La cepa más antigua de la Ribeira Sacra dobla después de dos siglos

La parra de Naz alcanzó cuatro metros de alto y casi dos de perímetro


Monforte / la voz

Un minúsculo brote que pugna por retoñar en su parte superior es la última esperanza de que sobreviva, después de al menos dos siglos de existencia, la enigmática y descomunal cepa de Naz. Una parra de cuatro metros de altura, hasta sus primeras ramificaciones, y casi dos metros de diámetro en la base. La más antigua de la Ribeira Sacra y la única que no han sido capaces de catalogar los expertos.

Un golpe de viento, y un cambio de ataduras en el emparrado que se reveló insuficiente para sujetarla, propiciaron que la planta terminase por romper. Desde hace meses, se extiende sobre el piso del patio al que dio sombra durante generaciones, a la espera de que se despeje un futuro ahora incierto.

La parra se encuentra en la casa de Romero, actualmente deshabitada, que atiende en sus ratos libres José Antonio González, un vecino de Naz de 63 años. Los más viejos del lugar dicen que siempre la recuerdan igual, pero el casero contradice con datos esta versión. «Non é verdade. Cando a medín por primeira vez, tería eu 40 anos, daba un metro trinta e cinco de perímetro cerca do pé. Despois de que caese, mirei de novo e chegara ao metro sesenta e cinco», objeta. Los problemas derivados de la edad de la cepa comenzaron antes de que se viniese abajo. «Xa lle secara un dos brazos e por riba do pé a madeira tamén empezaba a debilitarse. Supoño que sería, como na xente, cousa dos anos», dice cuidador.

Trescientos kilos de uva

Por esa parte, donde la madera se había resquebrajado, dobló la parra al desplomarse sobre el suelo del patio, el lugar en el que dio sombra y cosechas generosas desde tiempo inmemorial. «Xente que xa faleceu, que de vivir hoxe tería centro vinte anos acordábaa toda a vida no sitio onde está», apunta José Antonio González. Alguna cosecha, según recuerda, llegó a dar del orden de trescientos kilos de uva blanca: «Os racimos eran moi grandes e o viño máis ben frouxiño, de pouco grao. A caste non a sabemos. Viñeron moitos expertos pero ningún acertou a dicírnolo».

Tendida en el patio, la parra de Naz aún impresiona por su porte. José Antonio González recuerda haber visto amarrar a ella alguna vaca para sacarle el clavo que se le había incrustado accidentalmente en una pata. Con la madera ya carcomida por el paso del tiempo, la savia siguió discurriendo por su interior para alimentar los sarmientos.

Ahora que está casi dividida en dos partes, parece difícil que pueda seguir circulando hacia sus brazos. «Habería que ver unha maneira de enxertala mantendo o mesmo bravo», dice el alcalde de Sober, Luis Fernández Guitián, que acudió a ver qué se podía hacer para salvar la cepa después de que se produjese su caída, junto al director de la Estación de Enoloxía e Viticultura de Galicia, el monfortino Ignacio Orriols.

Símbolo del municipio

Para el alcalde, la parra centenaria de Naz constituye todo un símbolo de la tradición vitícola de Sober. La primera guía turística dedicada al municipio, que editó a comienzos de la década de los noventa la Diputación de Lugo, ya se se hacía eco de la existencia de este cepa con foto incluida, aunque en ella aparecía catalogada erróneamente como perteneciente a la variedad dona branca. Guitián, pese a todo, no pierde la esperanza: «Hai tres anos tamén estivo a piques de secar e ao final recuncou». El tiempo dirá.

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