• Bertolt Brecht, el inventor del teatro épico

    Retomamos este curso la página mensual que nos pone en contacto con el mundo de la literatura, de la grande y con mayúsculas, pues nos vamos a seguir ocupando de escritores cuyos nombres han quedado ya inmortalizados. Autores de diferentes lenguas y nacionalidades, y de épocas distintas, que coinciden en haber aportado obras cumbre a la literatura mundial y de todos los tiempos. Hoy son, con todo el derecho, unos clásicos que es necesario conocer porque nos servirán de guía y de referencia para asentar y para afinar nuestros gustos literarios.

    > José A. Ponte Far

    Este escritor alemán, dramaturgo y poeta, fue el creador de una de las propuestas más renovadoras del género teatral en el siglo XX. Su aportación dramática se conoce entre los estudiosos de la literatura con el nombre de teatro épico. En realidad, se trata de un teatro didáctico y político con el que pretende concienciar al público de la necesidad de transformar la sociedad. Sus ideas avanzadas, influidas por las teorías marxistas, se verán reflejadas en su literatura, tanto en su producción poética como, especialmente, en la dramática. Bertolt Brecht denuncia la violencia, la explotación, la represión, la guerra… En su teatro no encontraremos personajes heroicos, sino personas contradictorias, con su lado más humano a la vista.

    Además, rechaza el teatro tradicional porque, según él, busca, y consigue, que el espectador se identifique con la trama argumental de la obra, lo cual le va a impedir razonar y profundizar en lo que está contemplando. Para evitar este proceso, Brecht buscará el distanciamiento del espectador respecto a lo que contempla en escena, porque, lo que más le importaba no era la empatía que el público pudiera tener con un personaje, sino dejar claro que se trataba de una ficción y que, entendido esto, el público tomase una posición sobre lo que estaba viendo. Esto no quita que haya menospreciado la belleza estética del arte, sino todo lo contrario: fue capaz de generar una propia estética donde los cantos líricos, por ejemplo, fueron una notable aportación de belleza literaria.

    Para lograr ese buscado distanciamiento del espectador respecto a la trama argumental, utiliza varios recursos escénicos:

    • Construye sus obras como parábolas, contadas por un narrador que incluso anuncia lo que va a suceder para que nadie esté pendiente del desenlace.
    • Mezcla la tragedia y la farsa, la seriedad y el humor, el lirismo y la burla, además de romper la tensión dramática con canciones, comentarios dirigidos al público, carteles, etcétera.
    • Exagera la teatralidad de los actores, para que se note que están representando, fingiendo.
    • Crea una escenografía antirrealista: incluso utiliza máscaras y deja la tramoya a la vista.

    Con sus obras y la técnica teatral empleada, Brecht crea un teatro político, a la par que didáctico y ameno. Invita al público a ver una obra no ficticia, sino real, y consigue que este tome una actitud crítica respecto a lo que ha visto en el escenario, distanciándose de lo representado, convirtiendo lo visto en escena en acción y transformación social. Además de conmover los sentimientos, obligaba al público a pensar; en las representaciones teatrales nada se daba por sentado y obligaba al espectador a sacar sus propias conclusiones. Hasta el fin de su vida sostuvo la tesis de que el teatro podía contribuir a modificar el mundo.

    Trayectoria vital y literaria

     

    Bertolt Brecht nació en Augsburgo, en el estado de Baviera, (Alemania) en 1898, en una familia acomodada, hijo de un funcionario católico y de madre protestante. Ya desde pequeño se manifestó como un niño distinto, que gustaba de lo extravagante y lo diferente a las normas de su tiempo, que tocaba el laúd y jugaba al ajedrez. Destacó desde la escuela por su capacidad intelectual y por ser un estudiante brillante, pero a contrapelo de la mayoría de los de su edad. En 1917 inició la carrera de Medicina en la Universidad de Múnich, pero fue movilizado a un hospital de Augsburgo en donde ejerció de médico por las necesidades que la Primera Guerra Mundial estaba generando. Aun en estas circunstancias tuvo tiempo para escribir su primera obra teatral y para mantener una relación amorosa con una joven alemana con la que tendría un hijo en 1919. Entre este año y el siguiente escribió una obra teatral, Tambores en la noche, que es un manifiesto implacable contra la guerra, con un componente de moralidad pacifista que conmueve a los espectadores.

    A partir de este momento, 1920, Brecht entró de lleno en el mundo del teatro, viviendo ya desde dentro todo el ambiente de los escenarios. En 1922 se casó con una actriz y cantante de ópera, Marianne Zoff, con la que tendría dos hijos. El matrimonio duró unos pocos años, porque en 1926 se casó en Berlín con Helene Weigel, con la que tendría una hija. En este momento, Brecht se acababa de trasladar a Berlín, una ciudad con mucha vida artística, literaria y social.

    Allí entró en contacto con artistas socialistas que influirían en su forma de concebir el arte y la vida. Fue entonces cuando leyó a fondo El capital de Marx y se hizo comunista convencido, aunque un tanto por libre, pues nunca estuvo afiliado al Partido Comunista alemán (KPD). Su concepción del teatro fue evolucionando al mismo ritmo que su pensamiento político. En los últimos años veinte escribió Línea de conducta, Acuerdo y tal vez el más importante y poético de los trabajos de esta época: La excepción y la regla (1930).

