La estela musical de una saga familiar

Crónica | Jazz en Viveiro con Manuel Amor Trío Manuel arrastra tras de si el legado familiar de más de setenta años de música vinculados al apellido Amor. Hoy llenará de jazz las calles de la pequeña ciudad en la que aprendió a tocar


m. g. b. | viveiro

Si algo ha dejado Viveiro por el mundo adelante han sido músicos. Manuel Amor es uno de los ejemplos vivos de una saga familiar que ha tejido su vida para y por la música. De casta le viene: primero el abuelo Manolo que fundó en las primeras décadas del siglo XX la Banda de los Tolinos; después su padre Ramón, alma mater de la orquesta Amor; hoy, Manuel Amor es el último reducto de esa saga de músicos. «La música la llevamos en el cuerpo, pero los hijos no quieren ser músicos. No hay la disciplina y el rigor que nos inculcó mi padre y que yo no supe transmitirles», explica. Ha vuelto a sus orígenes, ayer se escucharon sus versiones de los grandes del jazz en Celeiro; hoy, será en A Ribeira, en Viveiro, dentro del ciclo de Música na rúa.Cuando a mediados de la década de los sesenta desaparece la orquesta Amor, Manuel tiene 16 años. En compañía de su padre y sus hermanos hace bueno aquello que cantaba Sabina, «apenas vi que un ojo me guiñaba la vida, le pedí que a su antojo dispusiera de mi». Madrid es el nuevo escenario para esta familia de músicos. Año 1966. Forman la orquesta del Berlín Circus.Cabarets del mundoEl músico tiene alma de bohemio, no sabe de fronteras. «A partir de ahí París, Alemania, Marruecos... En aquél tiempo tocábamos en cabarets», recuerda. Después, sigue recordando Manuel, cinco años con Rocío Dúrcal; tres con Lola Flores; más tarde Armando Manzanedo, la orquesta de Ray Charles... Hoy, de nuevo en Madrid, en un club de jazz y preparando un CD de música celta.«Mis hermanos y yo tocábamos en la orquesta de mi padre desde los ocho años, cuando los músicos que tocaban en las fiestas comían en las casas de la gente del pueblo. Hoy, hacemos música de Chic Corea, de Stephan Grapelli, de Joe Venuti, distinto a lo de entonces, aunque es una música de minorías». Jazz en las cuerdas del violín que toca Manuel; la batería de Juan Silva y el piano de Carlos Rodríguez, los componentes del trío. Manuel Amor salta del ayer al hoy con una facilidad pasmosa. Recuerda cuando volvió a tocar en Viveiro con la orquesta Salsa Mandinga. Estar de nuevo aquí, asegura que le sienta «muy bien». Y habla de esa tradición musical que sigue viva en Viveiro. «El otro día vi la Banda de Viveiro por la televisión. Me gustó. Aunque no conozco al director tengo que felicitarlo porque sabe lo que tiene entre manos y está haciendo las cosas muy bien». Y otra vez la nostalgia. «En Viveiro hubo cinco orquestas y la banda... La de Exploradores, la Variedades, la de los Tolinos, la Amor, después Los Píndaros». Y de nuevo, la infancia: «Mi padre nos daba media hora para merendar, y después dos horas de música. Sin movernos»

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos

La estela musical de una saga familiar