Con tres puntos, Filipe cerró la herida. Riazor lo vitoreó como antes de que el brasileño sufriese el típico flechazo veraniego y declarase su amor al Barça. Entre el enfado y la aclamación medió un gol de tronío: desde 25 metros, Filipe Carlos (perdón, Luis) proyectó un balón a la escuadra de Munúa, que esta vez iba con los otros. Con ese tanto se reivindicó ante la afición y ante Dunga, y el Dépor firmó a última hora su primera victoria liguera.
El equipo coruñés amaneció amodorrado en defensa, especialmente por el flanco de Filipe, por donde el Málaga intentó y logró llegar a Aranzubia. En ataque, no aplicó de inicio la receta del Bernabéu, como había anunciado Lotina, sino una más clásica: el tradicional cuero a la olla. Aranzubia, Lopo y los laterales cayeron en la fácil tentación de facturar los balones a Riki, que en vez de pelotas al final pedía aspirinas, del dolor de cabeza que le levantaron. No solo le produjeron molestias sus compañeros: colaboró Turienzo Álvarez, que lo amargó con decisiones equivocadas. Tiene Riki reconocida querencia a retozar por la hierba, pero no siempre por gusto, como pensó el colegiado, que se marchó abroncado al descanso por sus resistencia a señalizar las faltas sobre el madrileño. A veces, el mejor defensa es un mal árbitro, y de eso se benefició el Málaga.
Pese al estrecho marcaje de Turienzo, el madrileño fue el más entonado del Dépor en el primer tiempo junto a su socio Valerón, con el que conectó en tres acciones que opositaron al gol. Con los laterales encogidos en ataque y los pivotes centrados en el trabajo sucio y renegando de la organización, el combo coruñés solo tocó música de gol cuando El Flaco encontró a El Piscinas y cuando Guardado rompió por banda y peló dos plátanos que se encontró Pablo Álvarez en el área. El primero lo cabeceó con furia, pero Munúa replicó con el estiramiento felino de la tarde.
En el segundo acto, Valerón pillo una pájara. Sin ningún arquitecto en el eje, pues Juca y Juan son peones muy cualificados, el Dépor languideció. Al menos el Málaga no llegaba, pues Juan y Lopo echaban el pestillo. Intentó Lotina la reanimación con Adrián, que entró por Pablo, y se colocó en punta. El asturiano dio empuje a un equipo que siguió adoleciendo de un pensador. A la desesperada, Lotina cocinó la receta «menestra de delanteros» y acabó dando bola también a Lassad y Mista, que entraron por Riki y Valerón. Tantos puntas en cancha y acabó anotando un lateral.
Con 1-0 a falta de un suspiro, el equipo coruñés no supo dormir el partido. Le tentó demasiado el segundo gol, quizá porque había mucho atacante en el verde. Con el equipo local descolocado y por momentos pardillo, Obinna y Baha perdonaron el empate en el área pequeña en las que fueron las ocasiones más claras de un partido en el que el Dépor se llevó tres puntos cuando solo contaba ya con uno.