«El tiempo de la agricultura industrial ha terminado, llega un nuevo modelo»

Maneja el concepto de «agropolitano» para entender los nuevos escenarios

s. g.
Carballo / la voz

El geólogo y experto en desarrollo rural, Jaime Izquierdo impartirá mañana una conferencia en el local social de la ONCE de A Coruña, en los Cantones, en el marco de la 26ª. edición de la Escola de Verán de Unefa, entidad que aglutina a una treintena de centros de promoción rural de España, como Fonteboa. Será los días 5, 6 y 7 de julio, y una de las jornadas también estará en tierras de Bergantiños. Izquierdo hablará sobre La ruralidad en el contexto actual. Las agriculturas de la sociedad posindustrial.

Ayer habló en Voces do Agro, de Radio Voz, desde Oviedo; hoy llegará a Betanzos para presentar su libro La gestión creativa del cabreo (Librería Biblios, 20.00 horas), y mañana en A Coruña.

-¿Cuáles son las líneas estructurantes de esta conferencia?

-Ya estemos en una sociedad posindustrial. Eso no quiere decir que la industrialización haya pasado a mejor vida, sino que los conceptos ahora son otros. Estamos en ese tiempo, pero no tenemos agriculturas preparadas para ese tiempo que viene. La última gran renovación de la agricultura es la de mediados del siglo XX. Desde su origen hasta los años 50 eran las preindustriales. Campesinas, vinculadas al suministro de la ciudad, a los mercados de abastos, y con una estructura de producción en la que no había mecanización. A partir de los años 50 va a cambiar. Hay una política de modernización agraria de corte industrial muy potente que modifica todas las estructuras. Entramos en un nuevo tiempo: el de las agriculturas industriales está terminando, y ahora tenemos que definir un nuevo modelo.

-Se hablaba de único modelo, pero hoy hay campo para diferentes tipo de agricultura.

-Esa es la idea. No en España, aún atrasado, pero las agriculturas de proximidad, la recuperación de la producción en el entorno de las ciudades es algo que sucede en casi todas las ciudades europeas, salvo España, y hay lugares en las que está muy avanzada, como Vancouver. Pero también en los países del tercer mundo, la agricultura urbana tuvo una gran producción agraria en sus alrededores, hasta los años 50. Tras este paréntesis del último medio siglo, retomamos ahora esa función de la ciudad: alimentos a su alrededor. Es una de las agriculturas.

-En una de sus publicaciones, referida a Asturias, pero extrapolable a cualquier territorio, incluido Galicia, habla de la región «agropolitana»? ¿En qué consiste?

-Galicia también lo es. Hay dos tipos de regiones, la ciudad en la que la metrópoli es muy potente y ocupa la mayor parte de superficie. Madrid, por ejemplo, donde el medio rural ocupa muy poco, o el País Vasco. Pero Galicia, con sus ciudades, es una región netamente agraria, que podría jugar a ser agropolitana. Poner por delante la condición mayoritaria, el campo, y vincularlo a la ciudad. También Asturias. Da pie a hablar de agriculturas diferentes o para el siglo XXI.

-Da pie a hablar de agricultura alternativa, de zonas especializadas y orientadas al mercado nacional e internacional. Una vía complementaria y válida para área con red urbana, ¿no cree?

-Sí, lo que plantea la perspectiva agropolitana es que hay tres tipos de agricultura. El primer cinturón, de suministro a la ciudad, agricultura urbana o periurbana. El segundo cinturón, las estructuras que ya se intensificaron, que juegan en otros tipos de abastecimiento, forestal o agrario. Y la tercera es la de los mal llamados espacios naturales. Las agriculturas territoriales, que nos ayudan a conservar la biodiversidad, a mejorar los paisajes, y a hacer que sean más estables. Y muy vinculados a la historia del territorio. En esos tres niveles se basa la perspectiva agropolitana: urbana, intensiva y de espacios naturales.

-¿En cualquiera de estos tres tipos hay posibilidades de generar empleo y riqueza?

-Por supuesto. La clave es esa. Y hay que tocar esos territorios, pero tocarlos bien. Compatibilizar actividades.

-Un problema en territorios rurales es la despoblamiento. Muchos expertos dicen que es porque no hay actividad económica ni bienestar, así que para asentarla deben darse esas dos premisas. ¿Qué opina?

-Hace poco se celebró el Huesca un congreso sobre despoblamiento rural, y había participado también en la comisión del Senado para hablar de este asunto. Mi posición es que hay que dejar de hablar de despoblamiento, porque ya se ha producido en muchos sitios, y hacerlo de la recolonización, algo más avanzado. ¡La gente se asusta! Se trata de volver a los pueblos. Si te pones eso en la cabeza se te ocurrirán cosas diferente que si piensas que se va. En Francia plantearon hace mucho una legislación alternativa para los pequeños productores y evitar ese efecto. En España, la legislación agraria es para pensamiento industrial. Si tú quieres poner una panadería en tu pueblo, te aplican la misma que a pan Bimbo. Si de mermelada para 10 kilos al día, como si fueses Hero. Solo tenemos legislaciones industriales, con gastos y trabas burocráticas.

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