Los urólogos gallegos quieren operar el cáncer de próstata con un robot


Los urólogos gallegos pudieron comprobar ayer los avances en las técnicas para hacer operaciones de próstata. La última es la cirugía a través de robots. El médico hace la intervención de siempre -la prostatectomía radical: extirpar el órgano- pero a través de un ordenador, como si jugara en una videoconsola. Esos avances se antojan aún lejanos para Galicia. Los urólogos llevan tiempo reclamando al Servizo Galego de Saúde (Sergas) que compre máquinas que permitan mejorar las técnicas y hacer operaciones más rápidas y seguras.

Sin embargo, el robot Da Vinci es demasiado caro. Cuesta en torno a un millón de euros. De momento, los profesionales de la comunidad tienen que conformarse con verlo funcionar en una pantalla. La Sociedad Gallega de Urología celebró ayer en el Parador de Baiona sus jornadas quirúrgicas anuales. En ellas, vieron en directo varias operaciones: dos tenían lugar en el hospital vigués Meixoeiro y otra en la Clínica Virgen Blanca, de Bilbao.

Un gallego al otro lado

Mientras en el complejo vasco los cirujanos operaban con el robot, en el hospital gallego lo hacían con la técnica habitual, por laparoscopia. Y la diferencia no es menor: «Es una técnica más rápida y más segura», dice el presidente de la Sociedad Gallega de Urología, Juan Mata, también jefe de ese servicio en el Meixoeiro. Al otro lado de la pantalla había otro gallego. La señal vía satélite que llegaba desde Bilbao mostraba la prostatectomía que estaba siendo ejecutada por el cirujano Juan José Pereira (de Celanova), de la clínica privada Virgen Blanca.

En la pantalla se vio al cirujano gallego operando a una persona con cáncer de próstata. La cirugía se desarrolla con él sentado ante una pantalla y con unos mandos en las manos. Lo más parecido, para hacerse una idea, es imaginarse a alguien manejando una videoconsola, con un mando en cada mano. Con ellos controla un robot que introduce sus brazos en el cuerpo del paciente por una pequeña incisión. En la práctica, la parte física de la operación la ejecuta el robot, que es controlado por el cirujano.

Ya existían las operaciones laparoscópicas, una práctica habitual en los hospitales gallegos. Evitan tener que abrir a un paciente, ya que se introduce una pequeña cámara en su cuerpo para guiar los instrumentos quirúrgicos; pero es con visión bidimensional. Con el robot Da Vinci, la cámara tiene dos ópticas, lo que permite al profesional tener visión tridimensional y hacer de este modo operaciones más seguras.

Además, las pinzas del robot pueden rotar hasta 270 grados en todas las direcciones, algo que le resulta imposible a la mano humana y que da más posibilidades al cirujano.

Menos efectos secundarios

La técnica reduce los efectos secundarios de este tipo de intervenciones. Una prostatectomía radical consiste en extirpar la próstata. Se trata de un órgano situado entre la uretra y la vejiga que segrega un líquido que, unido a los espermatozoides, forma el semen. Al extirparla, es necesario unir la uretra con la vejiga de forma directa. Si la prostatectomía radical es con la técnica robótica, el cirujano puede preservar los nervios que rigen la función eréctil.

De esta forma, se reducen los problemas de incontinencia y de impotencia, muy asociados a las operaciones de próstata. De ahí que los urólogos gallegos aseguren que se trata de una intervención que mejora la calidad de vida del paciente.

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