Así es dormir junto al histórico castillo de Lorca y sobre una de las sinagogas mejor conservadas de España
Con una construcción de nueva planta integrada en un recinto monumental, el Parador de Lorca se levanta sobre una sinagoga del siglo XV descubierta durante las obras, y convive con las murallas almohades y la Fortaleza del Sol.
El contacto de civilizaciones, el flujo del conocimiento y la circulación de ideas ha producido uno de los fenómenos más llamativos de la historia. En determinados lugares podemos ver cómo distintos pueblos, con distintas ideas, religiones, y costumbres, han influido unos en otros. Lorca es una de las ciudades donde las poblaciones musulmanas, judías y cristianas han dejado una huella imborrable que alcanza nuestros días. Desde sus calles encantadoras hasta la Torre Alfonsina, que mandó construir el rey Alfonso X el Sabio, Lorca desprende cultura y mestizaje.
El Parador de Lorca se inauguró en 2012 y es el único de la Región de Murcia. Su construcción está ligada a la historia por una razón: durante esta se descubrieron los restos de una sinagoga que han cambiado lo que sabemos sobre la presencia judía en España. Los huéspedes no nos alojamos únicamente en un hotel moderno con bellas vistas, sino que, además, caminamos entre los vestigios de un enclave en el que convivieron las tres culturas.
Y es que las excavaciones previas al Parador desvelaron un hallazgo inesperado. “Cuando empezaron a documentar los restos históricos que aparecían se dieron cuenta de que pertenecían a la civilización judía”, explica Pedro Carreño, el director del Parador de Lorca. Pedro cuenta que “a raíz del descubrimiento de la sinagoga se supo que la población judía se asentó en los restos de la civilización musulmana”. Resulta aún más llamativo por cuanto se trata de una judería del siglo XV en un estado de conservación único y que nunca se reconvirtió en templo cristiano tras la expulsión de los judíos en 1492.
Esta hermosa sinagoga conserva varios aspectos de la arquitectura hebraica intactos, como el hejal, el armario donde se guardaba la Torá; y la bimá, el púlpito desde donde el rabino leía los textos sagrados. Pedro Carreño comenta que “es una zona que llama mucho la atención, ya que te transmite toda la historia que está relacionada con este lugar”. El Parador está ligado a este descubrimiento, pues durante las excavaciones se recuperaron más de 2.600 fragmentos de vidrio con los que se reconstruyeron 27 lámparas que iluminaban el templo, así como yeserías decorativas, azulejos y cerámica. El conjunto demuestra la prosperidad que había alcanzado esta comunidad hasta el siglo XV.
La sinagoga, sin embargo, no es el único tesoro que alberga el Parador. El recinto incluye un aljibe islámico que fue utilizado como polvorín en el siglo XIX o la muralla almohade del siglo XIII que fortificaba la medina de Lurqa. La Torre Alfonsina, por su parte, es símbolo de la ciudad; y la ermita de San Clemente, que además es el patrón de la ciudad, completa el paisaje multicultural.
“Es cierto que uno goza de una agradable sensación difícilmente explicable cuando, desde la terraza, contempla las vistas de Lorca, del valle y del horizonte. Parecería que uno está al mismo tiempo cerca y lejos”
El Parador, que podría considerarse un nexo entre la historia y la modernidad, entre la comodidad y el legado, ha acondicionado su interior para que se pueda disfrutar de los restos desde dentro. De hecho, cuenta con salas desde donde se puede contemplar su riqueza patrimonial. ¿Una forma de disfrutarlo todo con las comodidades que ofrece un alojamiento como este? Pedro Carreño lo tiene claro: “El Patio Estrellado es la terraza del Parador y cuenta con unas vistas espectaculares y una estructura que evoca tanto el cielo nocturno como los yacimientos que nos rodean”.
Desde 2019, gracias al patrimonio tan singular que lo rodea, Lorca forma parte de la Red de Juderías de España “Caminos de Sefarad”. Como es lógico, ningún interesado por la historia puede perderse este recorrido.
La magia que recorre el Parador también pasa por su ambiente cálido y cómodo. Construido con una estructura antisísmica, cuenta con 76 habitaciones que se distribuyen en torno a los yacimientos. En este ambiente histórico, la decoración destaca por colores suaves que transmiten una atmósfera de tranquilidad. Uno de los elementos principales es el mural de pizarra que se ubica en los salones polivalentes, compuesto por tres piezas de piedra de Calatorao talladas por Laureano García, que reproducen distintas vistas del castillo de Lorca. Además, en el Parador hay una colección de arte contemporáneo cedida por ARS FUNDUM, más de 15 obras del siglo XXI de artistas nacionales e internacionales, pintura y fotografía, en la que destacan nombres como Juan Manuel Castro Prieto o Marina Nuñez, entre otros.
Las recomendaciones de los que más saben...
RESPONSABLE DE EVENTOS
Amelia García
Trabajadora en el parador de Lorca
JEFE DE RECEPCIÓN
Ginés Ros
Trabajador en el parador de Lorca
GOBERNANTA
Kelly Guaranda
TrabajadorA en el parador de Lorca
Es cierto que uno goza de una agradable sensación difícilmente explicable cuando, desde la terraza, contempla las vistas de Lorca, del valle y del horizonte. Parecería que uno está al mismo tiempo cerca y lejos. Tiene a la vista un precioso atardecer —o amanecer— y el tiempo reduce su velocidad, cuando nos da la tregua necesaria para disfrutar de un buen libro, un refresco o del silencio. Luego o antes, puede disfrutar de la piscina o del spa que incluyen las instalaciones. “Es ideal para reconectar con el cuerpo y darnos un descanso revitalizador”, apunta Carreño.
