Madera de carpinteros

A MARIÑA

El hijo es la tercera generación que sigue los pasos del abuelo, heredando el gusto y la afición por la ebanistería y a la vez el apodo familiar que pervive

30 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Sus vidas tienen cierto paralelismo. No en vano, al padre le llaman O Camilo y al hijo también. Quién fue el primero de la familia con este apodo resulta arduo: «¡Uf! vén de moitas xeneracións atrais». Son ebanistas-carpinteros, un oficio que, como todo en la vida, ha experimentado cambios de los que dan fe tanto el padre como el hijo, aunque ofreciendo perspectivas algo diferentes.

Manuel Pérez Varela (A Rigueira-Xove, 1947) aprendió a amarlo desde pequeño. Su padre, Antonio Pérez Casal, hijo de un panadero que emigró a Arxentina y retornó, se dedicó a la carpintería y de él aprendió lo que sería la espina dorsal del oficio, aunque completó su formación en la Escuela de Maestría de Viveiro. Allí ingresó tras un curso de preparación con el maestro Francisco Moisés Rivera Casás: «Era moi bo profesor e con carácter forte e esixente. A el había que estudarlle e se lle estudabas... entón, non había problema».

En la prensa provincial

A mediados de los 60 consiguió el título pero en plena realización del servicio militar, por el 65, su nombre fituró en la prensa provincial, como ahora, por su arte con la madera. Era entonces un joven alumno de la Escuela de Maestría Industrial y especialidad de ebanistería que ganó una medalla de plata por España en el XIV Concurso Internacional de Formación Profesional u Olimpíada del Trabajo celebrada en Glasgow y habiendo conseguido el año anterior el primer premio en el certamen nacional. Por este logro internacional, tras competir con jóvenes de Alemania, China, Inglaterra o Estados Unidos, sería recibido por el mismo Francisco Franco después. «En Glasgow todo se premiaba, a rapidez pero tamén o traballo final. O premio económico en sí era unha miseria», recuerda.

Desde niños

Tras relatar este capítulo personal (dice con media sonrisa que solo el llegar a la ciudad escocesa fue toda una odisea) recuerda que comenzó a los 12 años a trabajar la madera con su padre, sin dejar nunca, aunque este se lo pidió en una ocasión por razones familiares, los estudios que completaría en Lugo: «Aquí antes de xogar tiña que axudarlle a meu pai, soldáballe as barras da cinta, afiláballe as cuchillas, etc...»

«O taller de carpintería empezouse malamente, polo 52, pero fómolo transformando», apunta. La máquina de sierra que comprara su padre sigue funcionando allí. Alrededor de ella, entre herramientas y tablones descubrió también Antonio Pérez, el hijo de Manuel, qué quería ser de mayor: «O meu foi vocación, pero xa vén de raíz. Con 3 ou 4 anos andaba xogando entre as máquinas». Cursó delineación en Maestría en Viveiro, pero sin tener la opción de elegir carpintería: «Só había cursos con tableiro, non con madeira maciza. Dende o 92 estou traballando co meu pai», quien apunta que en sus años de formación «ibas á escola e competías cos compañeiros, a ver quen facía as pezas mellores». De hecho, muestra orgulloso la foto de una obra suya, una mesa de despacho que está en el IES María Sarmiento.

Añade Manuel Pérez que «antes todo o traballo era manual practicamente». «Pero cando empezaches xa había cepillo eléctrico, carro de furar... manual era o traballo do avó», interviene Antonio Pérez, quien agrega que hoy la carpintería como otros oficios se lleva a un ritmo distinto al de antes, pues el que paga apura más el trabajo: «Queremos seguir conservando o oficio pero o cliente é o que te vai levando». «Antes era máis traquilo o oficio», asiente su padre.

¿Y la crisis? «De momento non notamos nada. Nas empresas que sabemos facer portas, instalar unha cociña e máis facer un armario empotrado... se non fas unha cousa fas outra», dice el palo. En la carpintería O Camilo de Xove se trabaja sobre todo pino, castaño, roble y maderas de importación como teca o sapelly «cando antes o básico era o pino e o castaño». Bastantes años atrás los trabajos principales que se encargaban al carpintero eran puertas y ventanas. ¿Qué tarea es su predilecta? «Para mín -señala Antonio- cociñas, armarios, portas... Estamos preparando unha galería que vai á antigua e el -mira de reojo a su padre- está encantado». «A meu pai gústalle máis a parte do despiece -agrega- e a mín a montaxe».

La relación laboral entre padre e hijo, aseguran, «vai ben». ¿Su clave? «Olvidándote do traballo cando saes do taller», dice Antonio, «Ten que haber diálogo, acordo», continúa el padre. Antonio Pérez comenta al final que «na nosa profesión non hai moita xente preparada. Quero dicir que hai moita xente de colocadores pero de taller é da que non queda».

La vocación del benjamín

Sobre el más pequeño de la familia pregunto, ¿querrá se carpintero como su padre y su abuelo?: «Se vai coller a vocación non llo vou quitar... pero prefiriría que se dedicara a outras cousas», responde Antonio. Acaba este pequeño repaso a la vida. Apagan las luces. Cierran el taller. Atrás queda una nueva jornada demostrando en ebanistería y en carpintería lo bien que lo saben hacer, tanto el padre como el hijo.