• La diseñadora de las novias «millennials»

    Tras trabajar en Vogue y Loewe, la ferrolana Flor Fuertes llegó «por casualidad» al mundo de las bodas, en el que ahora es todo un referente de estilo y originalidad

    beatriz antón ferrol / la voz.

    Flor Fuertes (Ferrol, 1987) contesta al teléfono desde Madrid, recién llegada a su casa y con su pequeño Diego reclamándole atención con sonoros balbuceos. La diseñadora se estrenó como madre hace muy pocos meses, pero eso no le ha hecho levantar el pie del acelerador. «Este año tengo incluso más bodas que el año pasado, más de treinta, pero me he organizado mejor, así que en nada podré estar en Ferrol y disfrutar sin agobios de la Semana Santa y de las playas», cuenta ilusionada ante las vacaciones que le aguardan en su «terriña».

    Para quienes no la conozcan, esta ferrolana afincada en Madrid se ha convertido en todo un referente de estilo a nivel nacional y actualmente es una de las diseñadoras que más arrasan entre las novias «millenials», esas que ya no buscan vestidos pomposos ni de princesa Disney para casarse, sino que lo quieren son estilismos diferentes, originales y capaces llevar al universo ceremonial de las bodas las tendencias que triunfan en la calle.

    Y es en ese terreno, precisamente, donde ha conseguido dar en el clavo Flor Fuertes, una diseñadora que los blogs de novias ponen por las nubes y a la que atribuyen una «personalidad brutal». «Cada uno de sus trabajos tiene algo que cautiva», afirman en Le Plumeti, mientras que en Algo prestado y azul una de sus clientas se refiere a ella como «la elegancia moderna personificada».

    Pero para contar bien la historia de esta creadora que acumula likes en Instagram hay que remontarse unos quince años atrás, cuando Flor decidió abandonar su Ferrol natal para estudiar Diseño de moda en Madrid. Tras formarse en el centro dependiente de la Politécnica de Madrid y realizar una estancia en París para empaparse de experiencias y buen gusto, Fuertes consiguió que la fichasen en la revista Vogue y de ahí dio el salto al departamento de diseño de Loewe.

    En esta casa de moda de lujo aprendió todos los secretos de la marroquinería, algo que más tarde le sirvió para fundar junto a su socia Vito Castelo la firma Rockinhorses, que enseguida se hizo popular y mereció reseñas en prestigiosas revistas de moda por sus preciosas y sencillas prendas de piel. «Fue una aventura muy bonita, pero no nos daba para vivir, así que al final no nos quedó más remedio que dejarlo», rememora Flor.

    A la joven ferrolana la tentaron entonces con una oferta para trabajar como diseñadora en El Corté Inglés y fue durante su estancia allí cuando le surgió su primer encargo para una boda. «Se puede decir que yo me hice diseñadora de novias por casualidad. Dos amigas que se iban a casar me pidieron como favor que les hiciese su vestido, a partir de ahí me empezaron a llegar más encargos y fue así como comenzó todo», explica Flor, quien no se olvida de resaltar el papel que jugaron algunos blogs en su repentina popularidad.

    «Me acuerdo sobre todo de una publicación que salió en el blog Casilda se casa, porque fue salir ahí y empezar a recibir peticiones de citas y encargos sin parar», recuerda la diseñadora.

    Aquello fue a mediados del 2017 y, desde entonces, Flor Fuertes no ha dejado de recibir a nuevas clientas en su taller madrileño, donde intenta que todas las novias se sientan como en casa. «Normalmente ellas me cuentan lo que quieren y entonces yo les hago dos propuestas: una más próxima a su idea y otra en la que soy más yo... Y en base a eso decidimos», explica.

    Muchas terminan eligiendo la propuesta más arriesgada, la más Flor, porque, echando mano de la imaginación y de cortes y telas que no se suelen usar en los vestidos de novia -como el lino, la seda rústica o los tejidos lavados-, esta diseñadora tiene el don de seducir a las novias con creaciones modernas y muy originales. «Me gusta hacer vestidos distintos, diferentes, porque hay mil opciones, así que... ¿por qué no probar cosas nuevas?». Ella misma optó por un diseño rompedor para su boda, un vestido camisero desestructurado... Y, como todas sus novias, dejó a boquiabiertos a todos los invitados.

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