«¡Hay un hombre grande, peludo y desnudo en mi cama!»

Recepcionistas de hoteles recuerdan situaciones curiosas con huéspedes


No hace falta irse al Gran Hotel Budapest de Wes Anderson para conocer las historias que guardan los recepcionistas de estos alojamientos. En Galicia, y sobre todo en verano, época en la que aumentan las estancias hoteleras, ocurren situaciones que rozan el surrealismo y que fácilmente valdrían para escribir un libro.

El intruso en la habitación

«¡Hay un hombre grande, peludo y desnudo en mi cama!». Ese mensaje se quedaría grabado en la mente de Javier Pérez. Este recepcionista se encontraba trabajando tranquilamente cuando un huésped, en mitad de la noche, se le acercó alterado y quejándose. «Le pregunté que quién era y en qué habitación estaba alojado», cuenta. Tras comprobar los datos, a Javier no le quedó otra que subir hasta el cuarto para comprobar que, efectivamente, sobre la cama de su cliente se encontraba un hombre con la descripción que había recibido minutos antes. Estaba totalmente dormido, por lo que tuvieron que despertarlo. «¡Era el huésped de la habitación de enfrente!», explica Javier, que no daba crédito. Pero tal y como descubrió poco después, se habían dado una serie de coincidencias que lo explicaban todo. El intruso estaba «muy borracho y, al levantarse para ir al baño, se equivocó de puerta y salió al pasillo del hotel». El verdadero huésped de la habitación, que también estaba «ligeramente achispado», había salido del cuarto dejando la puerta entreabierta, por la que el intruso «se coló». A continuación, «fue al baño y ya se tiró en la cama de esa habitación». Misterio resuelto, los problemas del recepcionista no se acabaron allí: «Tuve que preparar en mitad de la noche una habitación nueva para el huésped, ya que no podía dormir donde había estado ese hombre desnudo». Javier lo cuenta riéndose, pero asegura que esa noche el surrealismo de la situación le hizo pasar una velada de lo más pintoresca.

Unas mascotas exóticas

Rafael Otero es el dueño del Hotel A Tafona do Peregrino, en Santiago de Compostela. Un alojamiento céntrico y con visitantes de todo tipo, tanto humanos como animales. «Tuvimos unos huéspedes que cuando hicieron la reserva nos preguntaron si admitíamos mascotas. Les dijimos que sí», cuenta Rafael. Pero lo que menos se esperaba es que trajeran «pitones y arañas en táper». Sucedió hace ocho años durante la celebración de una feria medieval en la localidad. «Los huéspedes eran los dueños de los tenderetes y se traían a los animales con ellos», explica Otero. Pero por si esta rareza fuese poca, «no dejaban que entrase nadie en sus habitaciones, ni siquiera el servicio de limpieza». Los secretos que guardaban en el interior de los cuartos se quedaron con ellos .

Baños de vapor 

A veces, las prisas no son buenas. Eso es lo que les pasó al servicio del Hotel Altair, en Santiago. «Trabajábamos a contrarreloj para tener listo el hotel para el 24 de julio de hace unos años», cuenta Antonio Liñares, responsable de la estancia. «Íbamos muy justos de tiempo, tanto que trabajamos hasta la noche anterior a ese día, porque ya teníamos reservas de varios huéspedes. Nos costó, pero abrimos a tiempo», dice. Eso sí, no todo salió como les hubiera gustado. Rafael estaba en el mostrador de recepción cuando uno de los huéspedes de la habitación más exclusiva que tenían bajó a hablar con él: «Pues sí que es espectacular este hotel. Hasta el agua de la cisterna sale caliente», le dijo. Según explica Rafael, «los fontaneros, con las prisas, habían conectado la cisterna a la toma de la ducha, por lo que pulsabas y en el váter salía agua hirviendo con mucho vapor». Todo un lujo, desde luego.

Los veranos de Rajoy

Los pequeños detalles son la clave para entender esta historia. Lucía Amaro, recepcionista de Habitaciones Casa Alicia, en Pontevedra, se encontraba trabajando como un día cualquiera, cuando de pronto sonó el teléfono. «Me llamaban de un medio de comunicación. Querían saber si Mariano Rajoy iba a venir aquí este verano, que qué cosas solía hacer, que si era buena persona...», explica. Lucía, asombrada, pensó que se trataba de una broma. Por su hotel no había pasado nunca Rajoy, así que decidió seguirles el rollo y contestarles: «Me inventaba un poco las respuestas y no me aguantaba de la risa. De verdad pensaba que me estaban vacilando». Tras varios minutos de conversación, la dueña de Habitaciones Casa Alicia les preguntó que a dónde creían que estaban llamando: «¡Ellos lo que querían era hablar con A Casa de Alicia, una casa rural en Vilagarcía de Arousa! Allí sí que veraneaba Rajoy». Han pasado dos años desde que tuvo lugar esta anécdota, pero esta recepcionista no la olvidará nunca.

Una reserva telefónica muy romántica

Gestionar las reservas es el día a día de los recepcionistas, pero no todas acaban como la de Javier. Este joven no puede evitar reírse al recordar una de lo más inusual. «Me llamó por teléfono un cliente de origen indio. Quería una habitación», relata. Hasta aquí todo normal. Él, como siempre, procedió a tomarle los datos necesarios para tramitarla cuando, de pronto, un comentario del cliente lo pilló totalmente por sorpresa: «Tienes una voz muy bonita», le dijo. A Javier le pareció un piropo un tanto extraño para venir de un cliente, pero siguió con su trabajo. Fueron varios los comentarios que el hombre le iba diciendo a lo largo de esta conversación telefónica en la que lo que más se escuchaba era a Javier tecleando en el ordenador. «Una vez le dije que la reserva ya estaba lista me repitió que le gustaba mucho mi voz y me dijo sin pensárselo dos veces: ‘¿Quieres casarte conmigo?’», dice el recepcionista.

La propuesta de matrimonio telefónica ya habría bastado para conformar una anécdota divertida, pero fue más allá. El cliente indio pensaba que Javier era una mujer y al descubrir que estaba equivocado «me dijo que cancelase la reserva, que entonces creía que sería mejor que se marchara a otro hotel». En menos de un segundo el hombre pasó del amor al odio hacia este recepcionista.

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