El textil gallego recolocará a un millar de parados como asistentes sociales

ECONOMÍA

La intención es formarlos para cubrir los empleos que surjan con la implantación de la Ley de Dependencia

02 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Los trabajadores gallegos despedidos de la industria textil son los primeros parados gallegos que optan a las ayudas que concede la Unión Europea (UE) para recolocar a afectados por la deslocalización industrial. Xunta, empresarios y sindicatos tramitan la petición de Fondos de Adaptación a la Globalización para los 500 primeros beneficiarios de un colectivo profesional que ya suma más de 2.000 desempleados, la mayoría mujeres.

Precisamente, el hecho de que una gran parte de la mano de obra afectada sea femenina es el principal argumento al que recurre la comisión encargada de redactar la solicitud de ayudas a Bruselas para presentar un plan de empleo que prevé la utilización de los fondos comunitarios en formación para su posterior recolocación en trabajos relacionados con la asistencia social que se generen con la progresiva aplicación en Galicia de la Ley de Dependencia.

Bruselas exige que la ayuda obtenida -hasta 5.000 euros por trabajador- deberá destinarse a cursos de orientación, preparación para nuevas carreras profesionales, formación general y específica, apoyo a equipos especializados e incentivos a la búsqueda activa de empleo, y a la reintegración laboral que permitan que las víctimas de la deslocalización textil se reincorporen al mercado de trabajo mediante ayudas comunitarias compatibles con los subsidios nacionales de desempleo.

La UE impone como requisito un mínimo de mil despedidos en total de un sector de una o más comunidades autónomas limítrofes para conceder la subvención solicitada. El textil es, junto con la automoción, uno de los sectores que mejor encajan en el perfil trazado por Bruselas, ya que la mayor parte de los despidos registrados guardan relación con la deslocalización de la actividad productiva -en el caso de los talleres de confección- y de la competencia directa ejercida por los países de bajo coste, como consecuencia de la globalización.

La caída del consumo provocada por la crisis ha asestado también un duro golpe al sector, que reconoce grandes dificultades para llegar al cliente como consecuencia del progresivo cierre en España de los establecimientos multimarca y el avance de las grandes superficies y cadenas de moda.