C.L.
ferrol / la voz

Parecía que la lluvia iba a dar una pequeña tregua antes de que la orquesta Pontevedra comenzase a tocar los primeros acordes del popular tema de Los Suaves Dolores se llamaba Lola, que abrió la sesión vermú de la fiesta de A Fraga en el municipio coruñés de As Pontes. Haciendo honor a la tradición y, aunque muchos ya habían teñido sus camisetas de color vino antes incluso de la subida del telón, la música marcó el inició oficial de la batalla. Calimocho, cerveza, agua, harina e incluso paja empezaron a caer sobre el público, al que no parecía preocuparle que volviese a llover y cada vez con más intensidad.

Mientras vasos, botellas, balones hinchables, sombreros e incluso alguna que otra camiseta volaban sobre los presentes, estos vibraban al son de los éxitos de la década de los 80 con los que la formación decidió abrir su actuación, aunque las versiones de Miguel Ríos y Mecano no tardaron mucho en ser sustituidas por algunos éxitos del momento, entremezclados con clásicos de la celebración como La Bomba de King África o Follow The Leader. Aunque, si hay un cántico que no puede falta cada 25 de julio en la Carballeira de Doña Rita es el de «Festa da Fraga, Festa Nacional», iniciado sobre el escenario y seguido a todo pulmón por todos los allí presentes.

«Esta es la mayor tradición de las fiestas de A Fraga y hay que venir sí o sí, nos da igual que llueva», comentaban Noela Calvo y Laura Formoso, dos amigas naturales de As Pontes para las que no existe un plan alternativo para celebrar el Día da Patria Galega. «Llevamos de fiesta en fiesta prácticamente desde el día del Carmen. Vamos a todo», explicaban. Manuel Ledo confesaba notar el paso de los años ya que «el cuerpo ya no aguanta como antes», tras tantos días de fiesta y «a veces se hace complicado pasar de la noche del 24 al 25», aunque seguía teniendo energía para bailar, cantar y sobre todo para ensuciarse.

A Fraga es, para algunos, la excusa perfecta para volver a la que fue su casa y reunirse con viejos amigos. «Antes vivíamos aquí en As Pontes y ahora venimos solo para las fiestas porque la verdad es que nos encanta.», explica Cintia Bernerski, que sigue viniendo cada año incluso ahora que vive en Burela. Sin embargo, no se trata de una tradición solo para los locales, sino que entre el público no es difícil encontrar gente venida de los municipios cercanos, como es el caso de Lucía Leiva, de San Sadurniño, o Marta Rivas, de Narón. «Nos gusta mucho», comentaban las amigas con las caras teñidas de rosa, ya que en su caso, prefirieron sustituir la harina por polvos de colores. «Yo es la segunda vez que vengo y ya la otra vez me lo pasé muy bien», añadía Leiva.

Jóvenes, mayores e incluso niños acuden cada año a la cita que pone fin a más de una semana de fiestas en el municipio, ataviados con los más estrambóticos disfraces, en bañador o con ropa deportiva. Cualquier cosa es buena siempre y cuando no te importe mancharla y, como manda la tradición, limpiarla después dándote un refrescante baño en el río al terminar el concierto.

Aunque para los allí presentes la lluvia no fuese un inconveniente, el mal tiempo se hizo notar en la asistencia, pues el evento no estuvo tan masificado como en ediciones anteriores. Los festejos de As Pontes terminaron anoche con la actuación del grupo Los Inhumanos y, para los que aún tenía ganas de fiesta, con la verbena, que también corrió a cargo de la Orquesta Pontevedra.

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Abarrote en la batalla de vino y harina de A Fraga