Una aventura de 1.475 kilómetros por la inmensidad de Mongolia

Dos meses en bicicleta por los legendarios dominios de Gengis Khan

La escasa huella humana obligó a Roberto Mateos y su compañera Raquel a ser autosuficientes.
La escasa huella humana obligó a Roberto Mateos y su compañera Raquel a ser autosuficientes.

VIVEIRO / LA VOZ

Roberto Mateos es castellano de Burgos, pero lleva nueve años en Viveiro enseñando educación física a los alumnos del IES Vilar Ponte. «Aquí he encontrado la paz en las aulas», afirma. Y en Viveiro planificó una ventura de dos meses por las legendarias tierras de Gengis Khan, que realizó en bicicleta el pasado verano con su compañera Raquel Domínguez, y que mañana compartirá en el teatro Pastor Díaz con los viveirenses, a beneficio de la Fundación SOS Iñaki Ochoa.

Una aventura en bicicleta de 1.475 kilómetros de la que destaca «la sensación de libertad», una inmensidad de territorio «sin rastro de huella humana en muchos kilómetros», y la «satisfacción de ver que eres autónomo en un medio tan diferente al occidental». Mateos, que ya tiene la vista en una nueva aventura por tierras de Irán, el altiplano boliviano y chileno o a la americana ruta 66, confiesa que su pasión por viajar nació con una primera escapada a Londres, con 17 años, donde trabajó en un hospital infantil. «Allí prendió la llama» que combina con su otra pasión, la bicicleta, y de la que deja testimonio en su página web, www. pedalea2.com.

Recorrer Mongolia era su objetivo desde que una lesión frustró el viaje previsto con unos amigos de Murcia en el 2002. Lo más complicado, «la logística». Y explica: «Tienes que ser autónomo durante dos meses», más teniendo en cuenta que Mongolia ocupa una superficie tres veces más grande que España, y que de sus tres millones de habitantes la mitad vive en la capital, Ulán Bator. «Puedes pasar horas sin llegar a un pueblo o tienda, por lo que tienes que llevar cocina y hasta repuestos para la bicicleta. Íbamos vendidos un poco en cuanto a la cartografía, y aunque allí conseguimos un mapa, creo que bueno, hay miles de pistas , y de hecho nos perdimos en dos ocasiones al principio, y hubo que esperar, ser paciente, a que apareciera alguien con un caballo, un pastor.. Y le mostrábamos el nombre en Mongol a donde queríamos ir».

Mateos explica que siguieron el consejo de un contacto holandés que tenían en Ulán Bator. «Nos recomendó buscar siempre gente, una yurta (vivienda tradicional), un poblado de madera, que no nos ocultáramos. Porque ellos están ahí, no sabes de dónde vienen. Fue un consejo importante, que buscáramos la protección de la gente».

Roberto Mateos profesor del IES Vilar Ponte de Viveiro

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