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Ocultar el problema, retrasar las medidas, perjudicar a la gente

La Voz de Galicia
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Una cosa es sufrir un retraso en una obra y otra gestionar de la peor forma una crisis que afecta a miles de personas, afea la proyección de la ciudad y priva de un empujón a la hostelería del entorno del estadio. Cuando se anunció un gasto de más de siete millones de euros del dinero de todos en las cubiertas de Riazor, el gobierno coruñés apeló al símbolo que supone el campo como atractivo turístico. Más allá de la hipérbole, porque el estadio permanece cerrado todo el año a las visitas, y de que la obra de los fondos se queda en una rehabilitación, era incuestionable que la Marea no podía demorar más una solución. El penoso estado de la techumbre, el bochorno de haber suspendido un partido de Primera por los destrozos de un temporal, el riesgo que suponían las esporádicas caídas de cascotes y los desprendimientos de las placas de las cubiertas obligaban a una reacción. Falto de obras emblemáticas en el páramo de la gestión desde que llegó a la alcaldía, Xulio Ferreiro eligió el fútbol para acelerar una obra emblemática que inaugurar. Y lo haría en tiempo récord, para lucir antes de las municipales del 2019. Nada podía salir mal; pero salió. El estadio tenía que estar listo para la primera jornada, ya el 14 de agosto; pero los andamios seguirán instalados en la sexta, el próximo 24 de septiembre. El retraso no lo pudo paliar ni el insólito calendario del Deportivo, con sus tres primeros partidos lejos de Riazor. Desde hace semanas el gobierno local sabía y reconocía el incumplimiento de sus propios plazos. Pero ante el problema, llegó el silencio durante las últimas semanas. La táctica del avestruz, vicio del gobierno local de la Marea. En lugar de encarar la crisis, calló y aplazó las medidas. Intentó ocultar el problema a los miles de afectados. Ni un plan de reubicación, ni un aviso a los abonados, ni un mensaje a los cientos de aficionados asturianos que tenían previsto pasar el fin de semana en la ciudad. Hasta que la chapuza y el retraso se convirtió en noticia de portada. Entonces llegaron las falsedades desde el ayuntamiento: que si no hay retraso, que si no es para tanto, que si la culpa es del calendario... ¡Maldita hemeroteca! Un bochorno que se habría ahorrado con transparencia, humildad y la asunción de errores. Las fotos de la presentación de los proyectos no se repitieron esta semana. Desde María Pita salieron unas líneas sobre un folio en blanco, unas declaraciones de pasillo y un Forza Dépor. La techumbre del estadio terminará luciendo con el dinero de todos. Pero nos podíamos haber evitado este sainete.

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