• La autónoma de 27 años que vive de su sensibilidad

    Lo mismo produce vídeos para concellos que hace coros a una banda roquera en un estudio de Nueva York

    maría hermida pontevedra / la voz.

    «Ofrezco de mí todo lo que tengo: mi voz, como vocalista en bandas de rock and roll, mi mente, mi mirada y mi actitud alegre y desenfadada para llevar a cabo cualquier proyecto audiovisual que me plantees». Así es como se presenta Andrea Area, vecina de Sanxenxo, en un texto que colgó en las redes sociales para publicitar su página web, confeccionada por ella misma. Se ofrece así y uno piensa que, o sus palabras pecan de pretenciosas, o ella es una persona realmente polifacética. Luego, buceando en el currículo oficial y oficioso que a los 27 años tiene a sus espaldas -hay cosas que no se atreve a incluir en él, como cuando con catorce años limpiaba xoubas para venderlas en la plaza- uno se da cuenta de que, en realidad, lejos de ser pretenciosas, sus palabras se quedan cortas. Porque lo único que tiene, claramente, no es ni su voz ni su capacidad para sacar petróleo de producciones audiovisuales. Es algo más.

    Empezamos por el final. Por el hoy de Andrea Area. Es autónoma. O emprendedora. Y se dedica a hacer vídeos, fotografías, videoclips, producciones... Decidió volar en solitario hace poco tiempo, después de formarse en producción y comunicación audiovisual y diseño en Barcelona, Pontevedra, A Coruña, Vigo y Roma y también de marcharse a aprender inglés a Irlanda durante unos meses. No se queja de cómo le va. En los últimos meses, la llamaron para la producción de una especie de documental que saldrá en la TVG. Se encargó de un vídeo promocional de la plaza de abastos pontevedresa o de un trabajo para una gala en Poio. Amén de encargos particulares como diseños de cartas para restaurantes o invitaciones de boda. ¿Por qué ofrece también su voz, acaso es cantante? Sí. Señala que el rock es su gran pasión. Lo es, sobre todo, desde que con varios amigos formase el grupo The Sharknadoos, del que se convirtió en vocalista y con el que dio cien conciertos en tres años. Esa pasión suya también se desbordó cuando el artista Parlange le ofreció irse con él a Nueva York a hacer los coros de su banda en unos estudios ubicados en el barrio por donde pululaban antaño The Ramones o Patti Smith.

     

    Las mejores experiencias

    Cuenta ella esa experiencia con unos ojos tan emocionados que parecen salírsele de las singulares gafas de pasta negra que usa. Dice que esta fue la mejor experiencia de su vida. Pero, al segundo, rectifica: «Bueno, también fue muy importante en mi vida haberme puesto a organizar el festival Culturhelp, que se celebró en Sanxenxo, y que fue una cita solidaria. Logramos recaudar media tonelada de cosas, de comida o ropa. Eso fue impresionante», cuenta, mientras sus ojos vuelen a salirse de las órbitas. Se la ve tan emocionada con la causa solidaria, tan frenéticamente positiva que, de repente, uno le pregunta qué dicen sus padres, si están orgullosos de todo lo que lleva hecho. Entonces, Andrea dice: «Mi padre está contento, aunque no ve lo del audiovisual como mucha opción de futuro. Mi madre murió cuando yo era pequeña», señala, bajando el tono de voz. Uno se disculpa por haber tocado un tema sensible. Pero Andrea, sacando quizás de dentro esa actitud alegre con la que se anuncia en las redes, señala: «Al contrario, me gusta recordarla». Menos mal que lo hace. Porque gracias a ello se la llega a conocer mucho mejor. Se entiende bien que, en su caso, ser autónoma no es una condición laboral ni circunstancial, sino vital.

    Andrea tiene pocos recuerdos de su madre. El cáncer hizo que solo estuviese con ella ocho años. Pero, gracias a su familia, Andrea tiene muy claro cómo era Esther, su madre. Sabe que se levantaba de madrugada para ir a la lonja. Que tenía la espalda rota de bregar con las cajas de pescado en la plaza. Que, ya enferma, sacó fuerzas para que Andrea tenga una foto de comunión con sus padres. Que eligió «a la mejor persona del mundo» para que cuidase de ella y de su hermana. Sí. Porque Esher le pidió a Pura, su suegra, que se encargase de ella y de su hermana mayor, otro de los grandes referentes en la vida de Andrea. Y ahí sigue la abuela Pura, a los 91 años, cuidando de las nietas y bisnietos y tratando de entender cómo es eso de que la emprendedora de Andrea haga cosas que no salen en la tele sino en lugares como Internet. «Pura es lo mejor del mundo, la persona más jovial que te puedes imaginar, un gran amor», cuenta la nieta mientras, ahora sí, las lágrimas resbalan por su mejilla en una cafetería pontevedresa.

    Quizás a Pura le cuesta entender cosas como que Andrea ofrezca servicios de branding -el proceso que hay que llevar a cabo para tratar de fortalecer una marca-. Pero seguro que lo comprende bien si ella, simplemente, le cuenta que es una persona con sensibilidad, que a veces se traduce en canciones, otra en producciones audiovisuales y otras en participaciones en la televisión, como cuando hace una década debutó en el programa Tú sí que vales. Andrea, desde entonces, cree en las casualidades, porque ese paso azaroso por los platós le mostró el mundo audiovisual al que ahora se dedica. Y hace bien en creer en la casualidad. Porque justo mientras ella habla de lo que le gusta la música negra, de lo que disfruta con el soul, en la televisión de la cafetería suena Aretha Franklin, que justo ayer anunció que deja los escenarios. Qué casualidad.

    Dio cien conciertos en tres años con la banda Sharknadoos, de la que era vocalista

    Su abuela Pura, un roble hecho mujer de 91 años, es uno de sus grandes referentes vitales

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