• El bus urbano tiene que ser el rey de la calle

    Javier Becerra

    Toca visitar a los abuelos con los niños. Primera opción, caminar. Hay que subir la cuesta de Pla y Cancela con solo un carrito. Acabaría echando el alma por la boca. Descarto. Podría ir en coche. ¡Buff! Plegar el carrito. Colocar a cada enano en su sillita. Llegar. Buscar un buen rato sitio. Terminar aparcando lejos. Sacar a los niños. Desplegar carrito. Y, aún así, andar un rato. Paso también. Al final elijo el bus urbano. Con la Millenium sale económico. Los peques no pagan y para ellos lo del bus aún es una aventura.

    Llego al destino. ¡Sorpresa! Es un decir, claro. Por enésima vez hay coches aparcados en la parada de la avenida de los Mallos 11. El bus no puede acercarse a la acera y extender la rampa. Tengo que bajar a pulso el carrito. Me supone un esfuerzo. Lo asumo. ¿Y si fuera un anciano que le apetece llevar a su nieto ¿Y una persona en silla de ruedas? ¿Y otra con bastón a la que le cuesta un horror bajar ese medio metro de escalón que hay entre la puerta del bus y la calzada? Todos los viajeros conocemos la respuesta. Me pregunto si el que deja su turismo estacionado allí la sabe. O, directamente, pasa de todo.

    La situación descrita se produce a diario en decenas de paradas de la ciudad. Los conductores del bus se resignan. No se puede trabajar en estado de cabreo permanente. En la avenida del Ejército, al lado de la delegación de La Voz de Galicia, no se recuerda la parada sin coches. A veces, incluso está el dueño del mismo dentro. Llega el bus. No se aparta. Nadie le recrimina. Se asume que su recado o lo que sea tiene prioridad sobre el transporte colectivo. Un día colgué en Twitter una foto quejándome del hecho. Uno me contestó: «Seguro que eres el típico amargado que no tiene dinero para un coche». Triste pero cierto.

    La solidaridad de los viajeros, ayudando, suple la desastrosa mezcla de incivismo y falta de control de la Policía Local. A veces, incluso es el responsable del bus quien tira de freno de mano, baja del vehículo y ayuda a un anciano. Yo lo vi. Una escena tierna, sí. Pero propia de una ciudad atrasada, en la que el coche particular manda por encima de todo.

    El bus urbano debe reinar. Ha de ser el león que mande en la calle para que no sea una selva. Máxime ahora, que el transporte metropolitano entrará en el corazón de A Coruña. La eliminación del carril bus (cuyo trazado podría ser discutible, eso sí) y la idea de «vaya con el coche al centro, que hay párking exprés» fue un error. Incide en esa mirada equivocada de prevalencia de lo individual. Toca enmendarla. Pero antes hay que hacer eso que ningún gobierno local quiere hacer: vigilar y sancionar a quien incumple. Ganaría la colectividad. A Coruña sería mejor. Aunque, eso sí, se pierdan unos votos de inicio. Deberían retornar doblados a la larga.

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