• Mandan la huerta, la plaza y el calendario

    Al responsable del local, Javier Nóvoa, le gustan los guisantes. El concepto. Seguramente también a los clientes, se dijo.

    PEPE SEOANE

    La oferta del Amador se ajusta a los productos de temporada, aunque, en el caso de esta leguminosa, se toman en consideración los beneficios de la congelación en momentos de abundancia y alta calidad. Javier controla la huerta en un radio generoso y eso ayuda con el guisante, aunque también con tomates y cebollas. Casa de guisos tradicionales, es un lugar donde se puede tomar una xurela al horno cuando la plaza lo permite, chinchos fritos, zorza en tiempo de frío y matanzas, caza, lamprea cuando lo sugiere el calendario, cordero, o congrio, naturalmente con guisantes. La oferta tiene dos de sus banderas en el bacalao y los grelos gratinados, clásicos de todos los días, como lo es el cocido cuando el termómetro aconseja presentar ese plato a la clientela, que aquí busca sabores de siempre.

    Por situarnos, quédese el lector con que en 1911, año arriba o abajo, la abuela de Javier ofrecía en su tasquiña ?limitada a la actual entrada? huevos cocidos, sardinas y licor café a quienes en el exterior jugaban a la chave. Añada que desde los sesenta, Amador, el padre, ganó espacio y amplió horizontes, después de años de experiencia en fiestas, aquí y allá, precursor con sus modestos medios de eso que ahora llaman food trucks, entonces más comida y poco camión. En 1998 llegó la tercera generación. Y ahí sigue.

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