A sus órdenes, señor costas


Hay un paisano de San Ciprián que siempre dice: "Espera y pregunta al señor costas si se puede...". Pues tiene razón, últimamente a tal sujeto de derechos alguien le ha puesto en la cola de los que pueden y quieren recaudar para el Estado, y así lograr que las cuentas públicas le cuadren al señor Montoro y sus adláteres en comunidades y provincias.

Y es que han decidido multar a diestro y siniestro amparados por una legislación que dice: " son bienes de dominio público marítimo terrestre estatal... la ribera del mar y de las rías, lo que incluye las playas o zonas de depósito de materiales sueltos, tales como arenas, gravas y guijarros, incluyendo escarpes, bermas y dunas, estas últimas se incluirán hasta el límite que resulte necesario para garantizar la estabilidad de la playa y la defensa de la costa". Tales capacidades están presentes desde 1988 con diferentes modificaciones, la última en 2013.

Y uno se ve sorprendido por la noticia de una epidemia de multas a transeúntes por los dominios del señor costas en A Mariña, reciente, con fastuosos expedientes en los que pomposamente el tal señor costas habla de pliego de cargos, hechos imputados, infracción cometida y sanción.

Y es que de repente y a criterio de caleidoscopio del tal señor costas con domicilio en la ciudad de las murallas y del sacramento, hay que sacudir sanciones a quienes pisen, circulen o den un paseo por sus dominios. Lo que ya no sabría decir, si en su "justo criterio al servicio del bien común medio ambiental" incluye la ocupación de la costa por colmenas de cemento y cristal a inventario de la especulación inmobiliaria que han promovido el fenómeno denominado burbuja y que ha puesto a las entidades financieras de crédito social en la ruina.

Y es que de repente, cuando uno hace venta de un piso en edificio construido con todas las de la ley, en 1975, el Registro de la Propiedad le demandará que acuda al señor costas para que certifique si tal inmueble está afectado por sus dominios, en cuyo caso a uno se le queda cara de tonto y pregunta: ¿ A qué viene esto y que pasa con mi piso; lo van a derribar?. Esta última pregunta, choca con la impunidad aplicada a los constructores y Ayuntamientos que, permitieron en Concellos de A Mariña, edificar con licencia de obra dónde les salió a cuenta -patente de corso-. Incluso en Atalaya con indicios racionales de Castro Celta Marino, que hoy ha permitido al señor patrimonio sustituir al señor costas en la Isla de Punta Atalaya en San Ciprián.

Y viene mi duda existencial, inocente como la infancia. ¿Dónde está el señor costas cuando cada segundo sábado de agosto una multitud acude a la cita con A Maruxaina y acampa libre, desordenadamente y por las bravas en sus dominios de San Ciprián?. Claro que el señor costas debe ser cuñado del señor responsable para el cumplimiento de la ley contra el consumo de alcohol -tipo botellón a lo bestia- que legisló el Parlamento de Galicia y debería proteger la salud de los consumidores etílicos y de los sufridores habitantes de un pueblo de mar, anegado por las excretas mal olientes de los nuevos vikingos que acuden a la llamada del cuerno marino de una fiesta que un día tuvo raíces culturales y hoy es tan sólo: negocio de unos y desmadre de otros.

Mientras, que nadie importune al señor costas. Está pensando circunspectamente en cómo le da la gana de aplicar dicterios y sanciones en sus dominios. Es lo que se llaman, sanciones discrecionales...

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