Un ¡sí, quiero! en todos los idiomas

El turismo de bodas gana adeptos en Galicia tras meses plagados de extranjeros que, sin vínculos con la comunidad, vienen, se casan y se van

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Hace tres veranos que Cecilia, la pequeña de la dinastía Hohenlohe, llegó a la iglesia de Torés, en As Nogais, subida en un carro tirado por vacas para hacer su primera comunión. El acontecimiento generó un polvorín de reacciones, ¿qué hacía una niña de alta alcurnia montada en unas reses? Pues lo cierto es que esta niña descendiente de la nobleza alemana no es la única que en los últimos años ha venido a Galicia ex profeso para celebrar un gran evento. De hecho, algunas fincas y pazos de la comunidad se nutren de bodas de foráneos que, embelesados por el entorno, la gastronomía y la arquitectura, no dudan en fletar aviones rumbo a Meis, Vilanova de Arousa o A Coruña y darse el sí, quiero, pero a la gallega.

«En nuestro caso, el 70 % de las bodas que celebramos son de novios de fuera de Galicia. Tenemos un carballo milenario que ha salido en multitud de publicaciones y que atrae a gente de todo el mundo. Hemos casado a parejas de Nueva York, de Londres... y de España, de un montón de sitios». En el Pazo de Cores, a menos de treinta kilómetros de Santiago, explican que están más que acostumbrados a recibir llamadas de todo el mundo, que entre otras cosas, muestran especial interés por las artes culinarias del lugar. «Nos suelen pedir un mix, platos que lleven comida tradicional de aquí con un guiño al lugar de origen de los novios. Sobre todo, quieren que el marisco sepa a mar, pero para no ofrecérselo a palo seco les damos un toque vanguardista», comentan los responsables del pazo. Algo similar sucede en el Pazo Señoráns (Pontevedra), donde con frecuencia se encuentran con recién casados e invitados que no habían probado nunca el marisco. ¿La solución? «Pulpo, que a todo el mundo le encanta; jamón; y algo de marisco, pero ya emplatado», apuntan fuentes del local.

En la finca Montesqueiro, en Oleiros, también saben lo que es lidiar con celebraciones para extranjeros. De hecho, el pasado 30 de diciembre, una pareja de londinenses, que contactó con este establecimiento a través de Internet, celebró una ceremonia al más puro estilo british -sombreros de copa y damas de honor incluidas- en un entorno sembrado de verdes jardines, olor a mar y... barra libre. «A la pareja le encantaba cómo celebramos aquí las bodas, con tanta comida y barra libre después de la cena, les parecía inconcebible. Además, se quedaron encantados, porque aunque tenemos salones estupendos para las bodas de invierno, a pesar de estar acabando el año la boda se pudo celebrar al aire libre», comenta Lucía Cidón, directora de Finca Montesqueiro.

Por el Pazo Baión pasan también miles de personas de todos los rincones del planeta a lo largo del año. Fascinados por la belleza de esta finca de Vilanova de Arousa, muchos extranjeros aprovechan las 22 hectáreas de viñedos del lugar para darle una vuelta de tuerca todavía más pronunciada a su boda. Que se lo digan sino al pianista chino Ernest So, que tras ofrecer un concierto en Cambados visitó la bodega y, enamorado del espacio, el año pasado volvía para casarse con su ahora esposa, Tammy Tang.

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