En ocho años ya se han cortado 31 árboles en O Castro
Vigo ciudad
El informe técnico sobre los últimos ejemplares que serán talados en el parque vigués carece de explicaciones precisas
23 Nov 2025. Actualizado a las 05:00 h.
Nuestro sufriente arbolado urbano se despertaba esta semana con el anuncio de una nueva tala masiva, en este caso 13 ejemplares de gran porte en el parque de O Castro. En esta ocasión el proceso de tala de árboles de gran porte en Vigo, que ya es algo cotidiano, se acompañó de dos novedades. Por una parte, el anuncio, en contra del procedimiento habitual de los hechos consumados y, por otra, que se acompañase de un informe técnico justificativo. Ambas cosas, no obstante, pueden matizarse.
En primer lugar, se trata de la crónica de una tala anunciada, porque ya hace seis años el Concello taló 15 ejemplares en el entorno de la muralla. En aquella ocasión la justificación técnica para la tala fue «porque sí» o, más exactamente, porque desde el gobierno municipal se iniciaba un proceso encaminado a despejar ese molesto arbolado que tapaba las vistas de la muralla. La idea venía siendo que esos indisciplinados árboles habían confundido libertad con libertinaje y, a su libre albedrío, habían decidido hacer lo que hacen los árboles: crecer. Este anarquismo forestal tuvo como consecuencia que la ciudadanía, en lugar de ver las preciosas murallas de la fortaleza (tras una «limpieza» de esa flora y fauna rupícola amenazada que los botánicos y zoólogos consideran de enorme importancia para la conservación de la biodiversidad) lo que veían eran… árboles. Una indisciplina que la motosierra municipal se apresuró a corregir.
En aquel plan de 2019 ya se contemplaba, además de la tala, la poda de más de cincuenta árboles que, aunque no estaban pegados a la muralla, de alguna manera «tapan» sus vistas y, en la denominada segunda fase de intervención, se dice que está destinado «a mejorar las condiciones de visibilidad hacia y desde la fortaleza. En algunos casos reduciendo la altura de copa y en otros reduciendo la densidad del ramaje». Cosa que sabemos a lo que se traduce en la práctica. Como decía el agente Deckard en Blade Runner «esto no se llamaba ejecución, se llamaba retiro». ¿Y cuál es el objetivo final de todo esto? Como no podría ser de otra forma en la ciudad de la luz LED: instalar una iluminación ornamental de las murallas con luces que cambien de color. Parafraseando a Deckard «no se le llamó contaminación lumínica, se le llamó poner muchas luces de colores».
Por lo tanto, el informe presentado parece, más bien, la justificación técnica a una decisión política ya tomada hace años. Dicho informe carece de explicaciones precisas sobre el origen y las causas de las enfermedades de los árboles, si se podrían someter a tratamientos fitosanitarios o son irreversibles, o si los procesos erosivos de los taludes tienen que ver, precisamente, por la falta de cobertura vegetal y los desbroces continuados en laderas con riesgo de erosión, o si las especies que se van a sustituir se eligen con criterio ecológico o la prioridad es que no «tapen las vistas» y un largo etc. En cualquier caso argumenta el concello que se talarán «solo» 13 árboles pero que a cambio se plantarán 25 en O Castro.
El balance suena bien, pero también se puede matizar. Según el mapa interactivo de talas en el parque de O Castro elaborado por Ecoloxistas en Acción, desde 2017 se han talado en O Castro 31 árboles de gran porte, que serán 48 con estas nuevas talas anunciadas. Si a cambio plantamos la mitad, y con arbolitos pequeños, nuestra perdida tanto de arbolado como de masa forestal sigue aumentando en paralelo al aumento de la mala calidad del aire que respiramos y a los efectos de la emergencia climática en la ciudad. Todo está relacionado.