El elevado coste del rescate dificulta que se lleve a cabo la operación


El hallazgo de estas dos fragatas se remonta a 2007, cuando cuatro buzos de la zona se encontraron con restos cuando realizaban una inmersión. Los cuatro regentan un club de pesca submarina, Figueras Actividades Acuáticas, y desde aquella han mostrado mucho interés en que se tomasen cartas en el asunto y se intentase recuperar los restos.

La incógnita es saber con exactitud el lugar en el que se encuentras los restos. Los cuatro protagonistas del hallazgo guardan el secreto bajo llave, para evitar posibles expolios.

«No queremos que nadie intente robar nada de lo que hay bajo el agua. Los cañones serían imposibles, porque pesan mucho, pero hay algunos restos que si es posible robar. Por eso pedimos una solución para recuperar ese cachito de historia que tenemos sumergido», afirma Francisco Javier Martínez, uno de los buzos.

Nada se sabe de la estructura de los barcos, que fue destruida a consecuencia de los múltiples temporales que desde el siglo XVIII han azotado la ría de Ribadeo, lo que si se sigue conservando, y bastante bien, es una gran cantidad de restos de cerámica y vajilla antigua y algunas bolas de los cañones.

Es una leyenda más de las muchas que circulan por ambas márgenes del estuario del Eo sobre naufragios y los tesoros que aún permanecen en el fondo del mar. El elevado coste económico para rescatar los restos seguirá acrecentando una leyenda que quizás nunca lleguemos a conocer.

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El elevado coste del rescate dificulta que se lleve a cabo la operación