Agua para todos en la fiesta más democrática

Miles de personas volvieron a mojarse en Vilagarcía con una húmeda sonrisa


Imaginen una enorme discoteca, en la que cada barra pone su propia música y sus camareros tienen la manguera del agua y el barril de las cañas dispuestos a mojar por dentro y por fuera a quien quiera. Una discoteca inmensa. Con ambientes para todos los gustos y un buen rollo que contagia. Básicamente eso es la Festa da Auga de Vilagarcía. La fiesta más democrática del mundo. Una fiesta de la que todo el mundo puede participar porque para ser partícipe solamente hace falta ganas de pasarlo bien. Y tiene premio: a quien se moja se le dibuja una sonrisa de la que ya no separa hasta que llega la ducha varias horas después.

Muchas sonrisas se dibujaron ayer en Vilagarcía. Decenas de miles de sonrisas porque la Festa da Auga volvió a erigirse como uno de los acontecimientos más multitudinarios del verano galaico. Dicen los que lo vivieron su versión nocturna, un macrobotellón que tiene en la zona portuaria y en las playas de A Concha-Compostela sus lugares de reunión, que tuvo en esta ocasión menos usuarios de los de costumbre. Sucede que el 16 de agosto por esos caprichos del calendario cayó en pleno jueves, y ya sabemos que lo mejor que pasó en ese día de la semana fueron los conciertos de La Mandrágora cuando Sabina era más asiduo de la puerta grande que de las espantás.

La noche no tuvo incidencias de especial gravedad, pero la mañana se desperezó con un desagradable incidente. Una joven se dirigió al Punto Lila para denunciar una agresión sexual.

Fueron dos representantes de la asociación O Soño de Lilith quienes ejercieron como pregoneras para gritar que Vilagarcía es una ciudad feminista y reivindicativa. Lo hicieron subidas a una grúa, como es habitual, y después de que la procesión que acompañaba a la imagen de San Roque llegara hasta su capilla a los sones del pasodoble Triunfo. Es ese el toque religioso de una celebración que a partir de ese momento, en algunos casos incluso antes, es básicamente ya no pagana sino gamberra. Fue tirar las pregoneras el cubo de agua desde la grúa y se abrieron los cielos con miles de litros de agua salidos desde todos los sitios. Los balcones se convirtieron en los escenarios primigenios; luego tomaron el protagonismo los camiones de Protección Civil y, básicamente, cualquiera que tuviera una pistola de agua a mano. Para los más pequeños hasta había una zona de hinchables acuáticos. La juerga se prolongó hasta bien entrada la tarde. Mientras unos seguían bailando, los servicios de limpieza se dedicaban a lo suyo. Y lo hicieron muy bien, por cierto.

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