«Cuando empezamos íbamos a todas las emergencias en nuestros propios coches»

Ramón Pérez Barrientos Coordinador de Protección Civil de Muxía«El naufragio de La Xana y la muerte de un padre y un hijo en el mar nos obligaron a actuar. Había que dar una solución a tanta desgracia junta. Fue ahí cuando surgió la agrupación de Muxía»


Ramón Pérez Barrientos es coordinador de la agrupación de Protección Civil de Muxía desde su fundación, en el año 1992. FOTO Ana García

Fue agente de la Policía Local desde 1984 hasta 1999, pero lleva 26 años como coordinador de la agrupación de voluntarios de Protección Civil de Muxía. Ramón Pérez Barrientos (1961, Muxía) lleva grabado a fuego dos fechas en su ya dilatada trayectoria como profesional de las emergencias: «El incendio del santuario de A Barca el día de Navidad del 2013 y el Prestige».

-¿Cómo surge Protección Civil en Muxía?

-El año 1991 había sido muy complicado. En octubre naufragó La Xana, un pesquero con base en Muros, y también perdían la vida en el mar dos marineros de Muxía, padre e hijo, y había que darle una solución al tema. Por aquel entonces no había una sola agrupación en la Costa da Morte y todos los apoyos provenían de Carballo y, sobre todo de A Coruña, por aquellas carreteras peligrosas y todo lo que conllevaba. Los tiempos de respuesta eran muy lentos y había que hacer algo. Por eso se convocó una reunión en el Concello de Muxía, a la que acudieron 20 personas. Ese fue el germen de la agrupación de Muxía, que comenzó a trabajar en el año 1992.

-¿Qué tal andaban de medios por aquel entonces?

-¿Medios? No había. ¿Formación? Cero. Mucha voluntad, mucho trabajo de muchas horas y poco más. De hecho, cuando empezamos, íbamos a las emergencias en nuestros coches particulares. Después empezamos a recibir los primeros cursos: salvamento y primeros auxilios y a partir de ahí, los medios: primero un coche para ir a las actuaciones, luego una lancha neumática... Y el apoyo del único coche de la Policía Local que había antes. Y todo eso para cubrir 40 kilómetros de costa entre Fisterra y Muxía. En 1999 recibimos un Patrol, al que nosotros le acoplamos un remolque con el poco material que habíamos acumulado, y un equipo de excarcelación porque los bomberos tenían que venir entonces desde A Coruña.

-¿Cómo recuerda aquella etapa?

- Fue muy dura, pero a la vez muy ilusionante. Era frustrante porque tardabas un mundo en llegar a un sitio y también de responsabilidad porque éramos el equipo de emergencias más próximo que tenían los vecinos. Recuerdo que cuando empezamos, llegábamos hasta Baio, Zas e, incluso, Santa Comba. Poco después, Protección Civil de Muxía recibió una ambulancia, de las primeras que había en la comarca, una Vanette [Nissan] en la que viajábamos de noche muchas veces hasta el hospital de A Coruña para trasladar a un enfermo o un herido. Eran dos largas horas por aquellas carreteras de Dios.

-Ahora todo aquello parece historia.

-Por suerte, se ha mejorado mucho en cuanto a equipos de emergencias y en dotaciones sanitarias en la Costa da Morte, pero los voluntarios de Protección Civil siguen siendo, por lo general, los primeros en llegar a un accidente o un incendio. Esto no es una gran ciudad, es el rural y los tiempos de respuesta son los que son. Yo, por ejemplo, tengo conectada en mi móvil la alarma del santuario de A Barca. Si hay un robo u otra incidencia el cura y yo somos los primeros en ser alertados. Protección Civil tiene el teléfono operativo las 24 horas y nuestras guardias también son de 24 horas. Es decir, algunas cosas no han cambiado.

-¿Qué valoración cree que tienen los ciudadanos de Protección Civil?

-Muy buena, excelente. En Muxía no es que seamos dioses, pero la gente nos quiere y nos respeta mucho. Somos intocables, pero no por nada, sino porque en 26 años de historia el que más y el que menos ha tenido a un hermano, un primo, un sobrino, un hijo... en la agrupación. En el pueblo todos saben lo que supone ser voluntario de Protección Civil: controlar la romería de A Barca, ir a un incendio en una casa, un naufragio... Aquí nos conocemos todos y detrás de una actuación hay un pequeño drama personal que te coge de cerca y no puedes huir de esa realidad.

-Después de media vida con el uniforme azul y naranja. ¿Con qué se queda?

-Me quedo con el cariño de la gente, el agradecimiento de los vecinos, la señora que viene a darte las gracias porque acudiste a su casa a apagar un incendio, aquel voluntario del Prestige que años después regresa a Muxía, te reconoce, te da una brazo y te agradece todo lo que le ayudaste. Recordar aquellos momentos de amistad surgidos de una tragedia como fue el Prestige.

-¿Cómo vivió aquel desastre?

-Fue muy duro. Recuerdo que un día estaba en cama y me llamó el patrón del Costa da Barca, que estaba faenando a la altura de Touriñán. Era muy temprano y me dijo que había un petrolero cerca de la costa vertiendo fuel al mar. No le creí. Las noticias eras vagas y contradictorias. Dos días después llegó el chapapote a la costa.

-¿Cómo se actuó?

- Con lo poco que había. Le voy a contar una historia: ¿Sabe cómo surgió lo de los buzos blancos? Surgió aquí en Muxía. Fui yo el que habló con una empresa para que nos mandaran buzos de trabajo para los que ya empezaban a limpiar la costa de fuel. Resulta que los primeros equipos que nos mandaron filtraban agua y humedad y hablé con la empresa para que mandaran otros más impermeables y así fue como surgió todo. El problema es que aquellos primeros equipos los costeó el Concello, y claro, en apenas unos días nos habíamos gastado cinco millones de pesetas [30.000 euros] y le dije al alcalde que el Concello no estaba para más gastos y se habló con Tragsa para que se hiciera cargo del material. Pero aquella tragedia medioambiental trajo a la Costa da Morte una gran ola de solidaridad, que todavía perdura, y pese a que fueron unas fechas muy complicadas, también tengo que decir que fue muy bonito ver a tanta gente trabajar y colaborar de forma tan desinteresada.

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