los pesqueros Virgen de Covadonga, San Francisco y La Concha, de Bares; San Pedro, Virgen del Carmen y Gloria Teresa, de O Barqueiro; y Argentino, de Espasante recuperaron a los cadáveres y a los náufragos en una acción en la que, de uno u otro modo, participaron todos los vecinos de la comarca _desde Ortigueira a O Vicedo_ coordinados por el brigada Angel Castro y el Ayudante de Marina, Aquiles Vial.

Regreso

Acabada la guerra, el capitán del sumergible nazi, Eckehard Wolf, se casó y tuvo dos hijos. Años despues, regresó a O Barqueiro con su esposa, Anneliese, y repitió la visita muchos veranos. Tantos, que uno de los hijos de Wolf acabó enamorándose de una joven del lugar con la que hoy vive, felizmente casado, en Hamburgo. En 1978, el agradecido capitán falleció. Su última voluntad _su último acto de amor hacia esta tierra_ fue que sus cenizas fuesen arrojadas al mar, en el mismo lugar donde tuvo su hora alta aquel 10 de noviembre de 1943, en la Punta Maeda, pasada la Estaca, cerca de Esteiro.

Aún hoy, en O Barqueiro, se recuerda al gallardo comandante jugando al dominó en las tabernas del puerto, riendo con los amigos, bebiendo coñac. Y son muchos los que, al pasear por Bares, miran de soslayo hacia Punta Maeda. Allá las cenizas de un viejo marino, de apellido Wolf, avivan un pasado de fanatismo, guerra y muerte. Pero tambien son el vivo testimonio de que el amor, como decí­a Quevedo, es más fuerte, puede más que la muerte...

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