    Pero Brecht también escribía poesía. Publicó en estos años su primer libro de poemas, Devocionario doméstico, que fue muy bien acogido por el mundo literario. Aunque su gran éxito público lo obtuvo con el estreno de su obra teatral La ópera de los tres centavos (1928), una crítica disparatada, pero muy ácida, de la sociedad burguesa. En ella está patente ese deseo del autor de educar al público, de revelarle las falsedades de un orden político, el de la República de Weimar, que había que cambiar.

    Hasta el momento en que Hitler subió al poder (1933), Brecht trabajó en Berlín como autor y director de teatro, pero a partir de ese año y a raíz de que la policía interrumpiera una de sus representaciones teatrales y los organizadores fueran acusados de alta traición, tuvo que escapar de Alemania con su familia, y después de un éxodo por Praga, Viena y Zúrich, se instaló en una pequeña ciudad de Dinamarca, donde pasó cinco años. Mientras, en Berlín, fueron quemados públicamente muchos de sus libros por los nacionalsocialistas del nuevo régimen nazi.

    Los años del exilio

     

    Los cinco años de exilio que pasó en Estocolmo y Helsinki fueron muy fecundos para su producción literaria, pero muy duros como experiencia personal, por estar fuera de su país y por las dificultades económicas derivadas de todo ello. En este tiempo escribió La vida de Galileo (1942), obra teatral en la que recrea de forma muy libre la vida del científico. Y uno de sus mayores éxitos dramáticos, Madre Coraje y sus hijos, un poderoso alegato contra la guerra, pero sobre todo contra los empresarios, grandes y pequeños, que la promueven o alientan para ganar dinero. También son de esta época El alma buena de Szechwan, en la que se plantea el difícil equilibrio que tiene que hacer un ciudadano que viva en un mundo capitalista y quiera ser recto y virtuoso. Un dilema también moral se plantea en la siguiente pieza teatral, El círculo de tiza caucasiano, en la que se disputan la custodia de un niño la madre biológica, perteneciente a la alta sociedad y que lo había abandonado, y una criada, que fue quien lo cuidó. Será el juez quien juzgue salomónicamente.

    Después de una breve estancia en la Unión Soviética, se trasladó a Santa Mónica, cerca de Hollywood, en Estados Unidos. Su intención era introducirse en el mundo cinematográfico. Colaboró con un compatriota suyo, Fritz Lang, pero los guiones que presentaba a las productoras eran rechazados. Además, en octubre de 1947 fue interrogado por el Comité de Actividades Antiamericanas, lo que le obligó a salir urgentemente del país. Su experiencia americana había sido desastrosa, aunque unos meses más tarde se estrenó en Nueva York su drama sobre Galileo. Brecht se tuvo que instalar en Suiza, pues tenía prohibida su entrada en Alemania. De hecho, terminada ya la guerra, tampoco pudo regresar a la nueva República Federal Alemana por órdenes de las autoridades de los aliados americanos. Volvería a comienzos de 1949 para instalarse en el Berlín Oriental, en la República Democrática Alemana. Fue en este viejo Berlín, todavía no dividido por el muro, donde, junto con su segunda mujer, la actriz Helene Weigel, dio vida a uno de los puntales del teatro actual: el Berliner Ensemble. El último decenio de su vida lo dedicó fundamentalmente a redactar escritos teóricos, realizar adaptaciones de obras de autores clásicos y a estrenar las propias. En 1955 recibió el premio Stalin de la Paz y al año siguiente, el 14 de agosto, murió.

    Por razones políticas, en España el teatro de Bertolt Brecht fue absolutamente silenciado. El régimen de Franco censuró cualquier tipo de representación de sus obras, de tal modo que hubo que esperar hasta 1971 para que se representase por primera vez una de ellas: fue en el Palau de la Música de Barcelona, con un montaje de Lauro Olmo y la protagonizó Fernando Fernán Gómez. El público, acostumbrado a otro tipo de teatro, acabó silbando la representación.

     

    El poeta

    Su poesía, en una gran proporción, es de corte romántico, de gran belleza formal que evidencia su gran sensibilidad. Pero tiene también una línea poética reivindicativa y reflexiva, que complementa perfectamente la visión crítica que ofrece todo su teatro. Un ejemplo puede ser este poema:

    Preguntas de un obrero que lee

    ¿Quién construyó Tebas,

    la de las Siete Puertas?

    En los libros figuran

    solo los nombres de reyes.

    ¿Acaso arrastraron ellos

    bloques de piedra?

    Y Babilonia, mil veces destruida,

    ¿quién la volvió a levantar otras tantas?

    Quiénes edificaron la dorada Lima,

    ¿en qué casas vivían?

    ¿Adónde fueron la noche

    en que se terminó la Gran Muralla

    [sus albañiles?

    Llena está de arcos triunfales

    Roma la grande. Sus césares

    ¿sobre quiénes triunfaron?

    Bizancio tantas veces cantada,

    para sus habitantes

    ¿solo tenía palacios?

    Hasta la legendaria

    Atlántida, la noche en que el mar se la tragó,

    los que se ahogaban

    pedían, bramando, ayuda a sus esclavos.

    El joven Alejandro conquistó la India.

    ¿Él solo?

    César venció a los galos.

    ¿No llevaba siquiera a un cocinero?

    Felipe II lloró al saber su flota hundida.

    ¿No lloró más que él?

    Federico de Prusia

    ganó la Guerra de los Treinta Años.

    ¿Quién ganó también?

    Un triunfo en cada página.

    ¿Quién preparaba los festines?

    Un gran hombre cada diez años.

    ¿Quién pagaba los gastos?

    A tantas historias,

    tantas preguntas.

    (A los hombres futuros)

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