La vida exagerada del obispo Cos y Macho

Inspiró el personaje principal de «La Regenta» y fue obispo de Mondoñedo

Cos fue nombrado arzobispo de Santiago de Cuba. En la foto, la catedral.
Cos fue nombrado arzobispo de Santiago de Cuba. En la foto, la catedral.

Parodiando a Bryce Echenique, se podría hablar de la vida exagerada de José María Cos y Macho, obispo de Mondoñedo. Porque en ella hubo ambición, eficacia, arribismo y triunfo. Pero también conflictos, desdén y soledad. Pasó a la historia por una notable labor dentro de la Iglesia y, al tiempo, por haber inspirado a Clarín el personaje del Magistral de la Catedral de Oviedo, Don Fermín de Pas, en La Regenta, la novela más importante de la literatura española tras El Quijote. José María Cos y Macho nació en Cabuérniga (Cantabria) en 1838. Se ordenó sacerdote a los 24 años y tres después ya era canónigo de la Catedral de Oviedo. Estimulado por una madre severa y autoritaria, allí inició una carrera que lo llevaría a ser Arzobispo de Santiago de Cuba y Valladolid, al cardenalato y a Senador vitalicio del Reino de España.

Para lograrlo, sus sucesivos pasos siempre tuvieron un fondo político, al servicio de la Iglesia en tres campos: la propagación, enseñanza y asentamiento de la fe; la eficaz gestión del patrimonio; y el apoyo a las medidas de sus superiores. En Oviedo, por ejemplo, redactó un reglamento de catequesis que se extendió a toda España. Y en Mondoñedo, tras ser nombrado Obispo en 1886 _muchos dicen que para apartarlo de Oviedo tras el escándalo de la publicación de La Regenta_ amplió el Seminario con la construcción de un segundo piso, ejerció una gran labor pastoral y ganó a la Casa de Alba un litigio para nombrar párrocos en Ferrol. Sus buenas relaciones con la Curia y el Poder le sirvieron para ser nombrado en 1889 _a propuesta de María Cristina, la Reina Regente_ octavo Arzobispo de Santiago de Cuba. El cargo llevó aparejado el de Senador del Reino de España por esa provincia cubana y lo conservó, con carácter vitalicio, durante 28 años hasta su muerte en 1919.

A Roma, con 1.400 obreros

Cos y Macho solo permaneció en Cuba tres años. Nunca se adaptó al clima y sufrió la desafección de la burguesía local _ya claramente alineada con el independentismo que, seis años después, llevaría a la isla a separarse de España_ a pesar de sus esfuerzos y trabajos. Aún así, mantuvo su línea de actuación: combatió el concubinato extendido en todas las clases sociales, entregó a los Carmelitas la iglesia de Camagüey y reparó la catedral de Santiago, la capital de la provincia de Oriente.

A su regreso a España, con 54 años, fue responsable de la diócesis de Madrid-Alcalá en la que organizó la Acción Social Católica, ayudado por Antonio López, Marqués de Comillas, y creó el Seminario y la Escuela de Música. Con el marqués, organizó la peregrinación de 1.400 obreros madrileños a Roma para visitar, legitimar y apoyar al Papa León XIII, autor de la encíclica Rerum Novarum, la respuesta de la Iglesia a los convulsos movimientos obreros y sociales de finales del siglo XIX.

Por tan intensa y fructífera trayectoria fue nombrado en 1902 Arzobispo de Valladolid, ciudad en la que creó el asilo de huérfanos y fundó la Acción Católica, y luego elevado a Cardenal por Pio X. A la muerte de éste, participó en la elección de Benedicto XV.

Cos, que también era académico de la Historia y de las Bellas Artes y poseí­a la Gran Cruz del Mérito Militar, murió a los 81 años en Valladolid en cuya catedral, al fin, descansó.

Los amores de Ana Ozores y la censura

La Regenta fue escrita por Clarí­n entre 1884 y 1885. La acción transcurre en Vetusta, trasunto de Oviedo que, por entonces, rondaba los 18.000 habitantes. Su publicación supuso un gran escándalo por la crítica que hacía de una ciudad provinciana, una aristocracia decadente, un clero corrupto, unas damas hipócritas y unos partidos polí­ticos al servicio de sus dirigentes. Vetusta sintetiza la España de la Restauración.

En la novela hay cerca de cien personajes, la mayoría de ellos basados en personas reales y reconocibles de Oviedo. El gran protagonista, el Magistral de la Catedral, Don Fermí­n de Pas, está inspirado en el canónigo y luego Obispo de Mondoñedo, José María Cos y Macho. El entonces obispo ovetense, Ramón Martínez Vigil, censuró la novela con una dura pastoral en su contra que fue replicada por Clarín en la revista Madrid Cómico.

Refugio en el confesor

La obra relata la vida de Ana Ozores, la esposa del Regente, más joven que su marido, con quien se casó por conveniencia y que pasa su vida entre sus ilusiones y la soledad y el aburrimiento. Se refugia en su confesor, Fermí­n de Pas, cae en los brazos de un mediocre don Juan y acaba vencida, derrotada y marginada por una sociedad hipócrita.

Clarí­n describe al Magistral de la novela y al canónigo Cos y Macho de igual modo. Se trata de un hombre alto, fornido y musculado pues hacía gimnasia con pesas. De ojos verdes y mirada profunda, cabello negro y el don de la elocuencia. Un tipo inteligente y ambicioso, enérgico, elegante y autoritario.

A pesar de su carácter piadoso y ejemplar, tenía una legión de gente que lo admiraba y lo seguía en la vieja y clerical ciudad. Los dos tenían una madre dominante, dotes memorísticas y oratorias, preferencia por el catecismo de niñas y apellido de tres letras (Pas y Cos). Y ambos procedían de Cantabria. El propio Clarí­n escribió en El Imparcial de Madrid en noviembre de 1895: «Este Magistral está en parte tomado _para lo que tiene de sabio y elocuente, de hombre de cierta superioridad, en suma, no en otros aspectos_ de la realidad que ofrecía la brillante figura del Magistral de Oviedo, hoy Arzobispo de Madrid-Alcalá, señor Cos y Macho».

Y, ante el escándalo suscitado cuando se publicó y censuró la novela, en la carta que escribió al Obispo de Oviedo en mayo de 1885, se defendió así­: «Mi don Fermí­n de Pas, canónigo y profesor, no se parece a ningún señor canónigo de Oviedo, pues yo atribuyo a mi hijo imaginario unos vicios que aquí­ nadie tiene, un talento que tendrían muchos prebendados de aquí­, pero no en el agrado superior, casi de genio, que yo me complazco en atribuir al hijo de mi fantasía»...

El entonces obispo ovetense censuró la novela con una dura pastoral replicada por Clarín

Amplió el seminario y encargó la estatua al mindoniense Martínez Ínsua

En 1888, el Obispo de Mondoñedo, José María Cos y Macho, encargó al arquitecto provincial Nemesio Cobreros la ampliación del Seminario de Mondoñedo _el tercero en construirse en todo España_ que se quedaba pequeño ante tantas vocaciones. Se decidió para ello construir un segundo piso de las viejas instalaciones y colocar una estatua de la patrona, Santa Catalina, coronando el frontispicio de la fachada.

La estatua, de granito, mide dos metros y medio de alto y su autor fue el artista mindoniense Ramón Martínez Ínsua. De su instalación da cuenta la revista El Eco de Galicia, en su número 815 correspondiente a enero de 1889.

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