Los misterios del castro de Coaña

Tres pruebas del Carbono 14 realizadas en un laboratorio de Florida logran acabar con una larga controversia: el origen del yacimiento es prerromano


El Principado anunció la noticia por todo lo alto. El interés estaba justificado. La investigación dirigida por la Consejería de Cultura y Turismo pretendía desvelar uno de los misterios del castro de Coaña y al acabar con la controversia sobre la datación del yacimiento. Y la prueba del Carbono 14 ha resultado concluyente: la ocupación del emblemático castro se sitúa al menos en el sigo IV antes de Cristo y, por lo tanto, es de origen prerromano.

Fue en torno a esta fecha cuando se construyó el primer edificio termal. Así lo desvela el Carbono 14, con un dato que resulta revelador y que, a juicio del Principado, pone fin a una de las principales discusiones en torno a la cultura castreña asturiana: el momento de datación del castro coañés, uno de los más emblemáticos de los poblados del noroeste peninsular.

El análisis de las muestras se realizó en los laboratorios de Beta Analytic, en Florida (Estados Unidos) y será objeto de una publicación en una revista científica. Las actuaciones arqueológicas en el yacimiento están dirigidas por el arqueólogo del Servicio de Patrimonio, Ángel Villa, en colaboración con el también arqueólogo Alfonso Menéndez Granda, responsable de los trabajos de campo en el yacimiento.

«A pesar de la dilatada historia de intervenciones arqueológicas en el yacimiento, nunca se habían procesado muestras orgánicas para su datación absoluta mediante el método del carbono 14. Aunque la intervención iniciada en Coaña tiene como objetivo principal el acondicionamiento y consolidación de un sector particularmente significativo de las ruinas, en este caso las saunas, esta intervención procura apurar los recursos disponibles para sumar a la mejora física del patrimonio asturiano datos de orden científico que mejoren y consoliden el conocimiento de nuestros yacimientos arqueológicos», señala el Principado. Para ello, la restauración de los edificios castreños ha venido precedida de una exhaustiva excavación arqueológica.

Las tres dataciones se corresponden con muestras tomadas en otros tantos puntos del conjunto.

Una de ellas se corresponde con restos del combustible empleado durante el último uso de uno de los edificios. Su datación (calibrada con un 95% de probabilidad entre el 10 a.C. al 140 d.C.) confirma que los centenarios edificios termales protohistóricos se mantuvieron en uso, aunque con reformas de cierta relevancia, hasta el abandono del poblado ya en época romana.

La segunda muestra procede de un horizonte estratigráfico asociado al momento de uso de los edificios. Su datación, calibrada con 95% de probabilidad, la sitúa entre el 410 a.C. y el 30 a.C.

Por último, la tercera muestra fue recuperada en la cabecera absidiada de uno de los edificios, fue un espacio utilizado como horno en las saunas de tipología más antigua y cuya antigüedad en otros poblados se remonta a comienzos del siglo IV a.C. en otros poblados. Se ha datado entre el 740 y el 380 a.C., con una fiabilidad del 95%.

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