La Unión Europea lleva años preparando una profunda reforma de su política agraria común (PAC), pero la crisis de los precios de los alimentos, que padecen los consumidores, y el incremento de costes, que sufren los productores, ha irrumpido en escena en el momento preciso en que los Veintisiete empiezan a debatir el giro que quieren dar a sus ayudas agrícolas, que consumen cerca del 40% de su presupuesto total.
La comisaria de Agricultura, Marianne Fischer Boel, presentará hoy su propuesta de reforma de la PAC, que pretende liberalizar la producción de alimentos y recortar las ayudas a los campesinos al objeto de aumentar la oferta y reducir los precios. Ayer, los ministros de Agricultura se reunieron en Bruselas y, aunque en teoría aún no conocen el texto, empezaron a deslizar los argumentos con los que pretenden forzar que la reforma se ajuste a los intereses de sus países.
Cuotas lácteas
A grandes rasgos, la solución que maneja Fischer Boel pasa por eliminar los límites a la producción lechera y acabar en seis años con las cuotas lácteas; recortar las ayudas directas que reciben los agricultores e invertir más en políticas generalistas de desarrollo rural y protección medioambiental; desligar las subvenciones del tipo de cultivo al que están dirigidas; y aumentar la superficie mínima exigida para que una explotación tenga posibilidades de recibirlas. ? La ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, planteó a sus colegas la necesidad de incluir en la reforma de la PAC el debate sobre los precios de los alimentos, así como el deber de garantizar que Europa y sus ciudadanos dispongan de un sistema estable y sostenible para producirlos a costes razonables. Y todo ello teniendo en cuenta que la crisis alimentaria es global y afecta especialmente a los países subdesarrollados.
Espinosa no quiso adelantar en qué aspectos centrará España una negociación que podría extenderse durante meses, pero sí dejó entrever que se opondrá a que el recorte en las ayudas directas a los pequeños agricultores sea demasiado severo, y que el desacoplamiento de las subvenciones afecte a producciones sensibles.
Desregularización
«No siempre la desregularización soluciona los problemas del mercado», dijo la ministra, quien alertó de que el desacoplamiento, en el caso de determinadas producciones, podría tener efectos muy negativos. La Comisión cree que desligar las ayudas flexibilizará la actividad agraria y permitirá a los campesinos producir en función de la demanda del mercado. Pero España estima que algunos sectores, como el vacuno de carne o algunos cultivos de cereales, podrían incluso desaparecer.