• Los doce elefantes rojos

    Una caravana de doce autobuses diseñados por el arquitecto de sueños Harley Earl recorrieron, en los años 40 y 50, miles de kilómetros exhibiendo los últimos avances en ciencia y tecnología del gigante constructor de automóviles General Motors. Era una especie de salón tecnológico itinerante que acercó el futuro a millones de hogares rurales de EE.UU, México y Canadá.

    Óscar Ayerra

    Solo se construyeron 12 unidades y una de ellas fue subastada en el 2015 por 3 millones de euros. Lo que puede parecer un precio desorbitado por un autobús, posiblemente deje de serlo si descubrimos que este vehículo no solo forma parte de la historia estadounidense de mitad del siglo XX, sino que representó, como pocos automóviles, un momento único como fue el de los autos de ensueño o dream cars y que, además, fue creado por uno de los diseñadores más brillantes de vehículos del siglo XX, Harley Earl, el padre del Corvette o del Chevrolet Bel Air entre otros muchos vehículos. Con estas premisas, posiblemente ya no sea tan descabellado el dinero que un empresario americano desembolsó por uno de estos 12 elefantes rojos, como se les llamó en aquellos tiempos.

    CARAVANA DE AUTOBUSES

    La idea había surgido de uno de los vicepresidentes de General Motors (GM), primer productor mundial de automóviles, cuando visitaba en 1933 una exposición de tecnología en Michigan. En lugar de tener que viajar hasta una exposición, era mejor llevar la exposición a las personas. Así es como nacía este Desfile del Progreso, así se publicitó esta gran caravana que llegó a ser un éxito de márketing promocional de todos los productos GM. En ella se exhibían desde televisores o microondas para cocinas hasta motores a reacción, pasando por demostraciones tecnológicas y por supuesto los últimos diseños de automóviles. Los autobuses servían como escaparates rodantes que al llegar a cada ciudad atraían a los ciudadanos como los circos lo llevaban haciendo durante años, con un gran desfile de luz y color.

    Una vez decidida la ubicación, desplegaban todo el contenido tecnológico durante al menos una semana, incluso contaban con una gran carpa de exposiciones con capacidad para casi 1.000 personas. Una especie de parque temático futurista donde los visitantes descubrían entusiasmados decenas de sorpresas tecnológicas. Los 12 Futurliners, nombre oficial, eran los actores principales de la gran campaña publicitaria. Más de 10 millones de personas visitaron sus expositores en las más de 300 ciudades y pueblos que recorrieron.

    OCHO AÑOS DE VIAJES

    La gran gira duró 20 años entre 1936 y 1956, pero con un parón intermedio de doce años debido a la entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial, en diciembre de 1941.

    Al comienzo de la primera etapa, en 1936, se acondicionó una flota de ocho autobuses Streamliner, un modelo con un diseño algo anticuado, por lo que se decidió prescindir de ellos tres años más tarde y sustituirlos por los Futurliner, más grandes y rápidos. Su diseño se ajustaba a la perfección con la idea de futuro que se quería transmitir.

    En 1939 aparecían en escena estos doce nuevos gigantes. Construidos por la división Pontiac, tenían 10 metros de largo y 3,3 de alto. Sus 15 toneladas no pasaban desapercibidas. Contaban con ruedas dobles en sus cuatro esquinas y un motor diésel de cuatro cilindros que solo alcanzaba 60 km/h de velocidad máxima. Era lento, pesado y ruidoso. En 1941, con el conflicto europeo, se aplazó la gira hasta 1953, momento en que se aprovecha para realizar a cada uno de los doce buses una gran puesta a punto, con nuevos motores de 6 cilindros y un nuevo sistema de transmisión de 24 velocidades. A pesar de contar con 400 caballos, su velocidad punta apenas supera los 70 km/h.

    Sin embargo, la gran feria rodante en esta período solo duró tres años: uno de los inventos, la televisión, que ellos mismos impulsaron, les iba quitando su papel promocional. Las exposiciones dejaron de tener el interés de años anteriores hasta que finalmente, a mediados de 1956, su viaje terminó.

    OTROS USOS

    Poco a poco estos autobuses fueron cambiando de función. Uno sirvió varios años como coche de seguridad para la policía estatal de Michigan en los años 60, otro como escenario móvil para un predicador hasta 1970, incluso otra unidad sirvió como asistencia en carretera de Cadillac. Sin embargo paulatinamente fueron deteriorándose hasta ser apartados o incluso abandonados.

    NUEVE SUPERVIVIENTES

    En los años 70, un apasionado de los vehículos de los 50 y 60, Joe Bortz, descubre cinco unidades en pésimo estado y decide rescatarlos del desguace. En 1985 decide venderlos a diversos coleccionistas salvo la unidad número 10 que la dona al Museo de Automóviles y Camiones de EE.UU. (Natmus), entidad que, gracias a un grupo de entusiastas, decide restaurarlo por completo entre 1999 y 2008. Las otras cuatro unidades fueron apareciendo hasta completar la lista actual. Algunas restauraciones son muy cuestionables, como por ejemplo el bus número 5, que se ha convertido en una especie de grúa portacoches; otra ha cambiado de color promocional. En otras, sin embargo, se ha respetado su originalidad, como la que se vendió en el 2015. Incluso todavía existe una que se subastó hace unos años sin acometer ningún tipo de actuación por 300.000 euros. Actualmente dos unidades se encuentran en Europa, una en Suecia y otra en Alemania, que en 2018 han comenzado a ser restauradas siguiendo los procesos técnicos de los años 50.

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