Crónica | Romaxe do Bo Xantar de Viveiro El gran carnaval viveirense de agosto echó a andar con buen pie y mejor sabor, con la degustación de decenas de kilos del sabroso cefalópodo, símbolo de la romería
26 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Con el pulpo queda oficialmente inaugurada la Romaxe do Bo Xantar, aunque haya quien lleve ya un par de días pernoctando en Naseiro. El gran carnaval del mes de agosto en Viveiro se trasladó ayer a las calles de la ciudad, con pandillas de jóvenes algo tambaleantes -uno de ellos lucía un pañal de talla extragrande, como única prenda-, a la caza de un buen disfraz para completar su particular armario exclusivo de la romería. Otros apuraban los encargos de comida, mientras algunos restaurantes reconocían la saturación de pedidos. Naseiro es el no va más. Una vez al año los viveirenses se mudan al valle del Landro, con coches atestados de trastos, neveras atiborradas de manjares... en fin, el avituallamiento de muchos equipos de incondicionales, devotos del jolgorio incontrolado y duradero (son cinco días, mínimo). Eso es Naseiro, el desmadre, la razón por la que muchos adolescentes ansían cumplir años y emanciparse por unos días. Nadie duda del relevo generacional, que garantiza la perpetuidad de la Romaxe do Bo Xantar, que surgió probablemente de las comidas organizadas por el propietario de la fábrica de Barro, en la parroquia de Chavín, con sus trabajadores. Aquellos encuentros hace décadas que son historia. La presente se escribe con botellas de whisky y ginebra, refresco de cola y limón, y abundantes platos de cocido, callos o paella. Naseiro, ayer, era mucho pulpo. Y mucho ruido. Y muchos coches. Los nostálgicos añoran las mesas abiertas y la convivencia sin más. Hoy proliferan las casetas cerradas por plásticos y esta gran bacanal se divide en cientos de pequeños festines. Cada uno va a lo suyo, aunque las charangas preservan cierta unidad y confieren un aire antiguo, de otro tiempo, a este carnaval de verano. Reinan la desinhibición y el desenfreno, los tabúes desaparecen cuando uno salva los márgenes de este recinto, manda la libertad, cierta lujuria de vida, de aromas y sonidos que evocan otra fiesta, de otro año, otra vez en Naseiro. Es tal la saturnal que se monta que sólo acuden quienes resisten. Y a quienes faltan la romería les produce cierta pavor. Ayer, en Naseiro, se comieron cientos de kilos de pulpo, en muchos casos después de soportar colas de horas, como manda el ritual. Seguro que esta noche más de uno se ha lanzado al río Landro para reanimarse de tanta parranda.