Nostalgia de las pistas de baile

Varias generaciones de mariñanos se divirtieron en Seiramar y en Verxeles, salas viveirenses emblemáticas, hoy desaparecidas, para las que sigue sin atisbarse relevo


Cientos de parejas de viveirenses que hoy rondan los 80 años se conocieron en la pista de verano de la sala de fiestas Seiramar, en Covas, que funcionó como tal desde 1955, de la mano de Antonio Pérez Cociña, O Cariñés, un hombre muy trabajador y un empresario de éxito, que dedicó su vida al negocio ya iniciado de algún modo por su padre. Así lo cuentan personas próximas y clientes de todas las épocas, que recuerdan algunos de los grandes nombres que pasaron por el local, la primera sala de fiestas de A Mariña: Julio Iglesias, Los Brincos, Luis Aguilé, Los Tres Sudamericanos o Juan Pardo. «Aquí tocaron las mejores orquestas de Galicia y alguna de fuera», evocan los más veteranos.

A comienzos de los 70 Seiramar se transformó en discoteca, «con una decoración y un sonido únicos en Galicia, comparable a Joy Eslava (Madrid)», dicen los entendidos. Y hace un lustro, justo un año antes del fallecimiento de Pérez Cociña, llegó el cierre definitivo. Las instalaciones languidecen entre la añoranza de muchos. Poco antes, el 30 de agosto del 2003, desaparecía otra discoteca emblemática de Viveiro y la comarca, Verxeles. Con la construcción de la variante había comenzado a escribirse el adiós de este centro de ocio, que nació como sala de fiestas, igual que su competidora Seiramar. El inmueble acabó siendo derribado para levantar bloques de viviendas.

Laureano Míguez Salgueiro y Álvaro Mourelos alquilaron la sala Verxeles en 1981 y el 15 de abril de ese año, en vísperas de Semana Santa, inauguraron la última y larga etapa del local. Salgueiro pinchaba discos y Mourelos atendía la barra, hasta que en octubre de 1995 abandonó la sociedad para hacerse cargo de Seiramar. A partir de entonces Yolanda Martínez, la mujer de Salgueiro, dejó el guardarropa para trabajar detrás del mostrador, y se incorporó a la cabina José Rodríguez. Los dos hijos de la pareja que regentó durante casi un cuarto de siglo la discoteca Verxeles ayudaron desde siempre, en tareas diversas, según la edad, desde el ropero hasta la música.

Del cine a la pista de Verxeles

En Verxeles bailaron al menos cuatro generaciones de viveirenses [otros mariñanos, orteganos, ponteses...]. Los domingos, las parejas salían del cine e iban a la discoteca, a la hora de las lentas. La terraza de verano [en Navidades y en Semana Santa funcionaba con un toldo] se convirtió en referencia. En la primera época como discoteca [en la sala de fiestas ya habían actuado figuras de la canción] tocaron Obús, Tino Casal e Ilegales -«en este concierto estuvo a reventar, con gente a la entrada esperando», recuerda Martínez-. En la memoria quedan el sorteo de un Seat Panda, «que le tocó a un chico de Pénjamo», los concursos de baile y de habilidad, los playbacks, el maratón de baile, desfiles benéficos, el festival de música [cuando el Festival da Canción do Landro se interrumpió] o la fiesta La isla bonita, patrocinada por Ron Bacardi, que congregó a dos mil personas, poco después de la reforma acometida en 1987. A principios de los 90 recaló en Viveiro un equipo de 40 Principales y los artistas invitados, David Santisteban o Aviador Dro, acabaron en Verxeles firmando autógrafos. Mandaba la música española y, cuando venían los norteamericanos de la base de Estaca de Bares, sonaban también Michael Jackson o Salt and Pepper.

El día antes de la clausura, el 29 de agosto del 2003, el local abrió para celebrar una fiesta de despedida con los empleados, decenas a lo largo de 23 años. «Foi a nosa vida», sentencian Laureano y Yolanda, muy agradecidos a clientes, proveedores, personal y, de forma especial, a Jesús Novo, O Pesca, uno de los propietarios. Míguez Salgueiro había comenzado en este negocio en 1973, en la discoteca Las Sirenas, propiedad de su tío Guillermo. «Empecei de camareiro e acabei pinchando discos». Hasta finales de los 80, cuando emprendió la aventura con Álvaro Mourelos. Tras el cierre de Verxeles, Míguez Salgueiro se propuso reabrir Las Sirenas. «Estiven dous anos, ata que pechou, en 2005, para facer os apartamentos, e funcionou moi ben».

Atlanta y Pussy Cat

Por el camino también echaron el cierre Atlanta y Pussy Cat, las dos primeras discotecas (Seiramar y Verxeles nacieron como salas de fiestas) de Viveiro, creadas a comienzos de los 70. La última que se puso en marcha, en 1986, es Flora, en Area. Surgió como bar, dos décadas antes, y hoy es el único establecimiento abierto en Viveiro con categoría de discoteca.

«Chegamos a ser seis e agora só quedamos nós», constata Manuel Losada Novo, propietario del local, que se ha renovado para tratar de captar clientela más joven. «Non é fácil, o ambente baixou moito. Penso que se montaran unha discoteca grande funcionaría, anque Viveiro perdeu puxanza; antes, ata Ribadeo, non había nada, nos últimos anos naceros moitos locais en Burela, Ortigueira... E xente de Viveiro prefire irse fóra».

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