Artículos deÁ. M. Castiñeira

Una numerosa partida de rebeldes acaba a machetazos con un grupo de soldados españoles. El gallego Jerónimo Blanco cuenta cómo sobrevive gravemente herido

El «conjunto de caperuzas, alas, plumas, pájaros, flores e increíbles perifollos» que pueblan los teatros encienden una «batallona cuestión»: ¿Sombrero sí o sombrero no?

Tres ladrones madrileños se instalan en A Coruña para preparar durante semanas un robo en una joyería. El trabajo sale a pedir de boca, no así la huida

Con el cambio de siglo estalla en Galicia la revolución del transporte de viajeros: aparecen las diligencias con motor. Son rápidas y cómodas... si no hay percances

Cuadrillas formadas por mujeres asombran a un público que acude a las plazas a reírse de la «mojiganga» y acaba desengañado, entregado y ovacionando

Un mal golpe de mar echa a pique la «Pepita» cerca de Fisterra. Días después, uno de sus cinco tripulantes vuelve de entre los muertos de la forma más inesperada

Antes de que la profesión «fuese elevada a categoría superior», muchos odontólogos se ganaban la vida de pueblo en pueblo «a fuerza de oratoria, tirones y tajos»

La fabricación y la distribución de pesetas de pega y «duros sevillanos» a cargo de monederos que trabajaban al margen de la ley florecía en toda Galicia

Los coruñeses descubren espantados unos «hechos escandalosísimos»: un grupo de desaprensivos exhuma reses muertas para introducirlas en el mercado

Ajeno a las modernas máquinas de limpieza, un ejército femenino se emplea a diario en «algo retrospectivo y arcaico», aunque «perdurable por luengos años»

¿Cómo averiguar si alguien es cura? Con un examen de lenguas muertas, por supuesto. Un viajero que dice ser sacerdote persa paga cara la lógica policial del XIX

Allí donde se producía el naufragio, Juan Varela, «fuerte como un roble, animoso, modesto», se sumergía para reparar y reflortar cascos que todos daban por muertos

El mediático crimen de la calle de Fuencarral inspiró una sátira protagonizada por el bulldog de la víctima, el único que había escapado a la persecución de los periodistas

En julio y agosto, meses inhábiles para según qué clases, bullen de gente las quintas, las casas de baños y los balnearios, convertidos en centros de la crónica social

Un reportero y un dibujante guían al lector por una conservera para mostrarle qué hay tras esa peste que debe de ser como la de una «gran fritura de almas perdidas»