«Dígalle ao alcalde que non tire tanto para Allariz»

César Fernández lleva 63 años viviendo en la aldea que le vio nacer

Concepción compra el pan ante la atenta mirada de su esposo y vecinos.
Concepción compra el pan ante la atenta mirada de su esposo y vecinos.

OURENSE / LA VOZ

En Casaldoira (Allariz), el silencio de la mañana es casi absoluto. Tan solo lo rompen, por momentos, un abejorro que vuela entre una enredadera y el caño de agua fresca que de la fuente sale, timbrada con una placa donde consta que es obra del Movimiento.

César Fernández lleva viviendo 63 años en su aldea. «A vida aquí é boa, o pobo foi sempre así, de pouquiños veciños», relata. Un día normal para él consiste en «facer a horta e pouco máis». Lo normal es que durante el año residan cinco vecinos. Viven todos satisfechos. En la aldea no hay bar, no hay comercio, pero sus habitantes se sienten felices. «Aquí hai pouco sitio e logo se atopa un cos demáis», dice este veterano que vive solo.

César cuenta que en un pueblo tan pequeño aún podía haber más trabajo, y se refiere a eliminar silvas. César no se jubiló todavía pero no vive de la agricultura. Las casas en Casaldoira son de piedra, hay algunos hórreos. Las calles son de hormigón pero quieren que el alcalde de Allariz les arregle la entrada al pueblo, que está levantada, y que les entube el agua de una canaleta para ensanchar la vía principal.

Los fines de semana se acercan los hijos de alguno de estos vecinos, a descansar. Para César, los rincones que más le gustan de su pueblo son todos. «Aquí contamos con boa auga pero o abastecemento é noso, do pobo. A auga velaí vai, vén do monte e pagámola entre todos. Fixemos unha traída moito máis alta con presión suficiente. Agora cada un gasta e pode beber a que queira», señala.

En Casaldoira los vecinos, salvo César, están jubilados. La iglesia parroquial está en Seoane, a un kilómetro de Casaldoira. «Agora que non hai curas, se temos só un crego para nós, escarallaríanos o bispo», bromea Fernández.

La diversión en Casaldoira consiste en pasear mucho y conversar, sobre todo en las noches cálidas del verano, junto a la fuente sonora. César tiene piso en la villa, pero prefiere la aldea. «Allariz ten moitas flores. Dígalle ao alcalde que mire máis polos pobos, que non tire tanto para Allariz», declara este vecino.

A Casaldoira sube un panadero cada día. Los viernes van dos, porque uno lleva un pan muy rico, desde Rairiz de Veiga. El de Podentes (A Bola) es el que va a diario. Y el pescadero se acerca al pueblo cada martes.

Santiago Baamonde y su esposa vivían en Xinzo, él trabajaba en un banco. Al jubilarse regresaron a Casaldoira, donde tienen casa con hórreo, jardín y piscina. Y frutales, con los que se entretiene. «Esto para mí es un relax. Tengo una plantación de frutales, césped; entre que los podas y siegas el césped, cortas un poco de leña, siempre hay algo que hacer. Ahora, en esta época, planto tomates, planto pimientos, tenemos la ventaja del riego abundante», dice y reconoce que en las villas se sale con los amigos pero al final no se sabe qué hacer.

Reconoce Santiago que todos los vecinos son una familia: «Estamos siempre juntos pendientes unos de otros». Concepción López acaba de comprar una barra de pan: «Nós vivimos en Elgoibar e xa levamos aquí uns vinte anos. Á mañá non madrugamos, facemos as cousas, imos pasear pola pista adiante e outras veces poñemos as botas e imos polo monte».

casaldoira menos de diez vecinos

«Aquí contamos con boa auga, pero o abastecemento é noso, do pobo»

«Los vecinos estamos siempre juntos, somos como una familia»

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