Preparados, listos, vuelta a la rutina

Pasar de puntillas por el síndrome posvacacional no es misión imposible


Hoy muchos gallegos se han levantado con una sensación agridulce inconfundible, la que provoca saber que uno se encuentra en su último día de vacaciones. No hay despertador que apagar, pero casi es peor la angustia por volver al ajetreo laboral que el propio hecho de entrar por la puerta de la oficina. Varios estudios apuntan que el 30 % de los trabajadores sufren el conocido como síndrome posvacacional cuando se incorpora al trabajo, pero no está todo perdido. Está al alcance de cada uno empezar con buen pie el nuevo curso, y si uno se nota más cansado de lo habitual, ansioso o apático por la vuelta al trabajo, hay que consolarse con que «este malestar no suele durar más de dos semanas».

«La adaptación a la nueva situación, después de haber seguido otras rutinas, y más teniendo en cuenta que hemos estado realizando actividades placenteras, a algunos puede causarles problemas a la hora de volver a su vida diaria», explica la psicóloga Ana Hervada. Por eso, y pese a que el ser humano tiende a exprimir hasta el último instante los momentos de placer, es hora de tirar de raciocinio y volver a casa «unos días antes de incorporarnos a nuestro puesto de trabajo, también para ir tomando contacto con la realidad que nos acecha y que la baja productividad de los primeros días de trabajo se reduzca a la mínima expresión». Además, «es importante que una vez que nos incorporemos a nuestro puesto de trabajo comencemos a trabajar de forma gradual y no nos agobiemos, teniendo en cuenta que el rendimiento se irá incrementando progresivamente», apunta esta experta.

Pero si realmente uno teme que este mal se apodere de él ahora que la dura realidad está a un día de hacerse efectiva, hay que tomar nota de cara al año que viene. Un consejo que da Hervada es partir las vacaciones. «El proceso de adaptación suele ser más complejo cuando tenemos períodos vacacionales más largos. Por ello es aconsejable dividir los días de vacaciones en varios intervalos a lo largo del año».

En cuanto a si existe un tipo de perfil más propenso a sufrir los síntomas de este síndrome -que incluye estrés, falta de motivación, tristeza o trastornos del sueño-, la psicóloga aclara que, en principio, depende más de la actitud que del tipo de trabajo. «La personas más flexibles o que se adaptan mejor a los cambios lo llevarán mejor», aunque matiza: «También influye la motivación hacia el puesto de trabajo o la carencia de incentivos».

 Qué hacer los primeros días

1. Anticiparse con los horarios. Nada de estirar la última semana en la cama. Lo mejor para volver al trabajo de la manera menos lastimosa es comenzar a habituarse a los horarios laborales unos días antes. Incluido por la mañana.

2. Actividades lúdicas. «Es bueno realizar actividades divertidas y gratificantes durante la semana para no asociar los días laborables solo al trabajo», explica la psicóloga Ana Hervada.

3. Carga laboral «in crescendo». En la medida de lo posible es importante que el trabajador no se sumerja en una carga de trabajo inicialmente muy alta. «Es importante priorizar tareas y poder establecer un orden dentro de la planificación».

4. El trabajo, solo en la oficina. Los primeros días, por mucho agobio que le genere a uno la vuelta a la rutina, es importante no llevarse tareas para casa.

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