De furancho en furancho por las Rías Baixas

Comida tradicional, autenticidad y precios bajos, los atractivos de estos locales enxebres


Son espacios que definen perfectamente a Galicia. Nacieron con la finalidad de vender el excedente de la cosecha. Y acabaron convirtiéndose en un atractivo turístico por su carácter auténtico y sus módicos precios. Son los denominados furanchos, tabernas improvisadas en bodegas o domicilios particulares donde se combinan los mejores ingredientes de nuestra tierra. Comida casera y preparada al estilo tradicional, buen vino, naturaleza pura y propietarios campechanos que destacan por su amabilidad y cercanía.

Debido a la legislación, muchos de estos locales siguen desempeñando las labores de furancho, pero con licencia de restaurante. Todo para sortear la norma que, entre otras pautas, les obligaría a echar la llave en los meses más álgidos -los furanchos solo pueden estar abiertos desde febrero a junio-.

En estas casas particulares se viven experiencias de lo más enxebres bajo la parra, en un alpendre o en el interior de una bodega. La comida y el vino es 100% casero y la cantidad llega a límites insospechados. Tanto es así que muchos comensales van con tápers para llevar la comida sobrante y aprovecharla en la cena.

Aunque en algún municipio de la zona norte de Galicia también existe este tipo de casas particulares, donde en realidad proliferan son en rincones de las Rías Baixas. Desde Vigo hasta la comarca de O Salnés se pueden encontrar numerosos furanchos, todos ubicados en los espacios más emblemáticos.

Primera parada, Meis. En pleno corazón de O Salnés, aparece O Lagar do Raposo, un furancho regentado por Mari Carmen Reboredo. Lo trabaja junto a sus dos hijos y tres empleados. Es obligatorio para todo comensal probar el gallo de corral y el vino casero, bien sea un albariño o un tinto Barrantes o Mencía. «Fai tres anos, decidimos montar na miña casa natal este negocio familiar. Arranxamos as antigas cuadras, os alpendres e a lareira. Baixei un chineiro que tiña en desuso e decidín sacar toda a vaixela que tiña gardada», cuenta. Su local dispone de un aforo para 150 personas.

Los que elijan este establecimiento para reponer fuerzas podrán degustar delicias como unas croquetas de vieira, oreja de cerdo, tosta de pan de maíz hasta unos callos. De postres también disponen de una amplia carta con diversos tipos de flan o helados caseros, entre otros, de manzana y miel o turrón.

La ruta sigue por Cambados, Allí se esconde A Ruda. Lo regenta Rubén Outeda desde hace doce años. Nada ha cambiando. Su padre continúa pelando a mano una media semanal de 300 kilos de patatas. Su madre se encarga de la cocina. Su hermana, de hacer las compras. Y él, de la parte económica. «A tortilla sigue sendo o prato estrela, aínda que nunca falta zorza, lombos de raxo ou croquetas caseiras», explica Rubén Outeda. ¿El precio? 12 euros por comensal. Y este puede comer hasta cansarse, por supuesto.

En el lugar de Tomeza, a dos kilómetros de Pontevedra ciudad, aparece O Furancho de Currás. Lo gestiona desde hace más de una década Nieves García. En él lo tradicional sigue siendo condición indispensable. «Ingredientes cultivados na casa e preparados ao estilo máis tradicional é a base do noso negocio. Para comer sempre ofrecemos carne, guiso, empanada... Para beber contamos con viño propio. Servimos abundante comida por un prezo de 15 euros por comensal», indica Ricardo García, el cocinero de este furancho, quien afirma que muchos clientes llevan las sobras para la cena.

La ruta continúa. En el municipio de Meaño, situado en la parte meridional de la comarca del Salnés, se asienta el furancho A de Marcos. Vino de casa para acompañar con zamburiñas, patatas, chorizos, tortilla, richada, zorza y un sabroso pan son ingredientes obligatorios para degustar y combatir el hambre. Se puede disfrutar de esta gastronomía en un acondicionado bajo de la casa familiar.

En la zona de Baión, cerca de Vilagarcía de Arousa, se localiza O Tirapedras. Dispensa vino casero con tortilla, raxo y demás platos típicos de estos lares. Lo más habitual es probar el vino nuevo del propietario, además de sus tapas variadas. En ellas nunca faltan ingredientes derivados de la matanza del cerdo. Chorizo, jamón, oreja o raxo, son habituales. Ofrece también distintos tipos de quesos.

Localizables con el GPS

Hasta hace poco, el boca a boca o viajar con un lugareño era la única forma de localizar un furancho. Aunque todavía no llega a todos, actualmente el GPS ya empieza a localizar estas casas particulares que hace años se encontraban en la clandestinidad. También existe una página web que funciona como buscador de estos míticos locales de aldea, escondidos en lugares con mucho encanto, señalizados con un laurel y que fueron acogidos por los residentes en la ciudad como una forma de disfrutar de lo tradicional y auténtico.

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