El turismo le gana cada vez más terreno a la agricultura y a la pesca

Evidencian una inversión del peso de los sectores económicos


cee / la voz

Todos los foros económicos en los que se habla sobre el presente y el futuro de la Costa da Morte, como el último que organizó La Voz en Corcubión, inciden en el peso creciente del sector turístico por contraposición a la pesca, la agricultura y la ganadería que llevan ya decenios en caída. Y aunque los expertos no aciertan a determinar con precisión, más allá de los datos de empleo, la intensidad de este tendencia, hay algunas cifras que dejan verla con claridad. Por ejemplo las estadísticas de establecimientos turísticos que acaba de publicar turismo de Galicia de acuerdo a las altas existentes a 31 de diciembre. Son 2.576 los negocios de este tipo que existen en la Costa da Morte y ofrecen un total de 7.230 plazas de alojamiento, con una preponderancia clara de la comarca de Fisterra, sobre todo en el capítulo de albergues. Esas camas, por hablar en términos sencillos, ya que no son exactamente eso ya que se incluyen también los campamentos turísticos, suponen prácticamente el doble de las 3.835 personas que el pasado mes de septiembre había dadas de alta laboral en el sector de la agricultura y la pesca. Unos cotizantes que ya suponen apenas el 15 % de los que aporta el sector servicios, el más influido por el turismo aunque no en exclusiva porque incluye también el comercio entre otras muchas actividades.

Además, una de las principales características del reparto de estas plazas de alojamiento es su atomización y reparto por todo el territorio. Así, por ejemplo, se encuentran casos como el del hotel Mar de Laxe, con 150 camas o el balneario de Carballo con 114, pero son los menos, porque lo que dominan son los pequeños establecimientos que algunas veces no superan la media docena de plazas y la gran mayoría, incluso en albergues, se sitúan por debajo de la veintena.

El registro de las viviendas de uso turístico disparan los alojamientos legalizados

Las 7.230 plazas recogidas en la última estadística de turismo de Galicia son independientes de las existentes en las conocidas como viviendas de uso turístico, que no son lo mismo que viviendas turísticas. Esta tipología, que se empezó a registrar de manera más o menos fehaciente por parte de la Xunta de Galicia en el año 2017, ha crecido de manera exponencial en la comarca. No se trata de que, de repente, se creasen un número mucho mayor de alojamientos de este estilo, que también, sino que sirvió para hacer aflorar unas plazas que formaban parte totalmente de la economía opaca y no figuraban en registro alguno.

Las viviendas de uso turístico, resumiendo mucho, son aquellas que tienen consideración de vivienda particular, pero se alquilan para uso turístico por períodos máximos de 30 días -de lo contrario rige la ley de arrendamientos urbanos- y un mínimo de dos veces al año. Las obligaciones del propietario son menores que en las viviendas turísticas, que tienen más tipología de establecimiento como tal y funcionan de manera exclusiva con esta finalidad, pero también existen. Por ejemplo, tienen que estar dadas de alta en el registro, hay que comunicarle a las fuerzas de seguridad la identidad de los inquilinos y el dueño debe contar con un seguro de responsabilidad civil, además de declarar los ingresos como rendimiento de capital inmobiliario. A cambio, y mediante un registro que solo se paga una vez, se gana en legalidad y, por ejemplo, se pueden incluir en los sistemas de reserva en línea tan en boga.

«É para ir vivindo e estar a familia xunta»

Raquel Lago Alvite está al frente del último negocio hostelero abierto en la Costa da Morte, un pequeño albergue de peregrinos en el lugar de A Grixa (Vilastose), que arranca con 12 plazas en literas y una habitación doble, pero que aspira a crecer en breve con una cafetería. «Eu vivía nun piso que compramos en Vimianzo e o meu home levaba 15 anos en Suíza. Tivo que marchar porque temos dous fillos e había que darlles de comer. De feito da pequena case non viviu a súa infancia e iso é moi duro, para os que quedamos, que aínda dentro do malo temos aquí á nosa familia, pero sobre todo para o que marcha», relata la mujer, que más que como un negocio ve el albergue inaugurado este sábado con un proyecto familiar. «Tiñamos uns cartiños e decidimos investilos aquí. Non para poñernos ricos, é máis que nada para ir vivindo e para poder estar a familia xunta», señala. Una idea que les surgió a raíz de la gran cantidad de peregrinos que pasan por el lugar y la falta de servicios. «Aquí hai unha casa rural, pero iso é outra cousa, despois estamos nós sós e moita xente preguntaba se non había un albergue ou un sitio onde picar algo», detalla Raquel, quien explica que tuvieron que recuperar casi desde cero un antiguo alpendre y ahora esperan completarlo con una parte de cafetería para dar comidas.

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