Invasión de pañuelos en San Andrés de Teixido


Un día cualquiera hace cinco, seis o tal vez siete años -sobre la fecha exacta nadie se pone de acuerdo-, alguien decidió colgar un pañuelo de papel en un árbol próximo a la fuente de los tres caños de San Andrés de Teixido. Nadie en el pueblo sabe a ciencia cierta por qué lo hizo. Ni tampoco quién era ese peregrino. Pero lo que sí saben los vecinos es que otros muchos visitantes decidieron seguir su ejemplo. Y la devoción y el fervor fue cada vez a más, hasta el punto de que ahora las silveiras y los arbustos próximos a esa fuente están tapizados con decenas y decenas de clínex, bolsas y guantes de plástico y hasta hay quien ha visto algún pañal.

«Nunca tal cousa vin por aquí; iso é unha porcallada, pero onde vai o Tono aí van todos», dice Avelina, una vecina de 86 años que lleva desde los 23 viviendo en San Andrés. A pocos metros, una vendedora de rosquillas confirma sus palabras: «Moitos turistas nos preguntan polo significado de ese costume e nós lles dicimos a verdade: que iso non é unha tradición de San Andrés». Para ellas, los ritos de Teixido son otros: las famosas figuritas de pan pintadas de colores, la herba de namorar o la costumbre de lavarse con el agua de la fuente del santo para curar las verrugas y «outras feridas».

Sin embargo, el historiador Andrés Pena, uno de los máximos expertos en la historia del santuario de Teixido, cree que las vendedoras pueden estar en un error. «Tal vez no sea una costumbre propia de San Andrés, pero en Galicia, en la mayoría de los santuarios con fuentes, siempre existió la tradición de poner a enxogar o pano, que consistía en dejar colgado en las silveiras el pañuelo con el que uno se lavaba, porque el agua es capaz de purificar y al desprenderse de ese trozo de tela también se libraban de todo lo malo».

Por eso, mientras lo que para algunos vecinos y turistas no es más que «una porquería» y un «atentado ecológico», para el historiador es algo digno de preservar. «Lo que me parecería mal es que se dejara de hacer ese rito, porque daríamos la espalda a nuestra tradición», dice Pena Graña.

Aunque en su día puso carteles pidiendo que no se colgasen los pañuelos, el párroco del santuario, Vicente Bretal, también se inclina a favor de los peregrinos. «Hay cosas mucho más importantes que resolver, como, por ejemplo, que se invierta dinero para llevar agua potable a esa misma fuente de la que todo el mundo bebe», dice Bretal. «Desde fuera es muy fácil condenar -añade a renglón seguido-, pero lo que hacen los peregrinos no es más que expresar su fe». El debate está servido en San Andrés.

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