Un paraíso natural en el corazón de Santiago

El parque do Espiño, que ya se puede visitar, sorprende por su carballeira, su flora ornamental, la huerta y las vistas

La bóveda lumínica que los leds crean entre los carballos sorprendió a los propios técnicos.
La bóveda lumínica que los leds crean entre los carballos sorprendió a los propios técnicos.
p.c.
santiago / la voz

A escasos metros del río Sarela, en pleno centro de Compostela, se esconde un paraíso botánico. La reapertura al público de la finca do Espiño ha sumado a la ciudad un nuevo espacio de interés que desde esta misma semana ya pueden disfrutar vecinos y visitantes. La historia del parque, en la ladera del monte Pedroso, estuvo condicionada por su situación a extramuros en la época medieval. Entonces la zona se dedicaba a la actividad agrícola para abastecer de productos frescos a los habitantes de la ciudad, e industrial, ya que allí se emplazaban fraguas y fábricas de curtidos. El terreno pasó a manos de un particular y estuvo habitado hasta finales de los años cuarenta. Hoy, junto al pazo modernista construido para el político Ramón Gutiérrez de la Peña Quiroga, se encuentra un auténtico reducto de biodiversidad urbana con una valiosa riqueza vegetal y zoológica.

El piar de las aves que se refugian en su carballeira centenaria, de carácter protegido, acompaña al visitante según se adentra hacia el parque de monte Pío. El jardín de la finca cuenta también con árboles singulares, algunos exóticos, y el campo que antiguamente proveía a las cocinas del pazo, se divide en diferentes zonas. En uno de los extremos se encuentra una huerta donde plantar hortalizas y cuyas acelgas tientan a la vista, franqueada por árboles frutales y un pequeño estanque a ambos lados. La belleza de toda la vegetación hace que el jardín del palacete transporte al visitante a los ideales clásicos, como el locus amoenus, que representa un lugar paradisíaco. Una ensoñación bucólica que continúa entre camelios, magnolios, hortensias y rosales.

Otro de los grandes atractivos del parque son sus magníficas vistas, tanto de día como al anochecer. Desde su terraza mirador se puede divisar la Catedral, la Alameda y otros espacios emblemáticos de la ciudad. Se suma, al ocaso, la singular iluminación de led que forma un efecto de bóveda entre los carballos; si bien estos días las puertas del parque se están cerrando sobre las 22 horas, antes de la hora prevista, y poco tiempo queda al paseo nocturno.

Por último, el pazo, pendiente de remodelar, consigue pese a todo atraer el interés. Construido entre 1910 y 1915 por el arquitecto Jesús López Rego, se trata de un edificio irregular formado por la vivienda de dos plantas, la torre y la capilla. Y, entre sus elementos más llamativos, destacan sobre todo las gárgolas.

Para una visita en profundidad de la finca es posible inscribirse a las rutas guiadas que arrancan el día 19 en la tarde de los martes y la mañana de los domingos.

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