• Dolores a porfía

    El dolor de la angustia y de la pena no suele tener más que remedios paliativos

    Moncho Núñez Centella

    No sabemos cuál es el peor de los dolores, pero son muchos y muy diversos los que pueden entrar en esa competencia. Con seguridad cada lector tendrá su experiencia y ya se sabe que en cualquier caso los dolores tienen un alto grado de subjetividad, y nadie va a crear una tabla de intensidades que nos satisfaga por completo. De entrada, el Diccionario de la lengua española (fiel a la cultura popular) nos ofrece dos acepciones para el término, que definirían dos grandes categorías. Según la primera, un dolor es la «sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior», mientras la segunda recoge que también es un «sentimiento de pena y congoja». Al primer sentido asociamos lo que podemos llamar dolor físico o corporal, mientras que el segundo sería un dolor mental o anímico. Otra vez la dualidad cuerpo / alma.

     

    Para la primera categoría de dolores tenemos muchas veces explicaciones científicas: creemos que son indicativos de una irregularidad en el funcionamiento de nuestro cuerpo, que puede ser detectada por análisis clínicos o pruebas de diagnóstico. Esas pruebas nos llevan a conocer el origen del aviso y muchas veces nos permiten ponerle remedio. De una cefalea o un dolor de muelas, renal, torácico o abdominal, por poner algunos ejemplos, decimos que son dolores sintomáticos, y no deben calmarse antes de saber la causa. En este sentido, el dolor es un mecanismo de defensa del organismo y una necesidad fisiológica para la conservación de la vida. Por ello hay que pensar que este tipo de dolores siempre van a seguir existiendo.

    La segunda categoría es mucho más complicada, porque puede doler durante más tiempo y no suele tener más que remedios paliativos. Ese dolor que proviene de la angustia y de la pena puede nacer cuando sufrimos un cambio importante en nuestra vida: la muerte de un ser querido, una ruptura de pareja, la pérdida de empleo o incluso una jubilación. Tras ese cambio comienza un duelo (con dolor y luto) que continúa mientras la persona va pasando por diversas etapas hasta que es capaz de adaptarse, aceptando la nueva realidad. En la inmensa mayoría de los casos no puede revertirse aquello que ha originado el dolor, y lo único que podemos hacer es ayudar a la persona a sobrellevarlo, quizás con algún tipo de medicación recetada por un psiquiatra, pero también con la compasión de sus allegados. Compadecer significa estar unidos en el dolor.

    El dolor no nos gusta. La historia de la lucha por evitarlo es tan antigua como la de nuestra especie. Por lo que sabemos, desde muy pronto las enfermedades y lesiones comenzaron a relacionarse con un componente religioso: el dolor se asociaba a un castigo divino, sin perjuicio de tratar de eliminarlo con las más variadas técnicas y tratamientos, muchas veces inadecuados. Esa idea permaneció de alguna forma en la cultura popular hasta el siglo XIX. La ilustración de esta página representa a unos diablillos que compiten entre sí para causar el dolor de cabeza, anulando al paciente. A veces parece que se ponen de acuerdo para venir todos juntos. Dolores a porfía.

     

    ipse dixit

    El sabio no busca el placer, solo busca la ausencia del dolor

    Aristóteles de Estagira (384-322 ante de Cristo)

    Dicen que todo ser viviente experimenta dos afectos: el placer y el dolor; el primero es conforme a la naturaleza, el último le es extraño

    Diógenes Laercio (siglo III)

    Las gentes dichosas no conocen gran cosa de la vida: el dolor es el gran maestro de los hombres

    Anatole France (1844-1924)

    No te rías nunca de las lágrimas de un niño. Todos los dolores son iguales

    Carl van Lerberghe (1861-1907)

    Tanto dolor se agrupa en mi costado que por doler me duele hasta el aliento

    Miguel Hernández (1910-1942)

    El bello ideal de la caridad es que no haya dolor, el de la beneficencia es que no se vea

    Concepción Arenal (1820-1893)

    Quien sabe de dolor todo lo sabe

    Dante Alighieri (1265-1321)

    Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría

    George Sand (Aurora Dupin) (1804-1876)

     actividades

    1 De las dos definiciones que da la Academia para el dolor, en una se califica de sensación, mientras que en la otra se dice que es un sentimiento. Analiza la diferencia entre esos dos conceptos. Haz una lista de sensaciones y otra de sentimientos.

     

    2 Los dos tipos de dolores no son independientes, de modo que a menudo un dolor físico puede hacer decaer el ánimo, y viceversa, en tiempos de depresión parece que nuestra sensibilidad a los dolores físicos es mayor. De hecho, hay especialistas que hablan del mito de los dos dolores. Trata de clasificar en una u otra categoría el dolor sufrido al:

    • conocer que se tiene una enfermedad incurable
    • fracturarse una pierna en un accidente

     

    3 Redacta un relato breve sobre una persona que nunca sentía ningún dolor.

     

    4 En un dibujo del cuerpo humano, indica el lugar que corresponde a cada uno de los siguientes dolores: cefalea, lumbalgia, cólico nefrítico, dolor abdominal, dolor renal, dolor pectoral.

     

    5 Manifestamos el dolor para compartirlo. Haz una descripción del ángel de la ilustración, especificando cuáles son a tu entender los rasgos que permiten deducir que tiene una expresión de dolor.

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