El cultivo ecológico llega del mar

De los 25 transformadores de la comarca barbanzana inscritos en el Consello Regulador da Agricultura Ecolóxica, 19 son bateeiros de Rianxo y Boiro

El carácter ecológico del cultivo del mejillón es uno de sus valores añadidos.
El carácter ecológico del cultivo del mejillón es uno de sus valores añadidos.

Ribeira / la voz

Aunque su denominación oficial es la de agricultura ecológica, la realidad de la comarca difiere notablemente del significado del término. De hecho, 21 de los 25 productores, elaboradores o transformadores inscritos en el Consello Regulador da Agricultura Ecolóxica de Galicia (Craega) en el territorio barbanzano tienen una actividad vinculada directamente con el mar. Se trata del colectivo de bateeiros -es el más numeroso con 19 inscritos- que operan fundamentalmente en Boiro y Rianxo. En el registro también figuran una conservera pobrense dedicada a la comercialización de filetes de caballa y sardinas en aceite de oliva y una industria que elabora platos preparados -empanadas de mejillón y vegetales- domiciliada en la localidad muradana de Esteiro.

El peso agrario y ganadero les corresponde a la Ganadería Tierra Celta, dedicada a la cría de corderos y terneros en San Pedro de Baroña, a una pequeña productora de kiwis de Noia y a dos sociedades ribeirenses dedicadas a los cultivos de huerta, una de las cuales es la asociación Amicos. Por eso, aunque existe un creciente auge de los denominados productos ecológicos, lo cierto es que su existencia certificada todavía es residual.

Entre quienes sí poseen este sello se encuentra la emprendedora muradana Carmen Sánchez, gerente de la firma Galuriña, quien contó con la ayuda del Grupo de Acción Costeira Ría de Muros-Noia para la comercialización de empanadas de algas. Asegura que se decidió a someterse a los dictámenes del Craega «porque vi que los canales de venta podían ser más fructíferos en el ámbito ecológico que en el tradicional».

 

Permiso denegado

El negocio de Carmen Sánchez comenzaba a expandirse e inició contactos para la distribución en Madrid. Sin embargo, su ampliación, que conllevaría la creación de puestos de trabajo, se ha visto paralizada porque el plan de explotación de algas para el que solicitó permiso ha sido denegado. Afirma que, de no resolverse la actual situación, posiblemente su negocio pueda irse a pique.

Conseguir entrar en el Craega implica un largo proceso, explican quienes ya forman parte de este consejo regulador, que exige certificar la procedencia del producto y someterse a controles de manera periódica. En el caso de los bateeiros, por ejemplo, hay que indicar dónde se cogió la semilla y cómo y cuándo se hace el desdoble.

Asimismo, quienes forman parte de Craega deben pagar un porcentaje sobre la facturación. A cambio, el consejo regulador promociona a las empresas que lo integran, abriéndoles las posibilidades de nuevos mercados.

Quienes forman parte de este selecto grupo reconocen que, por ahora, son pocos, pero todos están convencidos de que se trata de un mercado en auge que cada vez tiene mayor número de adhesiones y, además, subrayan que abre alternativas a la colocación de sus artículos en lugares muy dispares.

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