Nos vamos de fiesta... pero en bus

Los jóvenes gallegos ponen de moda este transporte para evitar sustos

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El transporte. El inoportuno invitado de cada fiesta, pero, a la vez, el imprescindible. Sobre todo, en verano, cuando crecen las ganas de disfrutar nuevas experiencias y, a consecuencia de ello, el mapa se ensancha. En Galicia, un paraíso para la troula, es raro que a ciertas horas el alcohol -siempre con moderación- no corra por las venas. Y ya se sabe que no es un buen compañero de viaje, que para eso se avisa con tanta insistencia.

A principios de este siglo se extendió el término lince para ese conductor que se benevoliza por los demás y se mantiene sobrio hasta que acaba la fiesta. «Un conductor cada noche», rezaba el lema de una de las campañas. No obstante, cada vez hay menos jóvenes que se prestan a dar este servicio a sus amigos. Y a partir de ahí fue de donde surgió la idea de la agencia de viajes asturiana Versity, cada vez con más calado en Galicia, adonde llegaron hace tres años.

La última gran fiesta en la que entraron de lleno fue, el pasado fin de semana, el Albariño. Al mediodía del sábado, desde varios puntos de Galicia, salieron fletados catorce autobuses hacia Cambados. En A Coruña, a las 14.30 horas, llegaron cinco al aparcamiento del estadio de Riazor. Allí estaban esperando casi dos centenares de jóvenes, que unos días antes habían sido introducidos en un grupo de WhatsApp por cada autobús. De esta manera, el staff de la empresa ya contaba con listados cerrados de cada transporte, para así controlar, con nombres y apellidos, que nadie se colara. El precio desde la ciudad herculina a Cambados fue de 15 euros.

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«Todo son ventajas»

En el interior se respiraba alegría, como si de una excursión del colegio se tratara, aunque con protagonistas algo más mayorcitos, casi todos veinteañeros. Con un colaborador de Versity para resolver las últimas dudas, quedó clara la hora de regreso: 5.30 horas, con un margen de un cuarto de hora.

«Veo sobre todo ventajas. No tienes que preocuparte de conducir, puedes disfrutar tranquilamente de la fiesta y ahorras en gasolina, porque las tarifas no son para nada caras», valora Rebeca Mengual, una de las usuarias del bus número 13 hacia el Albariño. En su opinión, los accidentes de tráfico por consumo de alcohol aumentaron mucho en los últimos años, por lo que «es una muy buena alternativa para evitarlos». En cuanto a las desventajas, solo apunta al hecho de «tener que adaptarse a los horarios que establecen».

De las misma forma piensa una de sus amigas, Marta González, que viajó en el mismo bus. «El evitar tener que desplazarse en coche y jugársela, porque al final siempre se acaba bebiendo, es una gran ventaja», comenta. En el apartado de los inconvenientes, también hace mención a las horas de salida y llegada, teniendo en cuenta que en Cambados fue «mucho tute», casi trece horas sin parar. «Aunque si compras el billete, ya sabes lo que hay y al final no importa tanto», añade esta usuaria.

Con ellas dos, desde A Coruña, también iba Jacobo Fariña, que apunta a otra ventaja: «Si se extiende su utilidad, se va a reducir el colapso de tráfico en las localidades donde sea la fiesta. Tanto en los accesos como en los aparcamientos, donde siempre hay problemas». Además, en este sentido, también apunta a «dejar el coche resguardado en casa y evitar estas multitudes». «Como sugerencia, quizás podrían hacer varias paradas en las ciudades de destino», dice.

«Estamos muy contentos»

¿Y qué dicen desde la empresa? «Estamos muy contentos, porque al final el perfil de fiesta de Galicia es muy similar al de Asturias y ha cuajado nuestra idea. Creemos que es cómodo, que te piensas menos lo de quedarte en casa y que, como dicen ellos, se reducen los riesgos», señala Sergio Clemente, uno de los tres socios de Versity, que cuenta con cinco empleados en plantilla y unos ochenta colaboradores en Galicia. La Festa da Auga, a punto de celebrarse, es la que más reclamo tiene, con buses que llegan incluso de fuera de la comunidad. Le sigue el Albariño, en el que este años transportaron a 700 personas. «Lo más complicado son los regresos, porque siempre hay alguno que se entretiene de más bebiendo o ligando, pero nunca hay problemas», apunta Sergio como anécdota. Eso sí, las vueltas son mucho más silenciosas que las idas, que ya hay que descansar para la siguiente.

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