El curso 2009/10 pasará a la historia del Celta como la temporada de la cantera y la vuelta a los orígenes. Cuando todavía no se ha llegado al final de la primera vuelta Eusebio Sacristán ya ha hecho jugar a trece jugadores gallegos y un décimo cuarto, Álex López ha entrado en la última convocatoria aunque no llegó a jugar. Del primer equipo tan solo queda por debutar el lesionado Borja Oubiña, el estandarte que abrió el camino.
La Copa del Rey ha sido el gran banco de pruebas. Jugadores como Túñez, Toni, Víctor o Mateo se han estrenado con los mayores en el torneo del KO. En la gesta de la eliminación del Villarreal, el técnico pucelano llegó a utilizar a nueve jugadores gallegos a lo largo del encuentro. Ocho de ellos, a excepción de Roberto Trashorras, que fue formado en La Masía, productos de la factoría de A Madroa.
El Celta llega a la solución de la ecuación por un triple motivos. El primero, la necesidad de mirar hacia la base para burlar la ruina económica en que se sumió el club en los días de talonario y grandes fichajes y en donde encontrar un canterano era como hallar la piedra filosofal.
El segundo aspecto alude a una filosofía de club. Eusebio se ha contagiado de los dictados de Guardiola y se ha convertido en el gran defensor de la cantera. Y, aquí entra el tercer aspecto, se ha encontrado con una generación de oro, con jugadores que han llevado al filial a la antesala de la promoción y juveniles que colocaron al equipo en la final del campeonato de España.