Lorca: la reunión de tres culturas
Bajo el castillo se halla la ciudad. Es monumental y atesora un patrimonio que merece la pena descubrir en un agradable paseo. En Lorca se atesora un arte excepcional, el bordado. La Semana Santa lorquina, acreditada como fiesta de Interés Turístico Internacional, destaca por sus Desfiles Bíblico Pasionales, en los que sacan a la calle mantos bordados en oro y seda que erigen como obras de arte. Además, algunas de estas piezas se han declarado Bien de Interés Cultural. Por suerte, el visitante puede apreciarlas en cualquier momento, ya que se exponen durante todo el año en los museos del Paso Blanco y del Paso Azul. El primero alberga más de 1.500 piezas bordadas a mano. El segundo, ubicado en el Convento de San Francisco es aún mayor. Cabe decir que es candidato oficial a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Sea como fuere, los bordados desprenden una finura y una elegancia que harán las delicias de cualquiera. Lorca también posee la colegiata de San Patricio, que es el edificio religioso más importante de la ciudad, el Palacio de Guevara, cuya fachada barroca es prodigiosa y el Museo Arqueológico, que exhibe una gran parte de los objetos que se encontraron en la judería, como las lámparas y la cerámica.
Caravaca de la Cruz, la ciudad santa
A menos de una hora del Parador de Lorca podemos visitar Caravaca de la Cruz, una de las cinco ciudades santas junto a Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana. Fue el Papa Juan Pablo II quien, en 1998, permitió a Caravaca celebrar un Año Jubilar cada siete años. El último fue en 2024. Los miles de peregrinos acuden a venerar la Vera Cruz, una reliquia que, según la tradición, contiene un fragmento de la cruz donde fue crucificado Jesucristo. El santuario de la Vera Cruz se construyó en el siglo XVII sobre una antigua fortaleza medieval. Y cuenta con una fachada de mármol rojo absolutamente impresionante.
Caravaca de la Cruz, sin embargo, es mucho más que un destino religioso. Su barrio medieval contiene pequeñas plazas escondidas, restos de murallas almohades y otros edificios de gran valor, como la iglesia renacentista de El Salvador, considerada una joya de la arquitectura murciana. Al igual que la iglesia, es imprescindible la parroquia de la Concepción, de una techumbre mudéjar que merece la pena admirar.
En mayo, Caravaca de la Cruz celebra las Fiestas de los Caballos del Vino, declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2020. En esta celebración se recrea una leyenda templaria en la que los caballos suben, engalanados, a toda velocidad hasta el santuario. Una tradición que, por otra parte, surge en la Edad Media y llega hasta nuestros días.
Hoy comemos…
En términos gastronómicos la Región de Murcia suele considerarse la huerta de Europa, pues es de las más fértiles del continente. Esto tiene implicaciones evidentes. En los fogones, es tan importante la técnica como la calidad de la materia prima; y en el Parador de Lorca se unen ambos para presentar una carta equilibrada, y con una propuesta que respeta la tradición al mismo tiempo que ofrece sorpresas. Alejandra Rodríguez es sorprendentemente joven y cuenta con diez años de experiencia. Esta paradoja se explica porque su padre regentaba un restaurante de la zona y fue ella quien acabó tomando las riendas del establecimiento, lo que le brindó la oportunidad de curtirse rápidamente en el oficio. Pero hay que remontarse mucho antes, ya que desde niña se sintió atraída a la cocina. “Yo siempre preguntaba cómo se hacían las cosas y todo eso se me quedó”, explica. Alejandra reconoce que la armonía es fundamental en una carta. “Cuando trabajaba con mi padre siempre había debates a la hora de introducir platos más atrevidos que yo proponía. Hay que encontrar un punto intermedio entre las recetas tradicionales y presentarlas de una manera menos habitual, pero siempre con mucho respeto por el cliente ”, cuenta.
Su relación con la cocina es plenamente vocacional —además de un gusto muy marcado por la repostería— y lo resume de la siguiente manera: “La cocina es perseverancia y experiencia”. Bajo la premisa de esta dualidad presenta una carta que cambia según la temporada. Con ella recorremos un menú que representa lo mejor que puede ofrecer la gastronomía regional. Los raviolis de chato murciano. El chato es un cerdo local de Lorca. Estos raviolis son crujientes por fuera y sabrosos por dentro (muy sabrosos). Con una cocción de dos o tres horas y desmenuzado de forma manual, estos raviolis acompañados de puré de boniato es una elaboración finísima y contemporánea de un clásico local. La ensalada murciana es un plato muy arraigado en la región que aúna sencillez y buena ejecución: tomate pera, huevo cocido, atún, encurtidos y cebolla; es una armonía de acidez, dulzor y salinidad. El zarangollo reinterpreta un plato de subsistencia a base de calabacín, cebolla, patata y huevo. En estos dos últimos platos, la huerta murciana expresa su calidad. Del mismo modo que esta es incontestable, lo es igualmente el pescado. En este caso, un bacalao con fritada y alioli con almendra. Es una propuesta reconocible y potente. Por último, para los amantes de la carne, como quien esto escribe, el solomillo es delicioso. Si hay hueco para el postre —y bien hará el comensal en asegurarlo— los paparajotes son el postre por antonomasia de la Región de Murcia. Se recubre una hoja de limonero con una masa elaborada a partir de huevo, leche, harina, azúcar, canela y levadura. Alejandra los sirve con una crema de limón y una bola de helado de limón. El final perfecto surge con un agradable aroma cítrico y una suave y mullida masa.




Santiago Molina














