Diana reina 20 años después

El jueves se cumplen dos décadas de la muerte de la princesa del pueblo


La historia está plagada de mujeres que, detrás de una imagen cándida y dócil, perfectamente estudiada para lidiar con los estigmas sociales sin salir escaldadas, escondían sufrimiento y mucha ira vinculada a unas relaciones sentimentales del todo frustrantes. Fue el caso, entre otras, de la emperatriz Sissi, a finales del siglo XIX o, en los sesenta, de María Callas. Mientras que filias y fobias brotan a partes iguales con estas mujeres, una joven de Norfolk transformó estos sentimientos en empatía. Sus infortunios desde que entró en Buckingham fueron vividos como propios por cantidad de británicos, y hasta los que creían más firmemente en las regias normas de palacio se apiadaron alguna vez de Diana de Gales. No por nada, veinte años después de su muerte, sigue siendo la princesa del pueblo.

Muchas veces hay que estrujarse los sesos para recordar qué hacía uno en una determinada fecha. Pero hay acontecimientos que se quedan grabados a fuego, como el 23-F, el 11-S o el 11-M. O el trágico final de Lady Di. Su historia tenía todos los ingredientes para estar en la cresta de la ola de la crónica social por mucho tiempo, pero un desafortunado accidente de tráfico -sobre el que a día de hoy aún planea la sombra de diferentes teorías conspiratorias- truncó futuras portadas que narrarían casi en tiempo real la vida y obra de esta irreverente noble inglesa. Pero que creó la leyenda.

El jueves será la efeméride que dejó huérfanos de madre a los príncipes Guillermo y Enrique, que aquel 31 de agosto tenían 15 y 13 años, respectivamente. Ambos hermanos, ahora en la treintena, ven su sangre azul de diferentes tonalidades. Mientras el primogénito ha devuelto a los británicos la confianza en la monarquía con la idílica familia que ha formado junto a Catalina Middleton, a la que, por cierto, muchos atribuyen cierto parecido con Diana, Enrique prefiere vivir al límite de lo políticamente correcto, soltando en los últimos meses perlas como que nadie en su familia quiere el trono.

De momento, ningún miembro de la estirpe tiene que preocuparse por esta cuestión. Veinte años después de que Diana fuese el centro de sus pensamientos, la reina Isabel II se ha convertido en la monarca más longeva del mundo. Y aunque sufre achaques propios de sus 91 años, el matriarcado sigue tan perenne como siempre; sobre todo, porque lo que a priori le espera si abdica no es santo de su devoción. Es decir, su hijo Carlos y su nuera, Camilla Parker Bowles, al frente de Buckingham: los únicos que en el palacio comen perdices estos días de luto y recuerdo.

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