Terruño «leasing» en los viñedos de la Ribeira Sacra

Enonatur ofrece microviñas en alquiler para elaborar vinos singulares

El enólogo Roberto Regal, promotor del proyecto Enonatur, en uno de los viñedos de la ribera del Miño que se alquilarán.
El enólogo Roberto Regal, promotor del proyecto Enonatur, en uno de los viñedos de la ribera del Miño que se alquilarán.

MONFORTE / LA VOZ

Para qué buscar vinos de autor cuando uno puede ser el autor de su propio vino. Elaborarlo desde la cepa a la copa en la emergente Ribeira Sacra, en un terruño de características singulares y sin inversión previa. No es un caso de publicidad engañosa. Hablamos del proyecto de alquiler de microparcelas Enonatur, que pondrá a andar Roberto Regal tras la vendimia. Los folletos promocionales ofrecen a los apasionados del vino la posibilidad de «construir su propio conocimiento vitivinícola». El enólogo y bodeguero chantadino busca ser coherente con ese mensaje. «Quiero que los vinos se empiecen por la poda, para que se viva todo el ciclo». Casi todo será debatible en el proceso de elaboración. Solo hay algo innegociable: no se admiten herbicidas en las viñas.

El proyecto de Roberto Regal nace de su pasión por la viticultura, que le ha llevado a cultivar buen número de parcelas dispersas por la ribera del Miño. Pero también responde a un análisis desapasionado de la situación del sector. «La gente no se quiere descapitalizar comprando una viña», dice. La situación económica no es la misma de hace años, como tampoco lo es la mentalidad de quienes se interesan por la Ribeira Sacra. «Antes se compraba una viña con su pequeña bodega en un sitio bonito para traer a los amigos a merendar. Hoy creo que la gente se interesa más por la viticultura, por la personalidad de los vinos», observa Regal.

Enonatur está pensado fundamentalmente para enófilos y clubes de cata. Para amantes del vino que deseen elaborar un producto personal «en el contexto de una viticultura de calidad, diferenciada y ecológica». Regal arrendará, con un año de compromiso de permanencia, entre doce y quince lotes de viñedo que permiten producir entre trescientas y seiscientas botellas cada uno. Si la experiencia resulta positiva, se podrá prorrogar en sucesivas cosechas. Y si al año siguiente no interesa seguir, «tan amigos».

El promotor del proyecto ya elabora vinos en su bodega para clientes que se sintieron atraídos por la Ribeira Sacra y que acabaron comprando o arrendando alguna viña. Gente de procedencias tan dispares como Marbella o la isla italiana de Cerdeña. «¿Por qué un cocinero que tenga esa inquietud no puede hacer su vino sin necesidad de montar una bodega y comprar viña?», se pregunta Regal. «Hay un público entusiasmado por la Ribeira Sacra que entiende que aquí hay una viticultura diversa y quiere verla reflejada en el vino. Se trata de que viva esa experiencia».

Diversidad vitícola

Las parcelas que ofrece Enonatur van de plantaciones recientes con variedades hasta hace poco olvidadas -albarello y merenzao- a viñas viejas de mencía. También hay alguna finca plantada mayoritariamente con treixadura y godello para el que quiera exprimir el potencial de los terruños de la Ribeira Sacra para la elaboración de vinos blancos. Los viñedos se encuentran, en su mayoría, en parajes de la ribera del Miño: Pesqueiras, San Fiz, A Cova, Mourelos. No solo hay diversidad de vides, también cambian suelos y orientaciones.

No abundan las experiencias de este tipo en España y las que se llevaron a cabo hasta ahora tienen poco que ver con la diversidad vitícola que brinda la Ribeira Sacra. «Cuando sales fuera para participar en ferias o catas, percibes una gran inquietud por conocer esta zona. Mucha gente quiere hacer algo aquí, desde enólogos a consumidores cualificados. Lo mejor está por llegar y hay que aprovechar la coyuntura», apunta el enólogo chantadino.

Enonatur es un proyecto flexible en cuanto al proceso de elaboración. Vetado, eso sí, a la utilización de herbicidas en las viñas. «Todos los vinos van a ser ecológicos y muchos incluso tienen la posibilidad de llevar el sello de ese conseja regulador». Pero las etiquetas, según el promotor del proyecto, son lo de menos. «Apuesto por la viticultura ecológica no solo por salud o respeto al medio ambiente. Creo que es la única forma de tener un suelo vivo del que sacar la máxima expresión de la viña». La clave para que el enólogo pueda colgar la bata blanca del laboratorio.

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